Franceses salen a las calles para desafiar las reformas de Macron

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Más de 320 mil personas se manifestaron hoy en contra de dos reformas clave anunciadas por el gobierno: la del servicio público y la del sector ferroviario.


"Francia no es un país reformable. Muchos lo han intentado y no lo lograron, porque los franceses odian las reformas", expresó el Presidente francés Emmanuel Macron en agosto del año pasado, durante una visita a Rumania.

Hoy, el eco de aquella frase vuelve a retumbar. Los franceses salieron hoy masivamente a las calles para mostrar su descontento hacia dos reformar recientemente anunciadas: la del servicio público y la del sistema ferroviario.

Se trata de la primera prueba social de este año para el Presidente francés -luego de ganar la batalla de la reforma laboral el año pasado- con dos protestas distintas que paralizaron varios sectores del país. El Ministerio del Interior cifró en 323.000 las personas que se manifestaron en las cerca de 180 protestas registradas en toda Francia, mientras que los sindicatos aseguraron que la participación alcanzó los 500 mil. Solo en París, se movilizaron 47.800 personas. La masiva protesta se vio en parte manchada por los enfrentamientos violentos entre los manifestantes y la policía. En la capital, encapuchados lanzaron proyectiles contra los policías, que respondieron con chorros de agua y gas lacrimógeno.

Durante la semana ya se había informado que algunos servicios sufrirían trastornos por la huelga: solo el 40% de los trenes de alta velocidad circuló y el 30% de los vuelos fue cancelado.

Siete de los nueve sindicatos del servicio público hicieron un llamado a la movilización de hoy para protestar contra la reforma de la función pública y el anuncio del gobierno galo el 1 de febrero, sobre un plan de retiro voluntario para ese sector. Su objetivo es recortar 120.000 empleos en cinco años, lo que le permitiría un ahorro estatal de 4.500 millones de euros. Dentro de esta reforma, el gobierno también considera el congelamiento de los sueldos y la restauración del día de ausencia, que establece que el primer día de licencia por enfermedad no se paga. La polémica radica en que esta norma fue presentada inicialmente en enero de 2012, cuando Nicolas Sarkozy estaba en el Palacio del Elíseo y, posteriormente, fue removida por su sucesor, François Hollande, en enero de 2014.

"Estamos aquí solo para mantener nuestros derechos. Ni siquiera pedimos un aumento salarial, incluso si ganamos solo un poco más que el salario mínimo. Solo queremos los medios para hacer nuestro trabajo correctamente", expresó al diario Le Monde una asistente social que participaba en la protesta en París. "No había venido a protestar hace mucho tiempo, pero las últimas medidas fueron la gota que rebalsó el vaso", dijo Laurence, quien trabaja en el sector de la educación, al diario Libération.

Reforma ferroviaria

Pero la medida que ha calado más hondo en un sector importante de la población francesa es la reforma a la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF). Muchos recuerdan como una pesadilla la masiva huelga de la red de trenes en 1995, cuando el tráfico ferroviario quedó prácticamente paralizado durante semanas debido a que los sindicatos se opusieron a cambios en el sector de transporte y sus jubilaciones.

Pero a Macron parece no inquietarle el descontento social generado por sus reformas, especialmente luego de que lograra aprobar la legislación relativa al Código Laboral tras una serie de manifestaciones sociales.

A fines de febrero, el primer ministro francés, Édouard Philippe, anunció un plan que contempla suprimir, para los nuevos contratados, las actuales ventajas laborales de los ferroviarios, detalladas en el estatuto de ese gremio. De la misma forma que lo hizo con la reforma laboral, el gobierno francés propone hacerlo por la vía rápida de las ordenanzas legislativas o decretos. Así, los nuevos funcionarios del SNCF se regirán por el derecho laboral del resto de los franceses, y no por el estatuto de los ferroviarios que, entre otras cosas, les garantiza un empleo vitalicio y permite la jubilación 10 años antes que el resto de los trabajadores del país.

Pareciera que ninguna reforma le saldrá gratis al Presidente francés. Un joven que participaba en la manifestación expresó a Libération que "el gobierno ha abierto demasiados frentes a la vez, entre ferroviarios, servicios públicos, jubilados". "Si todos juegan el juego, puede doler", advirtió.

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