La pistola paraliza la pelota

La liga griega se suspende de forma indefinida tras el último episodio de violencia.


El tipo que saltó a la cancha a reclamar al árbitro con una pistola al cinto, Ivan Savvidis, el presidente del PAOK de Salónica, es buscado por la policía. Una orden de detención circula por las comisarías griegas. Y el incidente se ha llevado por delante la liga griega, suspendida desde ayer por tiempo indefinido escandalizada por la violencia emergente.

Pero lo ocurrido en el clásico de Salónica no es un suceso aislado. La pelota se ha manchado de violencia con episodios a cual más brutal o esperpéntico. El mismo domingo, en el estadio del Lille francés (el equipo que dirigía Marcelo Bielsa), ante Montpellier, se vivió una virulenta invasión de campo al final del encuentro. Una centena de ultras saltaron al campo con intención de encarar y agredir a los jugadores locales, que empataron. Parecía una guerra. Los hinchas acorralaron a los futbolistas del Lille, quienes a duras penas y, algunos derechamente violentados, corrieron con temor al camarín. Un ejército policial los protegió.

Tercera escena.También en la civilizada Europa. West Ham juega de local frente al Burnley. Al minuto 60’ la visita abre la cuenta. Un hincha entra corriendo a la cancha y se dirige a Mark Noble, capitán de los Hummers, quien lo intercepta y lo reduce. El partido se reanuda y la visita aumenta la diferencia. Nuevos hinchas, cerca de una veintena, invaden la cancha y encaran a los jugadores. El caos se traslada a las tribunas y el público increpa duramente a los directivos, quienes se ven la obligación de dejar el estadio con escolta policial. Una vergüenza.

Hace dos semanas, fue Bilbao quien soportó la barbarie. Duros enfrentamientos entre los ultras del Athletic y el Spartak de Moscú terminaron con un policía muerto que sufrió un infarto al explotarle una bengala a su lado.

Más cerca, en Argentina, la semana pasada, hinchas de Ferro ingresaron a la práctica para presionar a los jugadores. Y los dirigentes del club le bajaron el perfil: “Si se extralimitaron, fue verbalmente. No hubo otra cosa’’. Algo similar, en el episodio y en la timidez de la reacción, a lo ocurrido el jueves pasado en la cancha de entrenamiento de Santiago Wanderers. Barristas verdes invadieron la práctica de Nicolás Córdova para pedir explicaciones y presionar. El mismo día, la sede del club apareció con la siguiente frase: “Se van o se mueren hijos de puta”.

La respuesta fue tibia por parte de la dirigencia wanderina y la ANFP. El Sifup llamó a proteger a los jugadores y pidió a los directivos investigar y asumir responsabilidades. Nada por ahora. En Europa, la preocupación es evidente. La UEFA intentará dejar caer todo su peso por los hechos ocurridos. Según el diario AS, el ente europeo convocó para mañana una reunión de emergencia para pedirle informes e investigaciones a las federaciones involucradas. Se visualizan sanciones durísimas y ejemplares que buscarán erradicar de raíz estas brutales acciones que manchan al deporte.

La pistola se ha tomado la pelota.

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