El fanatismo tóxico en la era digital

El caso de Star Wars: Los últimos Jedi, donde un grupo minoritario ha logrado transformar su opinión negativa de la cinta en un tema global, se suma a una creciente tendencia en donde la Internet se ha transformado en un caballo de batalla para los iracundos fanáticos.

Los primeros titulares reaccionaban con sorpresa: Star Wars: Los últimos Jedi, película que había sido de forma casi unánime aclamada por la crítica, parecía tener a por lo menos la mitad de la audiencia general, o incluso a la mayoría, en un rango entre una leve decepción y una furia incontrolable. El portal Rotten Tomatoes muestra que un 92% de los comentarios de la prensa especializada a la película fueron positivos, pero en los usuarios solo un 53% la encontró “buena” o “muy buena”. Lo mismo el sitio Metacritic, que también promedia las opiniones tanto especializadas como generales: de 54 medios (en su gran mayoría anglosajones) que reseñaron la cinta, la nota promedio es 84 de 100, pero entre los usuarios es un 4.9 de 10. No se trataba de la primera -ni la última- vez en que la opinión de la crítica y la audiencia fuera radicalmente distinta, pero en muy raras ocasiones, es la prensa la que elogia más una superproducción que el mismo público.

De a poco, la sorpresa pasó a ser incredulidad. Los últimos Jedi siguió dominando la taquilla global a paso firme durante la semana, con casi US$ 600 millones, con cifras impropias de una película que tuviera malos comentarios de boca en boca, y más de una encuesta realizada en Estados Unidos a la salida de los cines que indicaba que la recepción era en su gran mayoría positiva por los asistentes. La conclusión de las irregulares percepciones comenzó a apuntar a un fenómeno ya repetido en la era moderna del cine y la televisión: nuevamente, un grupo no tan masivo, pero ruidoso de fanáticos, logró moldear la conversación de la cultura pop utilizando Internet para amplificar sus opiniones.

Tanto Rotten Tomatoes como Metacritic no regulan que una misma persona pueda reseñar varias veces una película con cuentas distintas y pareciera que grupos se han esforzado en bajarle el puntaje lo más posible a la cinta.

Argumentando diversas razones, desde falta de respeto por la trilogía original de Star Wars, como por un desinterés en resolver los misterios de la película previa de la saga, un fanático llamado Henry Walsh inició una petición en el portal Change.org para pedirle a Lucasfilm y a Disney que sacaran a Los últimos Jedi del canon de Star Wars. Días después, Walsh se arrepintió, asegurando que dejó que su enojo inicial con la película y un tratamiento con analgésicos le nublaron la mente. Rápidamente se llevó las críticas de quienes apoyaban su petición, quienes incluso lo acusaron de haber sido sobornado.

Cuento repetido

La proliferación de un llamado “fanatismo tóxico” en internet, que frente a una frustración pueden desde llamar a boicotear una película o serie, hasta derechamente emitir amenazas de muerte, se ha transformado en algo común en la era digital. “Este tipo de fanatismo siempre ha existido, pero la Internet lo ha amplificado, y ha hecho más fácil la creación de fanáticos extremos. Detrás del anonimato, la gente puede decirle lo que quiera a los realizadores sin consecuencias, y las redes sociales les dan acceso directo a ellos”, dice Hoai-Tran Bui, crítica del portal Slash Film, agregando: “El problema con casos como este, es que se visibiliza más a una minoría que está más inclinada a gritar sus opiniones, que a una mayoría que simplemente no es tan apasionada con el tema”.

“Ahora se puede reaccionar instantáneamente. Sólo mira el caso del fanático que inició la petición para sacar la película del canon; es un caso perfecto de una reacción apresurada, y ahora está sufriendo amenazas y acusaciones, tal como las sufrió Rian Johnson (el director de la cinta)”, opina Duncan Bowles, del sitio Den of the Geek. “Estas pasiones no son distintas a las de los deportes, que también puede derivar en comportamientos desagradables. No hay razón para actuar de forma negativa sólo porque amas mucho algo, sobre todo porque puedes herir realmente a otros”.

En 2016, un grupo de fanáticos inició una campaña para eliminar el sitio Rotten Tomatoes, asegurando que el portal le daba injustamente una mala nota a las películas Batman vs Superman y Escuadrón suicida, obviando el hecho que el sitio no evalúa las películas, sólo saca promedios de críticas externas (que, tanto especializadas como generales, coincidían en que no eran muy buenas películas). Este grupo aseguraba que la prensa especializada había sido sobornada por Disney -dueña de la compañía rival de superhéroes, Marvel- para criticar de mala forma las películas de DC.

Este año, otro grupo comenzó una campaña de acoso online en contra de las guionistas de la serie Rick y Morty, que por primera vez incorporó a mujeres como libretistas, a quienes acusaban de ser responsables de una subjetiva baja de calidad de la serie. El creador de la producción debió salir públicamente a condenar a estos fanáticos.

“Antes de la Internet, el fanatismo quedaba limitado a las conversaciones de sobremesa o a lo sumo a las comunidades o club de fans. Hoy esas discusiones han sido llevadas al extremo por los límites que te permite la web. Hay una cosa medio generacional de un grupo que nació con Internet y que siente la potestad de exigir que modifiquen una película porque no le gustó”, opina el periodista de tecnología y cultura pop, y panelista del web show Mouse de La Tercera, Alejandro Alaluf.

“Hay ciertamente una suerte de sentido de derecho. Estos fanáticos quieren amar algo más que los demás, ya que sienten que la cultura pop les debe algo. Y eso no es una forma sana de vivir”, explica Cameron Williams, crítico y fundador del portal The Popcorn Junkie. “Hoy en día es más fácil estar en contra de algo ya que no es necesario tener argumentos para eso”, agrega.

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