Romance Tite

El técnico, en poco más de un año, transformó a la selección verdeamarilla. Sin discursos grandilocuentes ni promesas desmedidas, pero con una idea clara: armar un buen grupo para rodear a Neymar. Y la apuesta resultó.


Recuperar el ADN del fútbol brasileño. Una frase que puede parecer cliché y que al mismo tiempo fue la bandera enarbolada por casi todos los técnicos que llegaron al Scratch en los últimos 25 años. Curiosamente, Adenor Leonardo Bacchi, se preocupó de no mencionarla en la conferencia de prensa de su presentación como nuevo entrenador del combinado verdeamarelho. La traumática eliminación en la Copa Centenario a manos de Perú obligó a la CBF a rescatar a Tite, como es conocido en las tierras de la samba, para frenar la caída libre que venía acarreando la selección desde aquel 1-7 ante Alemania.

Tite, 56 años, no tenía demasiados adeptos antes del llamado del Scratch. Su éxito más resonante fue en 2012, cuando llevó a Corinthians a ganar su primera Copa Libertadores, con un fútbol que estaba muy lejos del ADN del fútbol brasileño. El Timao, como se conoce al equipo más popular de Sao Paulo, estaba más apegado a lo que precisamente los hinchas de la veramarelha no querían ver más: fútbol físico, pragmático y con marcado tinte defensivo.

Sin embargo, 15 meses después de su asunción, en Brasil existe coincidencia en que Tite le devolvió la alegría a la patria futbolera. En un país que atraviesa días complejos -con el presidente Michel Temer con una aceptación de apenas un 3% de la población- el equipo nacional de fútbol aparece como un espacio feliz entre tantas novedades incómodas para su gente. No sólo logró de manera brillante su clasificación al Mundial de Rusia hace ya varias fechas, sino que además le devolvió el orgullo a sus torcedores. Hoy, en la tierra de la samba, nadie duda de que su selección peleará el título de la Copa del Mundo.

Quienes conocen a Tite coinciden en que su capacidad de adaptación es quizás uno de sus principales atributos. Algo que parece muy fácil, pero que en el mundo del fútbol resulta muy difícil. La imposición de una filosofía para muchos entrenadores resulta más importante que la capacidad de cambio. “Cuando todos pensaban en que Brasil sería reconstruido a imagen y semejanza de su Corinthians, él se dio cuenta que tenía futbolistas para hacer cosas distintas. Y hasta ahora todo marcha muy bien”, apunta Andre Hernan, periodista de Sport TV, siempre muy cerca del Scratch.

De grandes cambios tácticos no se habla en Brasil. Sí de la cualidad de Tite de establecer una limpieza en el plantel. No tuvo miedo en sacarse de encima a varios pesos pesados. Uno de ellos David Luiz, quien desapareció de las convocatorias. Óscar, otro habitual titular del Scratch, tampoco volvió a la selección. Y hombres como Thiago Silva quedaron en su momento relegados a la suplencia ante el mejor presente de futbolistas como Marquinhos y Miranda. El equipo hoy se mueve entre el 4-3-3 y el 4-1-4-1, el esquema preferido de Tite, siempre con tres mediocampistas luchadores y jugadores (Paulinho, Casemiro y Renato Augusto, y en la banca aguarda Fernandinho) para equilibrar a un equipo que sabe aprovechar espacios y errores ajenos. Así, Neymar cuenta con todas las libertades del mundo para explotar su enorme arsenal futbolístico, al mismo tiempo de que el grupo lo hace sentir importante.

Los números de su breve ciclo breve son espectaculares: 11 partidos por Eliminatorias, con 10 victorias y apenas un empate, hace unos días en La Paz, donde el arquero local Lampe fue la gran figura. No es apresurado entonces el entusiasmo de los medios brasileños que hablan de “revolución Tite”. El técnico sólo sonríe cuando lo califican como “salvador” del Scratch. Mantiene el perfil bajo y prefiere que los aplausos se lo lleven los jugadores. Este ex mediocampista central de clubes pequeños en Brasil sabe que el gran examen será en Rusia, donde tendrá que reeditar este brillante cometido por las distintas canchas de Sudamérica.

Después de varios años de oscurantismo, la vida hoy le sonríe a Brasil. Y todo gracias a este hombre de 56 años, al que muchos apuntaban como un técnico defensivo, pero que tuvo la capacidad para explotar el potencial de un grupo que reclamaba juego y libertad. Ahora, rendidos a sus pies, los torcedores le piden una sexta Copa del Mundo. Fútbol y jugadores tienen para soñar. El Scratch, al fin, recuperó su ADN.

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