Positivos por vanidad

Autor: Ignacio Leal

Photosport/Archivo

El uso de quemadores de grasa en los futbolistas nacionales parece ser algo común. Conocidos son los casos de Arturo Sanhueza y Paulo Garcés, los dos que fueron detectados con muestras adversas por, según se defienden, su consumo. ¿Realmente los necesitan?


A sus 33 años, Paulo Garcés vive el momento más crudo de su carrera. En un control antidopaje realizado el 18 de marzo pasado, el arquero presentó rastros de dimetilbutilamina, una sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje y que, en resumen, incrementa la actividad neuromotora y eleva el rendimiento deportivo, evitando la fatiga. El golero se defiende acusando que el compuesto lo tomó a través de un quemador de grasas, de nombre comercial Hydroxycut, que en su rotulación no señala contar con nada que esté prohibido. Tres meses antes, Arturo Sanhueza arrojó positivo por dimetilpentilamina, otro controvertido químico que el ex capitán de Colo Colo dijo haber ingerido a través del mismo producto.

Parece extraño que deportistas profesionales consuman suplementos alimenticios para perder grasa. Suponiendo el nivel de exigencia al que se somete un futbolista diariamente, la pregunta más obvia es para qué hacerlo. ¿Vanidad? ¿Mantener un peso corporal exigido? ¿Ventaja deportiva? Cualquiera que sea la razón, ambos ahora deberán ser juzgados por el Panel de Disciplina del Tribunal de Expertos en Dopaje (TED), arriesgando hasta cuatro años de suspensión. El destierro. El infierno. La acusación de tramposos. Todo por, según se defienden, haber consumido un quemador de grasas que parecía inofensivo. A estas alturas, ambos deben odiar esos kilos de más… Si es que los tuvieron.

Desde que la Comisión Nacional Contra el Dopaje (CNCD) se hizo cargo del control en el fútbol profesional chileno, a partir del Torneo de Clausura del año pasado, estos dos han sido los únicos casos con los que el balompié criollo se ha visto señalado. Aunque el dopaje en la cancha futbolera no es algo común, lo es generalmente por consumo de drogas recreativas, como por ejemplo el reciente caso del goleador peruano Paolo Guerrero, quien recibió 14 meses de castigo por consumo de benzoilecgonina, un metabolito presente en la cocaína. En Chile, los dos casos fueron por sustancias que directamente benefician el desempeño físico.

“Hay dos tipos de situaciones. Una, en que el deportista lo consume sabiendo que es una sustancia ilegal, donde lo toma deliberadamente, y otra que es ‘por causa accidental’”, dice el deportólogo Luis Vergara. Él conoce de cerca éstos casos, pues ha asesorado a distintos deportistas profesionales durante su carrera. Ahora, lo hace en España, junto al Barcelona. “Hay que recordar que hasta un 30% de los suplementos deportivos están contaminados con sustancias dopantes ilegales, que no aparecen en la etiqueta. Por ejemplo, si revisas en internet estos productos, aparece que tienen casi solamente vitaminas, en ningún lado aparece que tiene dimetilbutilamina”, advierte.

Para Vergara, estos casos están lejos de ser una situación normal. “No es muy común en deportistas profesionales, ya que ellos generalmente están asesorados por profesionales. La mayoría de los que usan estas sustancias son personas más aficionadas, sin una cultura del doping”. Y efectivamente, el rotulado del quemador consumido no muestra nada ilegal. Tanto Garcés como Sanhueza consumían esta sustancia tras la respectiva aprobación médica. Sin embargo, pese a eso, el Código Mundial Antidopaje responsabiliza únicamente al deportista. La negligencia, como sea, es sólo responsabilidad de ellos.
Los componentes de los quemadores de grasa están pensados para el aumento del metabolismo y la temperatura corporal: son termogénicos. Generalmente están formulados con diversos fármacos y, lo que es un hecho, es que mientras más componentes posea un suplemento hay más peligro de contaminación. Por ende, son los que más riesgo de doping poseen, junto con los suplementos para ganar masa muscular, contaminados generalmente con anabólicos.

Fernando Radice, médico de la Universidad de Chile y la Selección, asegura que con los laicos el consumo de los quemadores de grasa está absolutamente prohibido. “Ellos son deportistas profesionales, no necesitan de eso”, señala, recalcando que en los azules el control antidopaje es más bien preventivo y enfocado a la educación continua antes que al castigo: “A cada jugador se le hace un seguimiento personal. Allí, los acompañan nutricionistas y deportólogos, dándoles dietas específicas y suplementos alimenticios, si es que los requieren, pero nadie puede tomar algo a escondidas”.

Pese a las indicaciones de Radice y lo que cree Vergara, el consumo de los productos adelgazantes parece común en los futbolistas. Tanto Garcés como Sanhueza aseguraron que en sus clubes varios, no sólo ellos, los consumían, temiendo que otros casos se repitieran entre sus compañeros. Pese a ser los deportistas profesionales mejores pagados del país, la desinformación en el fútbol es gigante. El Halcón, por ejemplo, nunca reparó en que el producto que consumía era el mismo que al que Sanhueza le marcó positivo. “Hay un desconocimiento tanto personal como grupal”, reconoció en entrevista con La Tercera.

Jorge Cancino, actual presidente de la CNCD, concuerda en los dichos de Garcés. “Hay desconocimiento, sí, pero también hay una lista de sustancias prohibidas que se actualiza año a año, que es pública”, comenta. Además, el metodólogo es enfático en asegurar que para la Comisión, más allá del castigo, lo importante es prevenir que estos casos sigan apareciendo. “Hay que educar a los deportistas, porque al final ellos serán los únicos perjudicados por estas sustancias. Ellos tienen derecho a pedir contramuestras, pero por los estándares en que trabajamos es muy difícil que hayan errores”, declara.

La nueva norma antidopaje nacional parece ser mucho más estricta que la anterior, a cargo de la ANFP. Fue la propia AMA quien exigió que el fútbol debía ser regulado por un ente independiente, siendo Chile además uno de los países ejemplares en Latinoamérica en cuanto a este problema.

Delgados o no tanto, parece ser preferible cerrar la boca antes que consumir una ayuda para perder grasa. La vanidad, a veces, cuesta caro.

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