La misteriosa desaparición de Claudio Romero

Después de su última y tempestuosa aparición pública, en la gala de premiación de Universidad Católica, nada se ha vuelto a saber del prometedor discóbolo chileno. Fuera de la lista de becados del COI y lejos del foso de lanzamiento, el rutilante deportista prepara hoy, con ayuda sicológica, su regreso a las pistas.


La última vez que se le vio en público, Claudio Romero (17) llevaba dos cóndores en la mano y posaba, con una sonrisa ancha, inmensa, bajo una lluvia de flashes. Era martes 19 de diciembre de 2017 en Santiago y el lanzador de disco chileno era la viva imagen del éxito. El rostro joven del triunfo.

No en vano, en el lapso transcurrido desde la inolvidable tarde del 15 de julio en Nairobi (Kenia) en que un lanzamiento de 64,33 metros le había permitido convertirse en el nuevo campeón juvenil del mundo, y hasta aquella última aparición suya en sociedad, el atleta había recibido todo tipo de reconocimientos. Y siempre con el mismo rictus jovial y despreocupado de quien se sabe, por esa mezcla aparentemente infalible de juventud y talento, dueño absoluto del futuro.

Pero la noche de aquel martes 19 de diciembre, que había comenzado con dos nuevos reconocimientos más, por la mañana (el cóndor al mejor atleta chileno y a la actuación relevante del año en la premiación del Círculo de Periodistas Deportivos) todo se desmoronó. En la gala organizada algunas horas más tarde por su club, Universidad Católica, en la que el lanzador volvió a ser distinguido como el mejor deportista del año, el destello fulgurante de los flashes simplemente lo cegó. Y sobrevino la oscuridad.

Al término de la ceremonia, en los estacionamientos de San Carlos de Apoquindo, el fornido deportista de 196 centímetros de estatura y 115 kilos de peso, protagonizó una confusa y descontrolada reyerta en la que se vieron inmersos varios trabajadores del club, incapaces de contener su furia. Según trascendió más tarde, un explosivo cóctel de fármacos para el dolor de cabeza y alcohol, fue el desencadenante de su violento comportamiento. Un escándalo con el que Romero cerró el año más exitoso de su incipiente y prometedora carrera, alumbrado todavía por las luces de Nairobi, pero empañado por las sombras de San Carlos. Y es que tras aquella desconcertante noche de ira, el atleta, una de las más firmes esperanzas de futuro del olimpismo chileno, sencillamente desapareció del mapa.

Han pasado exactamente tres meses desde el incidente y en la pista atlética del club precordillerano no hay rastro por ninguna parte de Claudio Romero. Las informaciones sobre su paradero y sobre su planificación deportiva, a escasos cuatro meses del arranque del Mundial de Atletismo Sub 18 de Tampere (Finlandia), su principal objetivo del año, son contradictorias y confusas. “No estoy muy al tanto de lo que ha pasado con él. Sé que no está entrenando, al menos con nosotros, en la Católica, pero no sabría decirte más. Está en un proceso para ir retornando, para volver, pero no sé tampoco en qué está ese proceso. Su entrenador debe saber mejor, pero en la pista de San Carlos no está entrenando, o al menos yo no lo he visto”. Son palabras de Jaime Wood, jefe técnico del Club Deportivo Universidad Católica, el equipo al que todavía sigue perteneciendo Romero.

Un equipo que rehusó en su momento realizar una declaración oficial con respecto al escándalo y que hoy, 90 días después, continúa amparándose en su hermetismo. “El club no se iba a referir sobre un incidente que había ocurrido después de terminado el acto oficial y que había ocurrido en los estacionamientos cuando el chico estaba acompañado de sus padres. El chico es menor de edad, y por tanto el club no puede estar opinando sobre lo que hace o deja de hacer. El club no habló ni va a hablar sobre el tema”, sentencian desde el área de comunicaciones de la institución deportiva, para después añadir: “El entrenamiento técnico de los lanzadores, además, empieza esta semana y el entrenamiento físico él lo ha estado haciendo en otro lado con su entrenador, pero eso no responde a ninguna decisión del club”.

El hombre al que todos señalan como la pieza clave para esclarecer el confuso presente deportivo de Claudio Romero no es otro que Eduardo Sotomayor, formador y técnico del talentoso discóbolo. Pero el DT tampoco parece poseer todas las respuestas al enigma: “Él no está entrenando en este momento. Está trabajando toda la parte del gimnasio, la parte de fuerza, pero no ha entrenado la parte técnica. Nosotros conversamos y esta semana nos vamos a reunir justamente para planificar bien cuáles van a ser los pasos a seguir y para definir bien todo con respecto al Mundial. Porque hoy día no tenemos una película tan clara”, explica el entrenador a La Tercera.

Y después prosigue: “De los factores por los que no ha estado entrenando, no te puedo comentar. Creo que las cosas van a tener un buen destino, pero hoy, todavía, es un poco prematuro. Justamente es algo que tiene que ver con su salud y otros factores porque, digamos, fue un año intenso el año pasado. Él compitió en todas las categorías. Participó en un campeonato juvenil siendo menor, después fue a un Mundial, después fue campeón Panamericano, después fue a los Bolivarianos, y eso le pasó la cuenta. Y luego tuvo algún inconveniente, por eso se ha pensado en bajar un poquito y ahora poco a poco vamos a ir retomando”.

El receso

“El de Claudio es un tema que lo están manejando a otro nivel, que lo está viendo el club a nivel de gerencia, a nivel administrativo. Yo, como entrenador de la rama, no estoy al tanto, no porque haya algo oculto, sino porque no estoy pendiente de lo que está ocurriendo con él”, insiste Jaime Wood. Pero para entender el origen del largo absentismo de Romero, sus 90 días en el limbo, es necesario remontarse al 19 de diciembre del pasado año, es decir, a su particular noche de furia.

Porque una vez consumado el escándalo, la UC, una institución con una larga y brillante tradición en la formación de deportistas, se puso manos a la obra. Contactó a la familia del atleta y en coordinación con la Federación de Atletismo acordó poner a disposición del lanzador todo un equipo multidisciplinar con el objetivo de reencauzar su carrera. El acuerdo alcanzado, que ya había dado buenos frutos en el pasado en otros casos análogos (como el del futbolista Gary Medel), contemplaba el sometimiento del deportista a un tratamiento sicológico que habría de ayudarle a controlar su temperamento y a sentar una bases sólidas sobre las que construir su carrera. Pero al regreso de sus vacaciones familiares en Centroamérica y tras asistir a una sola sesión, el campeón mundial y panamericano, con el beneplácito de sus padres, simplemente dejó de ir. De manera que, una vez abandonado el tratamiento, su retorno a las pistas también se congeló.

Durante su largo período de inactividad, el Comité Olímpico de Chile (COCh) hizo oficial la selecta lista de los 11 deportistas chilenos becados por el COI por su proyección con miras a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y los Panamericanos de Santiago 2023. El nombre del lanzador de disco, claro, no figuraba en la nómina. Y aunque Eduardo Sotomayor, técnico de Romero, tenga sus reparos a la hora de evaluar la decisión adoptada aludiendo, indirectamente, a su actual situación (”como no estaba entrenando de una manera constante y seria vinculado al club, por otros factores, digamos, creo que el Comité Olímpico ha decidido quizás esperar un tiempo”), Marco Antonio Verni, gerente técnico de lanzamientos de la Fedachi y encargado, en el caso de Romero, de realizar las postulaciones, explica así la decisión de no proponer el ingreso del discóbolo en dicho listado. “No lo postulamos básicamente porque él va a ser todavía un atleta juvenil para Tokio 2020 y nos parece que su proceso va más para 2024 o incluso 2028”, revela el ex lanzador. Y se muestra enfático a la hora de señalar que la determinación nada tiene que ver con el complejo momento deportivo que vive Romero pues las postulaciones, matiza, “se hicieron en el mes de noviembre”.

Sea como fuere, no deja de resultar llamativa la ausencia del joven atleta en la oncena de deportistas llamados a convertirse en el futuro de olimpismo chileno, especialmente considerando que el velerista Clemente Seguel y el arquero Ricardo Soto, por ejemplo, tienen apenas 18 años y no cuentan en su haber con un título mundial juvenil como el que sí ostenta Romero. “El año pasado demostró que es una persona que tiene el talento y las condiciones y que claramente bien conducido y con todo el apoyo podría llegar muy lejos. Por eso creo que ahora, en la medida que él se reincorpore, que retome toda la rutina normal que hicimos el año pasado para el Mundial y el Panamericano, todo se va a ir dando y va a ir fluyendo como debiera ser”, vaticina Sotomayor.

El regreso
Es sábado y en el complejo atlético de San Carlos de Apoquindo se está disputando el Campeonato Nacional de Velocidad, Saltos y Pruebas Combinadas. Un veterano empleado del recinto, el primero en detenerse a conversar con La Tercera, conoce personalmente -asegura- a los cerca de 70 atletas de la UC que están tomando parte en el certamen. Y también a los ausentes. Nada de lo que sucede en las inmediaciones de la pista de rekortán escapa de su ojo clínico. “Desde que pasó lo que pasó con Claudio, no ha vuelto. De acá no lo echaron, simplemente no volvió más, ni siquiera a darse una vuelta. Nada. No supimos nunca más de él. Y tampoco se habla. Dicen que está en tratamiento”, manifiesta.

Una tesis que corrobora Juan Pablo Germain, especialista del Club Deportivo Universidad Católica en la disciplina de los 100 metros vallas: “Le tengo cariño a Claudio y espero que se esté cuidando. Después de la pelea no volvió más; es una lástima, porque es un gran deportista para Chile. De verdad espero que haya aprendido la lección, porque en su momento a todos nos sorprendió lo que pasó”, asegura el deportista, en la misma línea que comparten la mayoría de los jóvenes atletas presentes en la precordillera.

Atletas que no cesan de preguntarse qué ha pasado con la perla chilena del lanzamiento de disco, con el diamante en bruto que hace apenas tres meses sonreía abiertamente a las cámaras con dos cóndores en la mano. “Dicen que lo echaron, está desaparecido”, confiesa uno uno de los competidores. “Hace mucho tiempo que no sé de él; hay hartos mitos sobre Claudio Romero”, refrenda su compañero.

Mitos y leyendas que el propio discóbolo podrá comenzar a despejar esta misma semana, la fecha prevista, en un principio y una vez retomado el tratamiento sicológico prescrito por el club, para su ansiado regreso al foso de lanzamientos de San Carlos. “No hay ni hubo ninguna sanción en contra de Claudio Romero, jamás ha sido marginado; al contrario, desde un comienzo siempre se dijo que se le iba a apoyar. Lo único que podemos afirmar es que no es efectivo que el club haya tomado alguna represalia o medida disciplinaria en contra del deportista”, culminan desde el área de comunicaciones de la institución.

Una institución que volverá a contar al fin, tras tres meses de receso, aislamiento y ostracismo, con su deportista más promisorio. El gigante de 17 años que se colgó en el Mundial Juvenil de Kenia la presea de oro; que se proclamó, una semana más tarde, campeón sudamericano en Lima; que fue Héroe del Deporte 2017 y medalla de bronce en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta; y que ostenta, con una marca de 67,05 metros, el récord chileno y sudamericano en categorías menores de lanzamiento de disco. La promesa que descendió al averno para medirse a sus fantasmas y al que hoy, 90 días más tarde, se le espera para volver a adueñarse del futuro. La Tercera intentó contactarse con el atleta y su familia tanto presencial como telefónicamente durante toda la semana, pero no obtuvo respuesta.

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