Fernando Solabarrieta

Fernando Solabarrieta

Periodista y panelista de El Deportivo.

El Deportivo

Una montaña rusa


Eso fue la U en este semestre. Un despliegue interminable de aciertos y errores. Un viaje eterno de tristezas y alegrías. Un torbellino de acontecimientos muy buenos y muy malos que dejaron a todos sin aliento.

El año empezó muy mal, con varios amistosos perdidos y la derrota jugando pésimo frente a Unión Española, luego vino el regreso de Jean Beausejour al equipo y el cambio de sistema que ayudó mucho. De ahí en más comenzaron los buenos momentos, con varios triunfos consecutivos en el campeonato nacional y dos excelentes partidos ante Vasco da Gama y Racing. Todo parecía andar muy bien. Hoyos le había encontrado la vuelta al equipo y los resultados, después de mucho tiempo, eran una expresión del juego en la cancha.

Pero la montaña rusa volvió a aparecer y en el clásico teóricamente más abordable de los últimos años, la U cayó ante un Colo Colo herido, casi en el suelo. Aparecieron el descontrol, las malas decisiones, los problemas internos y las ausencias de los referentes. Dos goleadas en contra históricas y la salida del técnico en medio de una confusión sublime y un festival de lesionados. La montaña rusa en su punto más alto.

Pero luego vendría algo de quietud con la recuperación de la dignidad en la decorosa derrota en Buenos Aires y el triunfo frente a O’Higgins. Esteban Valencia tenía una oportunidad única y se enfocaba en ordenar a un equipo sin control. Era necesario pero no suficiente. A los pocos días retornaron los bruscos vaivenes con el pobre primer tiempo ante la UC y la derrota frente a Palestino.

Faltaba el último capítulo, el más duro y doloroso de una mitad de año para el olvido, en que la institución azul no supo bajarse de este juego agobiante y peligroso del todo o nada. La derrota ante Vasco da Gama que la dejó fuera de toda copa internacional fue el final de un juego zigzagueante y terrorífico, confuso y dañino en el que estuvo la institución en estos primeros cinco meses del año.

Apenas una victoria en Libertadores, solo dos goles en seis partidos, un triunfo en los últimos 10 encuentros jugados a nivel nacional e internacional. Fin de la montaña. Fin del camino.

Tiempo para bajarse y reflexionar, para buscar con tranquilidad un nombre que pueda manejar a un camarín tan lleno de talento como de problemas. Un grupo de jugadores exitosos, pero demasiado empoderados, que deben entender que su función es jugar lo mejor posible y nada más.

Momento de ordenarse y revisar lo sucedido para que esta institución nunca más vuelva a subirse a este juego excitante y peligroso que, esta vez solo provocó náuseas.

Seguir leyendo