Los otros ojos de Beñat

Flores (de lentes), ayudante de Beñat, junto a un asistente, el sábado pasado en San Carlos. Foto: Roberto Gálvez

Desde su época en Bolívar, San José suele trabajar durante los partidos con al menos un asistente mirando los partidos desde las tribunas para luego intercambiar opiniones.


Sábado. Son las 20:32 horas y la pelota comienza a rodar en San Carlos de Apoquindo. Juegan Universidad Católica y Unión La Calera. Beñat San José, quien estará de pie durante todo el encuentro, aplaude y termina de aleonar a los suyos. A su lado lo escolta Patricio Ormazábal, recordado exjugador cruzado a quien conoció hace menos de dos meses y hoy por hoy, uno de sus dos ayudantes técnicos. El otro no está. No en la banca, al menos.

Walter Flores, el exjugador boliviano que llegó a la precordillera como asistente del español antes de que la UC le recomendara trabajar con Ormazábal, también dice presente, pero observa todo desde lo alto. Apostado en una caseta del estadio universitario en el sector preferencial, el exvolante se apresta para analizar paso a paso todo lo que ocurra con una visual diferente. Es otra óptica, intentando detectar lo que Beñat no. El hispano confía ciegamente en él. Lo respeta y lo considera uno de sus colaboradores más cercanos. Por eso le ofreció llegar con él a Chile.

Al boliviano, eso sí, le falta algo importante. Sus gafas no están consigo. Una mujer se las alcanza desde la tribuna con el partido ya jugándose. Ahora sí está todo en orden. No queda más que observar, tomar apuntes y luego comunicárselos en el vestuario a su jefe San José.

Tanto Flores como Mauro Machado (brasileño), preparador de arqueros, llegaron con el entrenador hispano a la precordillera. Los dos venían trabajando con él en La Paz, donde se conocieron. Y desde ahí, de hecho, acostumbran usar esta metodología de trabajo, la que ahora replican al mando de la Católica.

“Es una idea que tenemos. Con Machado llevo tiempo trabajando y estamos acostumbrados a que él vea desde arriba al arquero y éste también tenga una referencia visual. Así es nuestra forma de trabajar. Con Walter también. Para nosotros es importante que uno de los dos asistentes (Flores y Ormazábal) también esté viendo todo desde arriba. Después nos juntamos en el descanso y él tiene la opinión desde una perspectiva más de arriba, más de vista de pájaro y nosotros de cerca. Más allá de que vengan todas las resoluciones, seguiremos con esa forma de trabajar. Es algo que tenemos como estrategia, que a ellos les acomoda, sobre todo en el caso de Walter. Preciso y me gusta trabajar con un asistente cerca de mí y otro arriba, porque luego nos juntamos y damos perspectivas”, explica.

Justamente, el sábado pasado en San Carlos, dos minutos antes de que culminara el primer tiempo, el boliviano abandonó su puesto en altura y bajó al camarín para esperar a San José, intercambiar análisis y no perder tiempo. Todo junto a su libreta de apuntes. “Se arma una especie de simposio breve donde todos intercambian opiniones y luego hablan con el plantel”, cuentan en San Carlos.

Y quizás así Flores vio que Católica era poco profunda, que había que invertir el dibujo en el mediocampo porque los cementeros repelían todos los embates. La UC, coincidencia o no, cambió y logró el triunfo. Flores celebró efusivamente el tanto de Buonanotte. Lejos, eso sí. Casi en soledad, si no es por un asistente que siempre graba los partidos, esta vez a su lado, para su análisis.

Los últimos 45’ los vivió con los ojos clavados en la cancha y sólo los desviaba para, de tanto en tanto, escribir en su libreta. Apenas unas cuantas palabras para el asistente apostado a su lado. Así llegó el final del partido y Flores, quien actúa como los otros ojos de Beñat, se fue feliz.

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