Cumbre del rock se amplía hacia el pop y triunfa

A pesar del retraso de casi una hora en la programación, la quinta versión de la cita graficó el auspicioso momento de la música popular chilena.


La lógica era como la del box. Cuatro escenarios en el Club Hípico marcando esquinas bautizadas con nombres de próceres de la música popular chilena: Víctor Jara y Violeta Parra hacia el sur, al norte Jorge González y Gato Alquinta. Dos artistas tocando en simultáneo. A veces, estilos en las antípodas, el rock duro de Weichafe al mismo tiempo que el pop de Supernova, ellas superando en público al trío rockero radicado en México.

La programación decía que a las 13:00 horas arrancaban El Cruce y Mamma Soul, pero hubo retrasos en la apertura de puertas y como no había público, todo se corrió 50 minutos. Dio un poco lo mismo. A las 5 de la tarde había un gentío de 15 mil personas según la organización (y se proyectaban 22 mil), muchos buscando sombra desesperados por el intenso sol. Una carpa dedicada a Los Jaivas estaba atestada pero no precisamente de fans. Sobre una tarima figuraba la batería de Gabriel Parra y a ratos se subía a tocar un pasaje con música de fondo de la legendaria banda viñamarina, el baterista Juan Pablo Bosco.

A pesar de las deserciones de Álvaro Henríquez y Camila Moreno, la Cumbre del Rock que saludablemente se ha abierto hacia el pop sin pudor ampliando y mejorando la oferta, fue una muestra nítida del gran momento de la música nacional. Camila Gallardo, la gran promesa del pop que aún no publica un álbum, tiene un futuro esplendor. Su voz es sencillamente espectacular y convocó mucha gente hacia el atardecer.

Un par de horas antes Fiskales ad hok entró con Eugenia sonando como una aplanadora con su punk rock que se ha plagado de stoner. En paralelo López ofrecía un show algo tibio. Luego De Saloon fue en paralelo con Alain Johannes y el trío que completan Cote y Felo Foncea. El número del hijo de Danny Chilean está cada vez más consolidado con un gran trabajo en voces de los hermanos haciendo suyo el material de Eleven y solista de Johannes, un cantante y guitarrista extraordinario. Cerraron con Reach out y el aplauso fue unánime.

Lanza Internacional fue otro de los puntos altos. Los hermanos Durán, ex líderes de Los Búnkers, demostraron que su antigua banda es cosa del pasado con su energético power pop con reminiscencias que van desde Devo hasta Café Tacuba, en el trío que completa el baterista mexicano Ricardo Nájera. Fueron contundentes de comienzo a fin.

Hubo cierta impaciencia en el público que asistió al sector VIP ante la disposición de no permitir cerveza en el descampado. Cundió tensión cuando una mujer le propinó dos puñetazos a un guardia alegando por su vaso de cerveza.

Por supuesto, momentos aislados de un evento que deja en claro que la escena musical chilena tiene tradición, presente y futuro. Quilapayún, leyendas vivientes, emocionaron con Plegaria a un labrador y luego se fueron de proclama antes de entonar Qué dirá el santo Padre. “El papa anda pidiendo paz por el mundo pero no les da tregua a las víctimas de los abusos, y más encima los trata de calumniadores”. Antes We are the grand rindió homenaje a Jorge González interpretando Mi casa en el árbol y el Quila hizo lo propio versionando Pájaros de fuego de Álvaro Henríquez. Así, con el calor cediendo y los hermosos tonos de la tarde, la música chilena abría su abanico a la espera de Cecilia, una figura histórica, una estrella irrepetible.

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