El regreso de la reina de nieve

Lindsey Vonn (33) vuelve a unos juegos tras ocho años. Hoy compite en el súper gigante.


Para muchos, el momento más esperado de los Juegos. La estadounidense Lindsey Vonn (33), una de las mejores esquiadoras alpinas de todos los tiempos, hará su debut. Será en la noche chilena (23.00), doce horas más tarde en Corea, en el súper gigante.

Un personaje que destaca arriba y abajo de la montaña. Por su talento, su belleza y el mediático romance que tuvo con Tiger Woods. Su llegada a Pyeongchang no pasó desapercibida. También porque vuelve a unos Juegos Olímpicos después de ocho años (no estuvo en Sochi por una lesión en la rodilla derecha).

Y, desde su primera aparición pública en Asia, acaparó toda la atención. Fue con llanto. Recordó a su abuelo, quien le inculcó el amor por el esquí. “Es muy duro para mí evitar llorar. No hay cosa que más quiera que hacerlo bien aquí por mi abuelo, Lo echo tanto de menos. Siempre tuve la esperanza de que siguiera vivo y pudiera verme aquí, aunque sé que me está mirando y eso me ayudará. Quiero ganar por él, quien me guiará”, decía en la conferencia de prensa, desconsolada.

Dentro del emotivo discurso, deslizaba objetivos ambiciosos. Demasiado, quizás, para una deportista que en los últimos cuatro años ha dado apenas leves destellos del nivel que la llevó a convertirse en tetracampeona mundial (2008, 2009, 2010 y 2012). Sin ir más lejos, el año pasado consiguió sólo dos triunfos, en descenso, la otra especialidad que disputará en estos juegos y en la que ya fue campeona olímica, en Vancouver 2010.

Es un secreto a voces que será su última cita de los anillos. Una competencia donde las lesiones no la han dejado tener más que el mencionado oro y un bronce, en súper gigante, también en Canadá.

Serán sus cuartos juegos. El primer capítulo, hace ya 16 años, de local en Salt Lake City, fue nada más que introductorio. Tenía 17 años y no llamaba la atención más que por su belleza. Fue sexta en la prueba combinada y 32ª en el eslalon.

En Turín 2006, siguió sin colgarse medallas, pero se estableció como una participante de temer. Fue séptima en el súper gigante, octava en el descenso y 14ª en el eslalon.

Una actuación que la llenó de confianza. Su despegue fue increíble. Empezó a ganar fechas de copas del mundo (tiene veinte) y terminó por deslumbrar en Vancouver.

Era el mejor momento de su carrera y lo mantuvo en los años siguientes, con el subcampeonato mundial de 2011 y su cuarto título, en 2012. Incluso, agregó una nueva especialidad a sus fortalezas: el combinado.

A Sochi llegaba mejor que a Vancouver, pero vino la caída en Schladming, Austria, que le rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha.

La esquiadora se perdió la temporada 2013 completa y, aunque lo intentó, no pudo recuperarse para Rusia. Sí está en Corea, con ganas de revancha y, quizás, de una gloriosa despedida.

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