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Un “tecito piadoso” antes de escuchar al Papa: Partió la cita romana

Hoy, a las 15.30 horas de Roma, bajo un cielo cubierto, que durante la mañana dejó caer fuertes chubascos, los obispos de Chile se embarcaron en el bus que los condujo hacia el interior del Vaticano.


“Vamos a tomar un tecito piadoso”, comentó con humor el obispo de Temuco, Héctor Vargas, mientras se dirigía con su par de La Serena, René Rebolledo, a un pequeño café aledaño a la Casa del Clero, en la vía Transpontina, donde se aloja más de 90% de los 34 obispos chilenos que se encuentran en Roma.

Hoy, cerca de las 16.00 horas, todos ellos comenzaron el primero de los encuentros que mantendrán con el Papa en la auletta de la sala Paulo VI en el Vaticano, hasta el jueves. Un espacio que podría marcar el futuro de la Iglesia en Chile, la forma cómo se abordó el caso Karadima y la mirada que a futuro se le dará al tema de los abusos.

Las palabras las pronunció Vargas en una de las pocas salidas que tuvieron los prelados antes de embarcarse en el bus que a las 15.30 los condujo hacia el interior del Vaticano. Bajo un cielo cubierto, que dejó caer durante la mañana fuertes chubascos, el titular de la diócesis de Temuco dijo estar con “mucha fe” en la antesala del encuentro, pero evitó entregar más declaraciones. “Primero tenemos que escuchar al Papa, estamos muy deseosos de escucharlo”, dijo.

Los obispos salieron en grupo de la Casa del Clero en silencio, evitando hacer declaraciones y limitándose a señalar que iban con buen ánimo y dispuestos a escuchar.

El bus los esperaba a unos 15 metros de la entrada del lugar donde se alojan, recorrido que tuvieron que hacer rodeados de los más de diez periodistas y camarógrafos chilenos que se encuentran en Roma. La reunión tenía previsto que empezara a las 16.00, pero no había claridad sobre la hora de término.

Poco antes de la partida al Vaticano, quienes sí hablaron fueron los obispos de Melipilla, Cristián Contreras, y de Rancagua, Alejandro Goic. Ambos se alojan en la Casa Santa Marta y concurrieron en la mañana a la Casa del Clero a una reunión con el resto de los obispos en la que conversaron sobre los temas que los llevaron a Roma.

“Vengo a escuchar. El Papa no es de decisiones rápidas, sin haber hecho un discernimiento propio de un hombre jesuita, así que estamos esperando eso”, dijo Contreras mientras esperaba un taxi para regresar a Santa Marta.

La dura carta de Benedicto XVI

En las horas previas, los obispos chilenos también tuvieron un foco común. “Hemos leído todos los obispos con mucha atención, de nuevo, la carta del Papa a los católicos de Irlanda que es un documento precioso e impresionante”, dijo el obispo de San Bernardo Juan Ignacio González, durante la conferencia de prensa del lunes, en la víspera del encuentro con el Papa. “Ahí”, agregó el prelado, “hay muchas de las líneas que tenemos que seguir o que estamos siguiendo”.

Se refería al texto enviado por el Papa Benedicto XVI a los católicos de Irlanda el 19 de marzo de 2010, luego de haber recibido en el Vaticano a los obispos irlandeses, tras la revelación de diversos informes sobre el alcance de los abusos sexuales a menores en ese país durante décadas.

El texto, de 12 páginas, no es sólo un fuerte mea culpa sobre la actitud de la Iglesia frente al tema, sino también entrega con precisión algunas recomendaciones del Pontífice para hacer frente a la situación.

La revelación de abusos sexuales y de poder, además de encubrimiento en Irlanda, marcó un antes y un después en la situación de la Iglesia en ese país, la que por años estuvo a cargo del sistema educacional y tuvo una decisiva influencia política en ese país.

Por una parte, el informe oficial de la comisión Murphy dio cuenta de los abusos cometidos por 46 sacerdotes durante más de 30 años en Dublín, mientras que el informe Ryan reveló la situación en las escuelas controladas por la Iglesia Católica y la connivencia del Estado irlandés en los hechos.

En su carta, Benedicto XVI plantea que el primer paso para intentar recuperar la confianza de la sociedad irlandesa en la Iglesia es “reconocer los graves pecados cometidos contra niños indefensos”. Luego detalla los elementos que, según él, dieron lugar a la crisis y hace un diagnóstico de las causas y la necesidad de encontrar “remedios eficaces”.

Ratzinger, que durante su pontificado impulsó una dura política de tolerancia cero contra los abusos, da cinco razones para explicar lo sucedido, que vaticanistas ven en algunos casos como extrapolables al caso chileno. “El encuentro de Benedicto XVI con los obispos de Irlanda dejó claro que los obispos negligentes deben quitarse de en medio”, dice Juan Vicente Boo, vaticanista del diario español ABC.

Benedicto XVI apunta por una parte a los “procedimientos para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio (y) la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios”. Pero también lanza duros dardos contra el episcopado por la “preocupación de cuidar el buen nombre de la Iglesia para evitar escándalos” y la “tendencia de la sociedad a favorecer al clero y a otras figuras de autoridad”. Por ello, hacia el final se dirige directamente a los obispos a los que acusa de haber fallado “a veces gravemente a la hora de aplicar las normas codificadas” sobre los delitos de abusos de niños y los llama a hacer “un examen de conciencia personal, de purificación interna”, para restablecer el respeto del pueblo irlandés.

 

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