Caso de renuncia de obispo nigeriano marca nuevo giro del Papa

En julio acusó a los opositores del obispo nigeriano Peter Okpaleke de “querer destruir la Iglesia”, pero, sorpresivamente, el lunes aceptó su salida.

“Cualquiera que se oponga a que el obispo Okpaleke tome posesión de su diócesis quiere destruir la Iglesia y está en pecado mortal”, señaló el Papa en junio pasado en un mensaje enviado a los sacerdotes de la diócesis de Ahiara, en Nigeria, para poner fin a los más de cinco años de disputa entre el prelado y los fieles de la ciudad. En esa ocasión el Pontífice incluso les había ordenado a todos los sacerdotes de la localidad que le enviaran una carta disculpándose por las protestas y solicitándole su perdón. “Quien no lo haga será suspendido de inmediato a divinis y perderá su puesto”, agregó el Papa.

Ocho meses después, sin embargo, el panorama cambió radicalmente. El lunes pasado se conoció, en un escueto comunicado de la Sala de Prensa, la decisión del Pontífice de aceptar la renuncia del obispo Peter Okpaleke y nombrar en su lugar un administrador apostólico, poniendo fin a los más de cinco años de conflicto. Como señala el corresponsal en Roma de la revista estadounidense National Catholic Reporter, Joshua McElwee, “se trata del segundo giro importante del Papa sobre un obispo local en las últimas tres semanas”. Ello, en referencia al cambio de posición mostrado frente al caso del obispo de Osorno, Juan Barros, con el envío de un investigador especial a Chile.

La polémica por el caso del obispo Peter Okpaleke estalló inmediatamente después de su designación en 2012 por parte del Papa Benedicto XVI. En este caso, sin embargo, la disputa no está ligada a una situación de abusos como en el asunto del obispo Barros, sino a una disputa étnica. La comunidad local rechazó la designación de Okpaleke porque el prelado pertenece a la etnia Ibo, que es minoritaria en la zona y no a la Mbaise que es mayoría. Por ello, tras conocerse la designación se desataron protestas. Finalmente el obispo sólo pudo ser consagrado en mayo de 2013, casi un año después de ser nominado y se hizo fuera de la diócesis.

Desde entonces Okpaleke no había podido tomar posesión de su cargo y residía en otra ciudad. El Papa había tenido que nombrar, incluso, como administrador apostólico en Ahiara al cardenal John Onaiyekan, arzobispo de Abuya. En junio, Onaiyaken junto a un grupo de obispos y sacerdotes nigerianos fueron recibidos en Roma por el Papa. Fue entonces cuando el Pontífice ordenó a los religiosos que se oponían a la designación que se disculparan y los acusó de querer destruir la Iglesia. Incluso aseguró haber tenido la intención de suprimir la diócesis, según el texto del discurso difundido después, “pero luego pensé que la Iglesia es madre y no puede abandonar a tantos hijos como ustedes”. “Tengo un gran dolor por esos sacerdotes manipulados”, aseguró Francisco.

El lunes, el Vaticano no detalló las razones del cambio de opinión del Papa, pero ese mismo día la Congregación para la Evangelización de los Pueblos -que tiene competencia sobre las diócesis de Nigeria- sacó un comunicado en el que llama a los sacerdotes involucrados a “reflexionar sobre el grave daño infligido a la Iglesia y expresa su esperanza de que nunca más se repita esa irracional acción de oponerse a un obispo legítimamente designado por el Papa”. El texto, agrega que 200 sacerdotes le escribieron al Papa pidiendo disculpas -como éste lo había ordenado- pero no aclara cuántos no lo hicieron. Sin embargo, precisa que se decidió no proceder con la sanción canónica anunciada contra aquellos que no se mostraron arrepentidos.

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