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El momento que “abruma” a Jordi Bertomeu

El análisis que ha realizado el sacerdote español de la crisis que vive la Iglesia chilena es que ésta reflejaría también un proceso de secularización presente en otros tantos países católicos, y que además tiene relación con "una cierta fractura social que vive el país, fruto de su agitada historia reciente”.


Tal como hizo público este medio ayer, el 27 de abril pasado, el Papa Francisco concedió a Jordi Bertomeu el título de Capellán de Honor de Su Santidad. Un reconocimiento pocas veces entregado a sacerdotes menores de 65 años, pero que, a pesar de eso, fue entregado al religioso español.

Una señal de agradecimiento del Pontífice al presbítero, quien se convirtió en pieza clave para abordar el caso del obispo de Osorno, Juan Barros.

El nombre de Bertomeu se hizo conocido en febrero pasado, al menos en Chile, luego de que el Papa Francisco lo designara a él y al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, como “enviados especiales” para recopilar información concerniente a las acusaciones que había en contra del obispo Juan Barros, por un presunto encubrimiento de los abusos cometidos por Fernando Karadima.

Esa semana, sin embargo, Bertomeu tomó mayor protagonismo, luego de que Scicluna fuera internado y operado de la vesícula, lo que lo obligó a hacerse cargo de las entrevistas personales con quienes manifestaron interés de entregar información sobre Barros.

Los medios de comunicación y la gente que ha seguido este caso han tratado de conocer más detalles respecto de su trabajo y de la vida de este enigmático y desconocido sacerdote español.

Ese interés es justamente lo que lo tiene “abrumado”, cuentan los cercanos al religioso. Recalcan que este agobio se debe a que a él “siempre le ha gustado mantener un perfil lo más bajo posible”.

Sobre las entrevistas personales que Bertomeu realizó en Chile, desde su entorno detallan que el sacerdote español intentó “sumergirse en el dolor ajeno y hacer lo posible por recoger para el Santo Padre aquellos datos que le faltaban para alcanzar la certeza moral sobre el problema suscitado”.

Bertomeu también ha jugado un rol fundamental respecto del trato que la Iglesia ha tenido con James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, a quienes los ha acompañado en diversos momentos, desde que se reunió con ellos en Chile. Uno de ellos es reciente, cuando Francisco los invitó al Vaticano para pedirles perdón. El sacerdote español fue el encargado de estar con las tres víctimas del expárroco de El Bosque durante su estadía en la Casa Santa Marta.

Para el sacerdote español habría sido “una ocasión excepcional para comprender mejor los efectos de los abusos sexuales en las víctimas”.

En el entorno de Bertomeu cuentan que el análisis que ha realizado el sacerdote español de la crisis que vive la Iglesia chilena es que ésta reflejaría también “un proceso de secularización” presente en otros tantos países católicos, y que además “tiene relación con una cierta fractura social que vive el país, fruto de su agitada historia reciente”.

Indican, además, que estaría muy esperanzado por la forma en que Francisco ha tratado este tema. Y que las reuniones con las víctimas y los obispos chilenos, para Bertomeu serían el primer paso para acertar con las medidas que se deben tomar para reparar las heridas.

Las mismas fuentes dicen que a juicio del sacerdote español todo esto podría ser “revulsivo” para la sociedad chilena y los valores que la sostienen.

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