Festival Viña 2018

Jay Kay: la excéntrica voz tras Jamiroquai

El cantante en su llegada a Viña. Foto: Agencia Uno

Quienes lo han conocido en sus shows en Chile lo describen como enigmático e impredecible. El astro inglés abre esta noche y ayer canceló su conferencia de prensa.


En octubre pasado, Jason Cheetham, más conocido como Jay Kay, apareció irreconocible en los premios BMI en Londres. Irreconocible en un sentido atípico: bajo un estándar común, se veía normal, con traje y corbata. Pero para el vocalista de Jamiroquai, conocido por su excéntrica actitud y curioso sentido de la moda sobre el escenario, con una variedad de sombreros y cascos, la postal era poco habitual. No fue lo único que sorprendió del británico esa noche: mientras aceptaba un galardón a modo de homenaje, casualmente agradecía a su esposa, sin haber mencionado en ningún momento antes de esa instancia que estaba casado con su pareja de hace diez años. El momento llamó la atención a la prensa musical, por lo fuera de personaje que pareció: el cantante suele ser celoso al extremo de su vida personal y a evitar la luz pública cuando no está sobre el escenario.

Pocos podrían describir al hombre detrás de Virtual insanity como una persona cálida. Kay suele dar pocas entrevistas y se mantiene como una figura enigmática a pesar de la popularidad que ha cultivado con su banda en los últimos 25 años. Se sabe que fue adicto a la cocaína a principios de la década pasada, que es fanático y coleccionista de autos, que tuvo una serie de amoríos de alto perfil -desde Kylie Minogue hasta Heidi Klum-, que hoy está casado y con dos hijos, condición que el año pasado aseguró lo tiene como un hombre cambiado.

Quienes lo conocen también hablan de una personalidad volátil, que lo ha llevado a protagonizar más de un incidente, que van desde los más comunes en el mundo del entretenimiento -ha sido arrestado tres veces por golpear a unos paparazzi-, hasta los más insólitos: la segunda de sus detenciones se dio en 2002, durante la premiere en Londres del Episodio II de Star Wars, El ataque de los clones. Kay recibió un cabezazo en la cara que lo dejó sangrando por parte de un fotógrafo que aseguró que el cantante lo había golpeado minutos antes. En 2009, en otro evento confuso, el cocinero de un hotel donde Kay se estaba quedando destruyó uno de sus Ferrari, argumentando un ataque de ira por comentarios ofensivos que el cantante le habría dicho. El músico aseguró después no conocerlo.

Sus declaraciones lo han metido en más de una ocasión en problemas, desde la vez que reveló a un tabloide íntimos y explícitos detalles de su vida sexual con su ex Winona Ryder, hasta la vez en que denostó de dura forma a dos juezas del programa The X Factor en 2010, justo antes de presentarse en éste mismo. Pero, sobre todo en el último tiempo, Kay se ha mostrado más abierto, y hasta casi vulnerable. Realizó más entrevistas que las de costumbre para promocionar el nuevo disco de su banda, Automaton (2017), y dedicó una emotiva despedida en abril pasado al fallecido ex tecladista de su grupo, Toby Smith, en abril.

Pero Jay Kay sigue siendo todo menos un hombre descifrable. Y Chile, y hasta Viña, también ha sido testigo de su extravagante forma de ser.

Excéntrico y perfeccionista

La de esta noche en la Quinta Vergara será la quinta vez de Jamiroquai en Chile, debutando en 1997 con un show en el Teatro Monumental, para luego regresar en 2011, 2013 y hace apenas dos meses, siempre al Movistar Arena. En estas visitas, Kay hizo gala de su cambiante estado de ánimo. Personas que compartieron con el vocalista en sus visitas recientes lo describen como “una persona que en un principio puede ser poco agradable” y que “tiene una personalidad muy especial”. El cantante le pedía a quienes no lo conocían que lo llamaran “Mr. Enzo”, en referencia a Enzo Ferrari, fundadores de la marca de automóviles, mientras que los que se ganaban su confianza podían usar su nombre de pila. No necesariamente significa que sea una persona solitaria. Lo describen como “muy amigo de sus amigos”, aunque hay que tratarlo con respeto.

Su ánimo depende de la ocasión. Durante su visita de 2011, por ejemplo, lo describen como más bien recluido, encerrado en su pieza de hotel los días previos al show, pero con una actitud distinta luego del concierto, abierto a compartir con la gente y tomarse un trago en el bar del hotel.

Pero sus reacciones son impredecibles: en un momento, se le ofreció ir a la nieve como una forma de relajarse. Pero cuando Kay se enteró que el viaje debía ser en helicóptero, pidió pilotearlo él mismo -efectivamente el músico sabe manejarlos-, pero en el minuto en que le dijeron que no era posible por razones de seguridad, terminó yéndose del país sin despedirse de nadie.

Distinta fue su visita de diciembre, donde en general se mostró de buen humor. Por ejemplo, cuando se fue del Movistar Arena tras el concierto, recordó que no se despidió de los guardias de seguridad, e insistió en devolverse para hacerlo.

En general, el consenso es que con Kay nada se puede dar por hecho. Conocedores de sus visitas a Chile aseguran que suele ser tan perfeccionista que su opinión puede cambiar rápidamente, y hay que repasar los aspectos técnicos de su show varias veces con él. También es enemigo de las pruebas de sonido, por lo que suele llegar a presentarse sin ensayo, con los sonidistas recibiendo su ira si es que el cantante detecta algún desperfecto.

Ayer, durante su arribo a Chile, mostró sus dos caras: por un lado, fue amable y relajado cuando un equipo de CHV lo interceptó mientras llegaba al hotel Sheraton Miramar, asegurando que “daré, como siempre, el cien por ciento” en su concierto de esta noche. Pero, posteriormente, canceló la conferencia de prensa que tenía pactada para la tarde y todas sus actividades anexas.

Igual, sobre el escenario, esa dualidad queda atrás. En una noche agotada en la Quinta Vergara, Jamiroquai sumará un nuevo hito en su historia en los escenarios locales. La misma extravagancia que transforma la vida personal de Jay Kay en un torbellino de contradicciones estará enfocada en hacer bailar a 15 mil personas, con una de las voces más exitosas, identificables y particulares de la música popular en los últimos 30 años.

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