Las medallas que más llora el maratón

En la edición de este año del Maratón de Santiago, miles de personas corrieron sin inscripción y una multitud de preseas del certamen fueron robadas. Son los dos mayores problemas del evento, tras el cual algunos, incluso, vendieron los premios sustraídos.

Una medalla del Maratón de Santiago, símbolo de un triunfo de la mente sobre la exigencia al cuerpo en una carrera de 10, 21 ó 42 kilómetros, no debería tener precio por lo que significa. Pero no pensaron lo mismo algunos que, tras la edición de este año, salieron a venderlas en las cercanías de La Moneda o en el metro. En ese día, esos vendedores callejeros encarnaron un síntoma de los principales problemas que manchan el evento: los infiltrados y el robo de medallas.

En la calle, el comediante Rodrigo ‘Guatón’ Salinas fue un legítimo participante y presentó un digno homenaje “a los guatones de Chile” con su medalla. Pero también contribuyó para otra faceta del lío. Tras correr los 10k, el actor retiró una caja de medallas y otra de frutas y las distribuyó al público. En lo que él vio como una ayuda a quienes no habían recibido el premio, mezclada con humor y el espíritu del evento, en la organización de la cita consideraron que el acto contribuyó a que competidores se quedaran sin el debido premio a su esfuerzo.

“Estaba haciendo su personaje, una humorada. No creo que lo hizo con mala intención, pero estaba entregando medallas indiscriminadamente y no midió las consecuencias que podría provocar”, planteó Francisca Aguirre, directora ejecutiva de la competencia.

“Cuando nos íbamos (el humorista y el personal que lo grabó en la competencia), había gente que no recibió medallas y me pidieron que los ayudara. Pedí a un carabinero que me acompañara, fui donde estaban los premios, saqué una caja de medalla y otra de frutas y las distribuí. Estábamos grabando y fue algo espontáneo. Más bien quise tratar de solucionar un problema, pero fue un acto que no medí en su momento”, dice Salinas, quien concluye: “Estaba en estado de euforia. Pensándolo bien ahora, no lo haría de nuevo”.

No obstante, el caso de Guatón Salinas es solamente un ejemplo menor de una cuestión que se refleja en grandes cifras. Según estima la organización del Maratón de Santiago, se encargaron alrededor de tres mil medallas extras, por si se presentaban inconvenientes. Lo cual no quitó que fuera un gran problema el robo de unas tres mil preseas, en un contexto en que se estima en cinco mil el número de personas que participaron sin inscribirse.

En la Plaza de la Constitución, el corazón de la competencia de atletismo más multitudinaria del país, quienes llegaron a la meta fueron recibidos por repartidores con un arsenal de medallas. A cada competidor que aparecía, un encargado tachaba su número y le cedía una presea.

Pero la civilidad de la ocasión duró hasta que surgieron los primeros corredores no inscritos, quienes se inmiscuyeron en el local y arrebataron metales, rasguñando y agrediendo a distribuidores. En medio del desorden, guardias del evento debieron separar a los cerca de 15 funcionarios de los intrusos que se les abalanzaban.

“Vine de Argentina a correr los 21k, completé el recorrido y no tuve medalla. No había más”, manifestó un participante en el Facebook del evento, entre otras personas que no escondieron su frustración al volver a casa sin el reconocimiento.

Y el competidor que viajó desde ese país hasta la capital ciertamente no fue quien pasó por más trámites y complicaciones para concluir la carrera y volver a su tierra con las manos vacías. Según el catastro de los organizadores, 802 participantes de Chile y otros 13 países en la carrera de 10 kilómetros fueron afectados por el robo, entre los cuales se registran destinos tan lejanos como India, Finlandia e Irlanda del Norte. Participantes de casi toda Sudamérica (excepto representantes de Guayana Francesa, Suriname y Guyana) están en la lista, en la cual se contaron a 113 brasileños. Por su parte, las otras miles de medallas sustraídas eran de reserva, por lo que su robo supuso un dolor de cabeza sólo para el equipo que produce el evento.

Los coordinadores de la competencia sostienen que todos los afectados ya recibieron sus medallas. Pero Aguirre es enfática en decir que “las personas sin inscripción son el mayor problema. En los principales maratones del mundo, eso no se da”.

Según la gestora, esto ocurre en Santiago porque las competencias más tradicionales “llevan más años y la educación en torno a ellos es otra. Además, la ciudad y los servicios se vuelcan más hacia el evento”.

“Y si bien Carabineros colaboran en la seguridad, principalmente en el recorrido y los cortes de calle, en todo lo que son los servicios del evento tenemos guardias privados y quienes atienden son estudiantes”, detalla la directora ejecutiva del maratón, quien también traza una autocrítica.

A su ver, hay aspectos clave a mejorar en la propia organización del evento. “Todos los años el procedimiento de entrega de medallas ha sido el mismo, pero este año incurrieron muchos más en la falta. No podemos evitar que gente corra por los circuitos, pero debemos ser más rigurosos en las áreas de hidratación y en la meta, para que sólo se permita acceso a personas con número y registro. Y buscaremos educar a la gente, para que se inscriban con tiempo y colaboren para proteger la fiesta”, explica. En ese sentido, además, se plantean cambiar el método de entrega de premios por uno con un prepicado en el número. Así, quien reciba la medalla tendrá su número cortado para certificar la entrega.

Así, en el futuro no habría espacio para hacer lo que hizo el Guatón Salinas ni para ver personas vendiendo medallas en la calle, ya que lo más probable es que un legítimo y esforzado competidor no ponga un precio al símbolo de su logro.

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