Fernando Solabarrieta

Fernando Solabarrieta

Periodista y panelista de El Deportivo.


Después de 16 años el fútbol chileno volverá a tener un campeonato de verdad. Se acabaron los torneitos de 15 fechas, las mediocres competencias con playoffs que tenían como monarcas a cuadros que sólo jugaban bien las llaves decisivas y dormían durante la fase regular. Fin a certámenes que, en algunos casos, obligaban a mirar varias tablas. Sí, en un absurdo más de nuestra historia, había que observar la posición del momento, la de la acumulada, la del descenso y alguna otra que ya ni me acuerdo. Un desastre.

Así y todo hubo varios que defendieron este sistema. Era más competitivo, decían. Más equipos tienen chance, agregaban. Como si buscar la mediocridad, nivelando hacia abajo, fuera una buena idea. Esta nefasta iniciativa llegó a su término. Pero cuidado, porque dejó enormes huellas. No positivas, por supuesto. Las marcas que quedaron de este engendro fueron profundamente dañinas y costará borrarlas.

Por de pronto, habrá que decirles a los “teóricos de la mediocridad” que esta célebre idea destruyó el torneo chileno al punto de que hoy oficialmente para la Federación de Estadísticas y por ende, para el fútbol mundial, es el 65 del mundo y sólo supera a Venezuela dentro de las competencias sudamericanas. Una vergüenza que no sólo es numérica, también futbolística. No es casualidad que los equipos de nuestro país no sean capaces de pasar la primera fase de los torneos donde compiten. Tiene relación con el mediocre y corto campeonato donde jugaban para clasificar.

Durante esta nefasta era, sólo la Universidad de Chile de Sampaoli pudo levantar un título y el Colo Colo de Borghi arrimarse a una final. Nada más. A diferencia de la década de los 90 cuando con torneos largos se repitieron una y otra vez grandes campañas de los cuadros nacionales.

Este fin de semana quedará en la historia del fútbol chileno como el del regreso a la cordura, el restablecimiento de la razón. Una vuelta a la búsqueda de la competencia real que es la única vía para buscar la grandeza. Después habrá que perfeccionar otras cosas, claro, intentando la corrección total. Una de ellas tendrá que ver con la verdadera finalidad de las sociedades anónimas que no han sido ningún aporte y sólo han llegado a administrar la mediocridad, olvidándose de la gestión. Coincide su llegada con la misma época. Pero ese es otro tema. Este viernes vuelven los campeonatos largos y ese es un primer gran paso. Porque para soñar con cosas grandes, hay que tener muy clara la realidad. Chile por años la escondió. Ya era tiempo de afrontarla.

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