Maradona a los ingleses: el gol más lindo que dio un Mundial

Ocurrió en cuartos de final de México ‘86: “En apenas diez segundos y diez toques”, luego de esquivar a seis jugadores incluyendo el arquero, el 10 argentino convirtió el gol más grande de la historia contra un rival que excedía lo futbolístico.


“Si era por los argentinos, teníamos que salir con una ametralladora cada uno y matar a Shilton, a Stevens, a Butcher, a Fenwick, a Sansom, a Steven, a Hodge, a Reid, a Hoddle, a Beardsley, a Lineker”, cuenta Diego Armando Maradona en sus memorias México 86: mi Mundial, mi verdad (Sudamericana, 2016).

“Pero nosotros nos alejamos de ese quilombo. Ellos eran solo nuestros rivales”, añade el 10, acaso el mejor jugador en vestir la camiseta de su selección.

“Lo que yo sí quería era tirarles sombreros, caños, bailarlos, hacerles un gol con la mano y hacerles otro más, el segundo, que fuera el gol más grande de la historia”, dice el “barrilete cósmico” desde ese relato que sintetiza cómo Argentina se hizo de su segunda Copa del Mundo.


Minuto ’55 en el Estadio Azteca. Argentina enfrenta a los ingleses en México ’86.

Ese domingo 22 de junio, al calor asfixiante del mediodía en la capital mexicana, la olla del Azteca bullía con casi 115 mil gargantas gritando cuando Maradona dejó en el suelo a cinco ingleses. En una carrera a toda máquina desde campo propio evitó al arquero y la clavó en el minuto ‘55.

El partido tenía picante. Argentina enfrentaba a Inglaterra por cuartos de final apenas cuatro años después de la guerra de Malvinas, un conflicto que costó la vida de cientos de jóvenes trasandinos a manos de los ingleses.

“No solo fue la jugada. Las emociones de varios años entraron por el pequeño embudo de la razón”, diría el uruguayo Víctor Hugo Morales, encargado de relatar aquella hazaña por televisión.

La jugada parece hecha del mismo material que las batallas que resguardan los libros de historia. Antes de comerse la cancha con el balón controlado, comienza con una habilitación del “Negro” Enrique de River, Maradona recibe el pase en campo propio y sigue hacia adelante imparable. A los pocos metros de carrera la electricidad crece. El nacido en el extrarradio de Villa Fiorito apenas levanta la cabeza: mientras lleva la pelota pegada siempre a su zurda, comienza a esquivar rivales con dirección al arco contrario. Así elude a cinco jugadores ingleses: Hoddle, Reid, Sansom, Butcher y Fenwick en una maniobra de ensueño. Todo es rápido como un destello cuando, tras acercarse al área chica inglesa, mientras todo hace pensar que rematará al arco, el 10 argentino enfrenta al portero Peter Shilton, que se le viene encima dispuesto a cortar su avance. Entonces Maradona lo amaga y con el arco abierto, mientras recibe una patada desde atrás, a punto de perder el equilibrio más nunca el control de la jugada, envía la pelota al fondo de la red con un sutil toque a tres dedos:


“Ese gol para mí tiene música. Y la música es el relato de Víctor Hugo Morales. Ese gol me lo hicieron ver y escuchar en inglés, en japonés, en alemán. Hasta me hicieron entrar con un video en el que, al final, la pelota se iba afuera. Pero el relato de Víctor Hugo es único”, cuenta Maradona en su libro.

Y el relato dice así: “La va a tocar para Diego. Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos. Pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”, gritó Morales ese día en la televisión argentina entre sollozos.


“Así funciona la cabeza de un genio en acción”

Treinta años después, el comentarista deportivo dirá en televisión que el asunto es bien complejo: “Hay que tomar la pelota en el campo propio, esquivar a cuanto rival se le oponga, enfrentar al arquero y dejarla atrapada en la red. Tiene que ser en un Mundial”.

Jorge Valdano, que estaba en cancha ese día, dijo que “Maradona danzó y salió como un proyectil enloquecido. Con el balón, el cuerpo y la velocidad dio gato por liebre a cinco súbditos del imperio británico. Diez segundos, diez toques: un héroe con el número 10”.

Lo cierto es que el Estadio Azteca, hábitat de esa hazaña del planeta fútbol, estalló en un griterío único mientras millones de televidentes no podían dar crédito a lo que acababan de ver por televisión.


Los equipos salen a la cancha

“Me acuerdo bien. Cuando los periodistas se enteraron que íbamos a jugar contra Inglaterra evitamos hablar porque sabíamos bien que las preguntas apuntarían más a cómo íbamos a gritarles los goles, si íbamos a hacerle el fuck you a la Thatcher, si le íbamos a pegar una piña a Shilton. Ya sabíamos cómo venía la mano, por eso elegimos mantenernos alejados, serenos”, rememora el 10.

“En todo caso —aclara Maradona—, la cuestión iba por dentro. Y les aseguro que, por dentro, ardía. A mí me explotaba el corazón. Pero había que jugarlo”.

Valdano, que sentía la misma bronca y lo acompañaba muy de cerca en la jugada, contaría alguna vez que Maradona atinó a pedirle disculpas por no haberle pasado la pelota. Le dijo que no pudo encontrar la forma. Lo cierto es que Valdano y los futboleros se preguntan aún cómo pudo advertir el detalle durante esa corrida memorable.

Así lo recuerda en un documental de ESPN: “Cuando llegamos al vestuario, me dijo que durante toda la jugada había estado buscando un hueco para darme el balón a mí, que venía en el segundo palo acompañando. Nos da la referencia de la cantidad de ideas aprovechadas y desechadas que pasaron por la cabeza de Maradona en un espacio de 10 segundos. Así funciona la cabeza de un genio en acción”, aseguró el delantero:


“¡Qué gol hiciste, hijo de puta, qué gol hiciste!”

“La verdad es que los ingleses nos habían matado a muchos chicos, pero si bien los ingleses son culpables, igual de culpables habían sido los argentinos que mandaron a los pibes a enfrentar a la tercera potencia mundial con zapatillas Flecha. Uno nunca pierde el patriotismo, pero uno habría querido más que no hubiera habido guerra”, escribe Maradona en sus memorias.

Luego agrega: “Estábamos todos cargados, muy cargados. Los rituales históricos los hicimos, como en los partidos anteriores. Yo, antes del vendaje ese que me hacía Carmando, dibujaba un jugador en el piso. Y guarda que alguno lo pisara, guarda… Estaba la Virgen de Luján donde tenía que estar, estaba todo. (…) Yo, que siempre duermo como un animal, me había despertado más temprano que nunca. Tenía ganas de que llegara la hora del partido, tenía ganas de salir a jugar y que terminara el palabrerío”.


Con el arco en la mira

“La jugada nace ahí, en el pase de Enrique. Sí, más allá del chiste, el pase del Negro es fundamental. ¿Qué pasaba si le erraba por medio metro, eh, qué pasaba? Yo no la recibía como la recibí y no podía girar como lo hice, para sacarme a dos de encima, a Beardsley y al pobre Reid. En el giro ya me saco a dos, vayan contando, y había quedado Hodge por ahí, pero Hodge no marcaba a nadie… Enseguida se ve cómo Reid me abandona cuando yo ya estoy lanzado, corriendo desde la derecha hacia el arco, dos metros más allá de la mitad de la cancha. Eso es lo que cuenta él del ‘potro salvaje’, ese momento. Entonces me sale Butcher por primera vez. Yo le amago a irme por afuera y engancho apenas para adentro. Pasa de largo, el inglés, que gira y me empieza a perseguir… Yo lo voy sintiendo a él, atrás, a mi derecha, como si me estuviera respirando en la nuca”, rememora el “Pibe de Oro”.

Luego sigue: “Y también los veo a Valdano y a Burruchaga que me vienen pidiendo la pelota por el otro lado, por la izquierda, pero ¡ni loco se la voy a dar, ni loco! Si la pelota la traía yo desde mi casa…”.

“Entonces me sale Fenwick. Y acá quiero hacerles un homenaje a los ingleses. Miren que no soy de regalarle nada a nadie, pero si hubiese sido contra otro equipo, ese gol no lo habría hecho, ¡no lo habría hecho! Me hubiesen volteado antes, pero los ingleses son nobles. Fijate, fijate la nobleza de Fenwick, que me tira el manotazo, pero no me lo tira en la cara… Me tira el manotazo a la altura del estómago, lo mismo que si me acunara como a un bebé. Nada. Ni lo siento, además de la velocidad y la potencia que traía… Por eso digo que si hubiese sido contra otro equipo, quizás por ahí que él dijo estaba condicionado por la amarilla del primer tiempo, que tuvo que decidir en un segundo si hacerme foul o no, y que lo expulsaran. Cuando se decidió, me parece, la pelota ya estaba adentro. También dijo que, si me encuentra, no me daría la mano, pero yo creo que sí, que me daría la mano y hasta un abrazo”, añade.

Según escribe el “10”, “Butcher sí me tira un patadón. ¡No se imaginan lo que fue la parada de Butcher! Me da abajo, a ver si me podía levantar y tirarme a la mierda. Pero yo llego tan armado ahí que cuando la toco tres dedos para mandarla adentro, me importa tres huevos la patada de Butcher. Lo sentí más en el vestuario el golpe: ¡cuando me miré el tobillo no lo podía creer, lo tenía a la miseria!”.

Luego, cierra: “La verdad fue que Shilton me ayuda. Lo peor que hace Shilton, como se ve, se que no me tapa nada. A Shilton no le tengo que hacer ningún amague; le tengo que adelantar la pelota nada más… Hizo cualquier cosa menos taparme como un arquero normal. Cuando lo paso, yo ya sabía que era gol: la toco, tac, cortita, tres dedos para que la pelota entre mansita. Y listo. Ahí sí que salí gritando como loco. No necesité mirar al referí ni a nadie. Sabía lo que había hecho. Corrí por la línea de fondo y, cuando llegué al córner, me encontré con Salvatore Carmando, justo con él. Me abrazó y enseguida llegaron todos los demás. Burruchaga, Batista, Valdano, se olvidaron de los retos de Bilardo: “¡Qué gol hiciste, hijo de puta, qué gol hiciste!’, me gritaban”.


Maradona levanta la segunda Copa del Mundo de Argentina

Luego del histórico momento, la Argentina de Bilardo doblegó a Bélgica en semifinales y, de la mano de su capitán Maradona levantó la Copa del Mundo una semana después, esa vez frente a la Alemania Federal de Franz Beckenbauer, a quienes vencieron por 3-2.


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