Gabriel Puricelli, sociólogo del Laboratorio de Políticas Públicas: “En Argentina hay un movimiento feminista creciente”

Estudiantes argentinas en toma a favor del aborto.

Experto argentino sostienbe que la primeras manifestación Ni Una Menos "instaló en el debate público la necesidad de políticas activas para proteger a las mujeres".


A fines de mayo y con una aplastante victoria del “sí”, Irlanda, uno de los países más católicos de Europa, aprobó días atrás la despenalización del aborto. Lo anterior, para el sociólogo argentino del Laboratorio de Políticas Públicas, Gabriel Puricelli, marcó un precedente que para el debate que en su país viene acompañado de una alta efervescencia social.

Después de tantos intentos por legalizar el aborto en Argentina. ¿Por qué ahora sí y antes no?

Primero, en Argentina hay un movimiento feminista creciente desde la primera manifestación Ni Una Menos, que instaló en el debate público la necesidad de políticas activas para proteger a las mujeres. Este movimiento ha adquirido una envergadura tal, que ha hecho imposible que las instituciones democráticas sigan cerradas. La opinión pública le mostró al Presidente Macri la conveniencia de que habilite este debate. Seguramente será el primer paso de una insistencia que vendrá en plazos breves porque al igual que en Irlanda es cuestión de tiempo hasta que se legalice el aborto.

¿Está preparada la sociedad argentina para este tipo de leyes?

Las encuestas indican que la posición a favor es mayoritaria, y que más que un problema, la sociedad tiene relativamente resuelto este debate.

¿Dice algo que el país del Papa busque el aborto?

Es una situación curiosa, por su puesto. Pero la opinión pública favorable a la legalización precede a la elección de (Mario) Bergoglio como Papa. Argentina es una sociedad secularizada hace mucho tiempo. Una sociedad donde el catolicismo sigue siendo muy mayoritario como creencia, pero donde cada vez más, los católicos son capaces de separar sus convicciones íntimas y su práctica religiosa de su condición de ciudadanos. La aprobación de esta ley seguramente va a ser un trago amargo para la jerarquía de la Iglesia Católica, pero no creo que menoscabe el liderazgo religioso. La Iglesia o grupos cercanos, han desplegado una estrategia muy agresiva en las últimas semanas. Aunque al mismo tiempo, el papel público del Papa Francisco sobre este debate ha sido bastante discreto. La intervención de la Iglesia se ha dado más bien a nivel de base.

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