Las águilas olímpicas

El salto de esquí es una de las pruebas más antiguas y llamativas de los Juegos Olímpicos de Invierno. Los competidores son pocos y de selectos países. En Chile nunca ha habido infraestructura, tampoco exponentes. La Federación no tiene el presupuesto y los centros de esquí dicen que no hay incentivo alguno.


Era el único británico que practicaba el salto de esquí, por cierto, fue el primero en participar por la disciplina en unos juegos olímpicos. Es el mejor de la historia de su país y también el único.No contaba con las condiciones económicas. En Inglaterra no había infraestructura alguna para practicarlo. Tenía el sueño de ser olímpico y lo persiguió con más entusiasmo que talento. Dejó su trabajo de enyesador y fue con garras a buscar su atesorado anhelo. Michael The Eagle Edwards lo cumplió. Con sus característicos lentes “poto de botella” se lanzó a máxima velocidad, rampla abajo y voló como un águila en los Juegos Olímpicos de Calgary 1988. ¿Su resultado? Último por bastante, pero aún se recuerda su aventura. Fue una de las fíguras mediáticas de aquella ocasión y dejó la enseñanza de perseguir lo imposible.

Su osadía fue tal, que terminó retratada en una película titulada Eddie el Águila, realizada por el director bítanico Dexter Fletcher, donde Edwards es interpretado por Taron Egerton.

En Chile, el salto de esquí no existe. No hay canchas y no se registran exponentes. Para que un deportista nacional llegue a participar en los Juegos Olímpicos, en la prueba de salto, tendría que tener la valentía y rareza que dejó Edwards.Algo que bordea lo ficticio. La verdad, es prácticamente imposible. Aunque quizás, nada es imposible.

La profesionalización actual de esta disciplina, la compleja tecnología y la “regla del águila” (fue creada luego de la participación de Edwards y exige cumplir con marcas mínimas para clasificar) hacen que las posibilidades sean casi nulas.

“Yo no sé de ningún chileno que lo practique o lo haya practicado”, sostiene Thomas Grob, el chileno con mejor marca olímpica invernal, al culminar 11º en la prueba combinada de esquí alpino en Nagano 98.

En Chile la mayoría de los centros de esquí son privados. Solo existe uno que es estatal: Lagunillas, manejado por la Federación y dependiente absolutamente del aporte estatal. Ni en centros privados ni en Lagunillas existe infraestructura alguna para practicar el salto.

“Si quisiéramos como federación desarrollar este tipo de disciplina, tendríamos que nosotros correr con los gastos de armar esta implementación. Y eso escapa totalmente del presupuesto. Es imposible”, cuenta Marion Barra, gerente de la Federación Nacional Deportiva de Ski y Snowboard de Chile. Desde la Federación. “No tenemos esa capacidad adquisitiva. Dependemos mucho de los centros de esquí”, agrega.

La construcción de las ramplas de salto tendría que incentivar económicamente a los centros privados. Algo complicado, ya que esta prueba carece de masividad hasta en los países donde más se practica.

“Es una disciplina bastante particular, que solo se practica competitivamente y por muy pocos. No hay incentivos para hacer las pistas. Que yo sepa, nadie en Chile ha pensado en realizar una infraestructura así. No tiene ningún incentivo racional y económico para que exista”, explica Grob, actual presidente de la Asociación de Centros de Ski de Chile y gerente general de La Parva.

Esta modalidad consiste en descender a través de una espigada rampla, a máxima velocidad, y luego saltar lo más lejos posible. Justamente, el momento del despegue es clave. Acá se debe tener un timming quirúrgico. Cuando el deportista va volando por los aires, debe inclinar su cuerpo hacia los esquíes, esto se debe a un factor físico, ya que así alcanzará un mejor planeo y, por tanto, una mayor distancia.

Es una de las pruebas más antiguas y llamativas de los Juegos Olímpicos de Invierno. Se remonta a 1924. El salto tiene su origen, como casi todos los deportes de invierno, en algunos de los paises de Europa con mayor tradición en deportes de montaña, como Polonia, Noruega, Eslovenia, Austria y Finlandia, entre otros.

En los Juegos de Pyeonchang 2018 se repartirán cuatro medallas de oro en esta variedad: salto en rampla, que tiene un recorrido de 90 metros, otra de 120 metros y por equipos, todas en categoría masculina. A nivel fememino solamente habrá una: la rampla con recorrido de 90 metros. Los últimos medallistas dorados (2014) se reparten entre Polonia y Alemania, con dos preseas para cada uno.

Las clasificatorias comienzan la madrugada del 8 de febrero, un día antes de la ceremonia inagural, debido un asunto de logística.

No contará con la precencia de un Michael Edwards. Menos de un deportista nacional. Pero, como siempre, será vistoso.

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