Juan Cristóbal Guarello

Juan Cristóbal Guarello

Periodista y panelista de El Deportivo.

Foto: Photosport.

En algún momento, en la áspera conferencia de prensa tras igualar 1-1 con San Luis en Quillota, un reportero le deslizó a Beñat San José el adjetivo “ominoso” para describir el fútbol de Universidad Católica. El entrenador español, al tanto del significado es esta inusual palabra, reaccionó con cabreo y su respuesta fue dura.

En el microcosmos de las declaraciones al paso, las zonas mixtas y las conferencias de prensa post partido, si hay algo que no abunda son las exquisiteces lingüísticas. Salir del “trabajo de la semana”, “no se nos dieron las cosas”, “el grupo está bien” y otras frases multiuso, es casi una hazaña. Se podría decir que se ha creado una jerga de entrenadores, futbolistas y periodistas. Una especie de slang sin contenido, donde una decena de frases giran en el tiovivo. El comediante argentino Mike Chouny, buen observador del fenómeno, creó por lo mismo el entrañable personaje Juan Cassette, un muchacho que describe cada situación de la vida cotidiana como un futbolista saliendo de la cancha.

Entonces, un día, ominoso… Y fue una dura patada en las canillas. En castellano, diccionario en línea de la RAE, se define como “abominable o despreciable”. Su origen etimológico, y aquí me cargo en el clásico diccionario de José Corominas, es del latín ominosus: cargado de malos presagios.

Vamos, lo de la opacidad de esta Universidad Católica ha sido algo bien discutido. Es decir, nadie puede decir que juega lindo, que llena el paladar de los líricos y que en la cancha despliegue un ballet de juego asociado, toques, rotaciones, paredes y pelotas al vacío. Pero tampoco cae en la categoría de abominable o despreciable. Tampoco, a esta altura, podría coincidir con su raíz etimológica y pensar que la UC está cargada de malos presagios. Al contrario, tomando en cuenta el nivel medio del campeonato chileno y de los equipos que están siendo protagonistas, si lo de Católica es abominable, no se me ocurre una definición que pueda aplicarse a los que están abajo en la tabla.

Es decir, qué palabra culta puede definir el fútbol de la Universidad de Concepción con precisión. ¿Ripioso? ¿escabroso? ¿aspérrimo? No faltan las alternativas. Colo Colo es otro tema con su péndulo de rendimiento. Podría ser sinuoso, inefable, galimatías. La U también tiene sus posibilidades: bufo, operático, herrumbroso.

El filósofo austríaco Ludwing Wittgenstein dice que “un emisor puede expresar una proposición que en realidad para él no tiene significación plena, porque simplemente está repitiéndola; sin embargo, para el receptor, mediante la auto-apropiación y la verificación, puede llegar al nivel de la significación plena”.

Ese reportero, cuyo nombre no retuve, le tiró una palabra contundente al Beñat San José y sin saber, tal vez, el profundo significado de ella. Y el entrenador de Católica, al auto-apropiársela, dio un respingo y no sólo le pidió respeto, sino que también “cuidara sus palabras”. No todas en verdad, sólo una, ésa, demasiado dolorosa para decirla en un camarín.

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