Felipe Bianchi

Felipe Bianchi

Periodista, comentarista deportivo de radio y televisión, y presentador de televisión chileno. El año 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El Deportivo

Se veía venir

Foto: AFP

Partamos por repetir una vez más, hasta el cansancio, hasta que el más mentecato y la más borrica consigan entenderlo, hasta generar hastío a punta de majadería y el fastidio, que los periodistas no somos jefes de barra. Al hincha lo que es del hincha y adiós a la tontera.

Esto es una profesión. Se nos paga por informar, por tratar de ser ecuánimes, por separar la paja del trigo, por no caer en la demagogia. Por no acusar pero tampoco defender injustamente a nadie. Aunque al sujeto de la información lo conozcamos y nos importe.

Dicho esto -y si usted aún sigue ahí- convengamos que lo vivido por Alexis Sánchez esta semana (ese mismo Alexis ejemplo de entrega y esfuerzo, de éxito y capacidad, ese mismo Alexis ídolo de multitudes y depositario de un bien ganado cariño y prestigio) fue terrible. Grave. Seguramente va a pasar colado apenas vengan los goles y la gloria en el United. Seguramente sólo mencionar el tema será calificado de alta traición a la patria o de farandulismo-leninismo (ese comodín utilizado ya como un mantra para menospreciar cualquier información que no le agrade a la masa mal pensante). Pero qué diablos: ser condenado por un delito tributario, en cualquier país del mundo, es tremendo. Un año y medio de cárcel -sólo evitado por el reconocimiento del delito y el pago de una feroz multa- no es menor ni venial. Queda en la hoja de vida para siempre. Más aún si la acusación es tan clara: evadir impuestos en forma contumaz, por cifras millonarias y a través de un sistema destinado a no pagar derechos de imagen inventando sociedades falsas en paraísos fiscales. Tan triste como si el protagonista fuera un dirigente deportivo, un político o un empresario corrupto ¿Qué Hacienda de España suele elegir a unos sobre otros sin criterios muy claros salvo dar ejemplos mediáticos y golpes de efecto? Puede ser. Pasa en todas partes.

No hay que aceptar, eso sí, ni por un segundo, la tesis de que el deportista no sabe nada del manejo de sus dineros porque eso sería avalar algo bastante peor que la complicidad: ningunearía al susodicho asumiendo ignorancia rayana en la subnormalidad, carencias intelectuales muy graves. Y no es el caso.

Despejado el punto, insisto en el fondo: la mancha es brutal, tanto como lo fue para Jadue, para Sampaoli, para Mourinho, para Messi, Neymar, Cristiano Ronaldo, Mascherano, el colombiano Falcao y tantos otros.

¿Presión a través de las filtraciones, como se alegó desde su entorno? Capaz, pero da lo mismo. Esa excusa ya la hemos escuchado en otros ámbitos y es muy liviana: da lo mismo la filtración si el delito está probado. Lo que importa es el delito, no si la información sale antes o después en los diarios.

¿Que el sistema de pagos fue craneado y aceptado por otros? Sin duda. Ahí hay un punto importante que no alcanza a ser atenuante, pero es legítimo. Hay que tener cojones para ir contra el sistema, para negarse a hacer lo que todos hacen. Es difícil exigir heroísmos morales o éticas rupturistas. Por lo general la marea pasa por encima de todos, nos lleva y nos empuja. Ok. Pero no nos disculpa. Menos si, desde siempre y en todo ámbito, estamos pidiéndole al resto de los ciudadanos cumplir con todas y cada una de las normas impositivas. Los héroes no son ejemplo de vida, no tienen por qué serlo, pero por lo mismo tampoco están ajenos a las leyes que nos rigen a todos. De todos modos, convengamos que las sociedades ficticias y los pagos en paraísos fiscales no son fórmulas creadas por los propios deportistas. Detrás de ello están los asesores tributarios, los clubes (no es casualidad que se repitan tantos casos en el Barcelona y el Real Madrid) y los señores abogados siempre dispuestos a pillar la trizadura en el sistema para intentar pasarse de listos. Oficinas enteras dedicadas a eso y sobre las cuales casi nunca se pone el foco pese a ser el origen de todo contrato oscuro, de toda nueva empresa y sociedad trucha, de todo mañoso manejo tributario ¿Que es legal? Por decencia intelectual, convengamos que ni ahora ni nunca bastará con eso. A otro perro con ese hueso inmundo.

¿Que el sistema antes era aceptado sin chistar y ahora cambió? Puede ser, pero es una buena noticia que haya cambiado. Era malo. ¿Que los rostros de televisión hacen lo mismo con el sistema de contratación vía empresas personales? (otro clásico de las perturbadas redes sociales). Ya, pero no es el punto. Que yo sepa, ninguno de esos contratos tiene que ver con segundas o terceras sociedades ni menos con cuentas fantasma en paraísos fiscales. Ahí la discusión es otra: si hay que pagar 25 o 27 por ciento, si el sistema es debe continuar, si fue bueno o malo imponérselo a los trabajadores. Pero de que se paga cada mes, se paga.

En todo caso da lo mismo, nos desviamos. El tema de fondo es que el castillo de naipes ideado por gente sin muchos escrúpulos en su afán por sumar y sumar lucas, finalmente se cayó. Y ha terminado por manchar a muchos que no debieran haber pasado nunca por esto. Y que, supongo, aprenderán la lección. Porque es un tema importante. Que ensucia mucho y termina dando más rabia que pena.

Seguir leyendo