La mochila que se quedó en Medellín

El pitazo final desató la fiesta de Colo Colo en el Atanasio Girardot. Carnaval en el camarín, cena en el hotel y vuelo de madrugada. El rito para dejar atrás 11 años de frustraciones.


Pablo Guede, a horas de iniciar su nefasta campaña en la Copa Libertadores 2018, habló de la “mochila”. Héctor Tapia, el día previo al triunfo sobre Bolívar, ocupó el mismo concepto: “Mochila”. Así se bautizó en Colo Colo a la carga de 11 años sin pasar una ronda en Copa Libertadores. Un largo período de frustración que se cortó el jueves, en Medellín, ante Atlético Nacional.

Ese peso ya quedó atrás. Se quedó en Colombia, en el Atanasio Girardot, donde Augusto Orión quedó furioso por no poder participar de la celebración en el camarín. Junto a sus compañeros se dirigía alborozado a vestidores, cuando le avisaron que debía ir al control de dopaje, junto con Valdivia. Y no fue corta la espera antes de orinar.

A metros de la sala de toma de muestras, el resto de los jugadores del Cacique desataba su alegría en el camarín. Cantos, fotos, selfies… con el uniforme empapado de sudor o a torso desnudo. El rito era necesario, una especie de exorcismo de jornadas tristes, como la del Colo Colo-Palmeiras en 2009 (gol de Cleiton Xavier, a los 86’), el Colo Colo-Cerro Porteño de 2011 (los paraguayos dieron vuelta un 2-0 sobre el final) o el Colo Colo-Botafogo de 2017 (cuando los brasileños empataron en el segundo tiempo y clasificaron a la fase grupos). Recuerdos negros, que pasan a segundo plano con el cuadro popular instalado en los octavos de final.

La agenda en Medellín, sin embargo, obligaba una celebración express. Había que llegar rápido al hotel (ni siquiera hubo tiempo para esperar a Valdivia y Orión), a una cena corta, pero emotiva. Un brindis tranquilo, sonrisas, una que otra broma y la orden de dormir, porque el vuelo de vuelta a Santiago despegaba a las 5 de la mañana de Colombia.

También entre los dirigentes hubo un ambiente bastante armónico y de bastante camaradería. Tanto Gabriel Ruiz Tagle como Aníbal Mosa dejaron sus diferencias de lado para unirse a las celebraciones. De hecho, una buena parte del grupo agradeció al ex timonel y lo integraron en todo momento a los festejos. “El éxito son los jugadores y el cuerpo técnico. Pero también ayuda la unidad. Hemos hecho un gran esfuerzo por eliminar conflictos anteriores”, comentó Ruiz Tagle.

Ya en Pudahuel, un centenar de hinchas esperaba al Cacique para brindarle su reconocimiento por la clasificación. Por momentos, la seguridad se desbordó ante el asedio. Pero en el plantel nada importó e, incluso, Esteban Paredes no resistió la tentación y se puso a cantar, como un barrista más, con los hinchas que lo abordaban en el aeropuerto.

Luego, el reencuentro con las familias y a pensar en el partido del lunes frente a Unión La Calera, en el Monumental, el encuentro que cierra la primera parte del año para los albos.

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