La segunda gesta de Casale

El piloto repite título en quads tras su victoria en 2014. Es el único chileno ganador del clásico del todoterreno. Lideró la tabla desde el principio. Ganó cinco etapas, también la última, y sacó más de hora y media al siguiente.


La emoción le invadía el rostro y su equipo lo recibía de brazos abiertos. Tras finalizar la etapa 14 del Dakar 2018, Ignacio Casale era felicitado por todos. Conversaba con los demás pilotos y era alabado por la prensa. No era para menos. El Perro, a sus 30 años, se quedaba con su segundo título en los quads de una de las competencias motor más duras y largas que hay. Una modalidad que sumó 49 participantes (en motos, por ejemplo, 139, y en autos, 92). Perú, Bolivia y Argentina presenciaron la gesta del único chileno que ha sido capaz de liderar hasta el final en un rally de este tipo. En 2014 también lo consiguió.

“Es lo mejor que me ha pasado en la vida”, describía Casale tras bajarse de su cuatriciclo. “Llegué muy bien preparado, con mucho entrenamiento. Fue el mejor Dakar de mi carrera deportiva”, agregó visiblemente contento por seguir metiéndose en la historia del deporte chileno.

Una vez que se sacó el casco, le dio un beso a María Jesús, su esposa, que jugó un rol importante en el logro. Ella, psicóloga de profesión, le ayudó a manejar la ansiedad y a cambiar su estrategia, la que lo llevó a encabezar el podio. En segundo lugar quedó el argentino Nicolás Cavigliasso, que debutaba en el Dakar y con quien compartió una distendida conversación tras la carrera. Tercero fue su compatriota Jeremías González.

“Soy otro después de 2014, más maduro y menos ansioso. Eso me permitió ganar este año”, afirmó el Perro.

Montado en su quad Yamaha, Casale ganó las tres primeras etapas , suficiente para lograr una ventaja que no pudo ser igualada. Al final, el chileno logró distanciarse de Cavigliasso por una hora, 38 minutos y 52 segundos. Líder desde la primera etapa a la última.

Durante las jornadas más intensas se dedicó a administrar el tiempo y, para que no quedaran dudas, ganó la última de las 12 rutas de 14 que disputaron los cuadriciclos (una se suspendió por malas condiciones meteorológicas, saltándose el camino que unía Tupiza, última ciudad boliviana, con Salta, la primera de Argentina). Sobre el final de la competencia, los pilotos de motos y quads decidieron no correr la etapa 12, lo que acercó aún más al chileno al objetivo que se había impuesto apenas pisó suelo peruano, al inicio del Dakar.

Casale estuvo acompañado por Francisco, su padre y de quien heredó su pasión por la velocidad, y Áxel, uno de sus mecánicos. A ellos se sumó el resto de la familia, que viajaron el último fin de semana de competencia para acompañar los kilómetros que le faltaban y verlo cruzar la meta con el triunfo asegurado. Tras recibir su premio en el podio, fue a cenar con su grupo cercano, compuesto por 10 personas, a un restaurante de Córdoba.

Sus guantes, como se hizo costumbre en instancias decisivas, tenían los cuadrados blanco y negro típicos de una bandera que indica la línea de llegada. Además, la infaltable bandera chilena, pues Casale también es un compatriota orgulloso que dedicó su triunfo a sus paisanos en general. Incluso pidió que el Dakar vuelva a territorio nacional, que se reincorpore a la edición 2019.

“Ojalá podamos tenerlo de vuelta en Chile. Nunca debió haberse ido”, dijo. Y se aventuró a casi asegurar que la carrera pasará otra vez por el desierto en el norte: “Vamos a competir el otro año, seguramente, en la duna chilena, en tierras nacionales. Prepárense que se viene bueno”.

El logro de Casale, que tiene prevista su vuelta a Chile hoy por la noche, no es menor. Es el único piloto de quads que se ha mantenido en el primer lugar de la tabla general de principio a fin. Pese a que ganó sólo cinco etapas, nunca bajó más del cuarto puesto, por lo que su victoria se hace indiscutida y los números así lo confirman. El Perro ladró fuerte otra vez, escribiendo su historia en el desierto del Dakar.

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