La nueva música de Huachipato

Autor: Carlos Campos

Foto: Esteban Paredes.

Es paraguayo, tiene 19 años, vive en una pensión y ha suplido a Soteldo como animador del camarín acerero. Sergio Bareiro marcó el domingo, en La Florida, su primer gol como profesional.


“Los momentos buenos hay que fabricarlos, porque lo malo llega de por si”. Palabras del paraguayo Sergio Bareiro, que en semanas pasó casi del anonimato en Talcahuano a transformarse en un futuro gran proyecto de Huachipato. El domingo y, con sólo 19 años, marcó su primer gol en el profesionalismo ante Audax Italiano, tras una emergente carrera llena de esfuerzo y sacrificio. El hincha ya lo reconoce. Bareiro posa con ellos para las fotos en el estadio y hasta firma camisetas antes de aceptar el diálogo con La Tercera. Es de risa fácil, sencillo y amable.

Llegó el 28 de agosto de 2017 a Chile y no como refuerzo bombástico, sino que como una apuesta. Un día que recuerda de memoria. Semanas después, por los pasillos del estadio Cap Acero, ya se hablaba de un paraguayo que desde las series juveniles pedía minutos. Y no tardó mucho en llegar al primer equipo, pese a que bien pudo, hace cuatro años, dejar de lado el fútbol. “Iba en el bus camino a un entrenamiento cuando bajando, pisé una botella de vidrio que explotó en mi pie. Me lo corté completo”, recuerda el delantero, que está feliz en Talcahuano. Y lleno de sueños. “Siento una emoción única por haber marcado mi primer gol profesional, además, fuera de mi país”, comenta el atacante.

Debutó el 15 de octubre del año pasado ante U. de Concepción y pese a jugar sólo siete minutos, ése ya era un premio. Había llegado sólo dos meses antes, en principio, a las series menores. Pero pasó de ser el cuarto delantero a jugar de titular en la primera fecha de este torneo, peleando palmo a palmo un lugar con el mundialista panameño, Gabriel Torres, o compartiendo ataque con él. “No me guiaba por haber llegado como juvenil. Sólo pretendía demostrar lo que soy y todo lo que puedo hacer. La idea era ganarme un puesto y gracias a Dios se me dio”, afirma con orgullo.

Tiene como referente al argentino Lucas Alario, aunque es hincha de Cerro Porteño. Bareiro vive en una pensión a pasos del estadio junto al boliviano John García, otra futura apuesta del club, con quien disfruta jugando videojuegos de guerra. Está solo en Chile, aunque extraña a alguien. “Mi pensión queda a siete minutos del estadio. Todos los días me escribo con mi familia a la distancia. Cuesta mucho estar lejos de ellos, pero papá siempre me decía: ‘esto es fútbol y algún dia te tocará salir del país’”. Y añade: “Acá compartí antes con Jorge Ortega, él era más que un compañero en el club, sino que casi mi papá y un entrenador. Me hablaba mucho y enseñaba cómo pararme en la cancha”.

El delantero de 19 años, que nació en Club Mariscal Estigarribia y General Díaz, tiene personalidad y la trasladó al camarín. “Se fue Yeferson Soteldo y ahora la música la pongo yo. La salsa a lo pelotero se escucha siempre ahí, me gusta bailar. Futbolísticamente, además, me siento muy bien. Salgo muy tranquilo a jugar porque el apoyo y respaldo del profe es tremendo. Como siempre me dice él, ‘nunca hay que conformarse’”.

Creció en Asunción, pero partió a Luque junto a sus hermanos. Son tres en total, más sus padres. Está lejos, por ahora, de nublarse con futuras ofertas si prolonga su explosiva carrera. “Estoy muy cómodo acá. Mi meta es seguir creciendo como jugador, siempre dando lo mejor de mí para seguir creciendo. El sueño más grande que tengo es jugar en la selección de Paraguay”, señala.

Maduro para su edad y enfocado, Bareiro disfruta todavía por el tanto marcado ante Audax Italiano. Quiere que sea el primero de muchos. “El fútbol chileno me dejó gratamente sorprendido, porque en Paraguay es casi sólo juego aéreo”, comenta. Y cierra con una lección que parece haber aprendido en su juventud tras el accidente: “Cuando me corté el pie, lloraba bastante y lo pasé muy mal. Por lo mismo uno debe dar siempre lo mejor de sí; nunca sabes lo que te puede pasar mañana”.

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