La Tercera

El incierto escenario en Venezuela tras el anuncio de comicios

El Presidente venezolano, Nicolás Maduro, saluda a simpatizantes durante un acto oficialista en Caracas, el miércoles. Foto: AFP

Las elecciones presidenciales en Venezuela se realizarán el próximo 22 de abril, meses antes de lo programado y en un escenario de gran incertidumbre. Mientras la oposición prepara una nueva estrategia para enfrentar a Nicolás Maduro, el oficialismo afina su campaña para lograr que sus comicios sean reconocidos ante el mundo.

Se acabó la gran incógnita que rodeó el futuro político de Venezuela. El miércoles y luego que el diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición entrara en lo que se calificó como “receso indefinido”, el órgano electoral entregó la fecha en la que los venezolanos podrán acudir a las urnas a elegir a un nuevo mandatario: el 22 de abril. A pesar de que los comicios tradicionalmente se han realizado en el mes de diciembre, el adelanto de las elecciones no fue una gran sorpresa.

La Asamblea Nacional Constituyente, órgano oficialista que ha regido el país desde su polémica instalación en agosto, ya lo había decretado a fines de enero, al anunciar que los comicios debían realizarse antes de que se acabara abril.

La movida resultó ser un gran golpe para la oposición venezolana, aglutinada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que en los últimos días intentó sin éxito llegar a un acuerdo que le diera tiempo de preparación. Así, la movida chavista la deja, en cambio, sin grandes espacios para maniobrar. La alianza opositora, que no cuenta con un líder político potente que pueda representarlos (los más populares están inhabilitados, exiliados o encarcelados), tendrá solo 17 días para hacer campaña (del 2 al 19 de abril).

Esto si es que decide ir a las urnas, porque la MUD se enfrenta ahora a una nueva encrucijada al tener que establecer si participa o no de una elección presidencial que es vista tanto al interior como al exterior del país, como un proceso que levanta sospechas por su falta de transparencia.

En el caso de no participar, la MUD buscará fragmentar la administración de Maduro llamando a sus bases a la abstención. Para eso deberán dejar atrás las divisiones que se evidenció en 2017 y formar un frente unido contra el oficialismo, según concuerdan los analistas.

“Algo que es tarea pendiente es definir bien la unidad y rescatar esa capacidad de generar acuerdos, de generar una hoja de ruta que le pueda dar claridad al país, que se sepa quienes son todos los que están amarrados a esa hoja de ruta. Eso va más allá de las elecciones. Ese es su gran reto”, aseguró a La Tercera el analista político y director de la encuestadora Delphos, Félix Seijas.

La dirigencia opositora dio señales de tomar este camino. “Somos como esos boxeadores que hemos recibido tantos golpes que estamos aturdidos”, aseguró el diputado opositor Julio Borges, llamando a la oposición a unirse tras el adelanto de las elecciones. “Sin unidad, estamos muertos. Podemos cometer el error más grande del mundo, pero si estamos unidos ese error puede convertirse en un paso más. Podemos tener todos los aciertos del mundo, pero divididos esos aciertos no significan nada”, dijo.

El partido político del líder opositor Leopoldo López, Voluntad Popular (VP), instó a los adversarios de Maduro a “definir un solo líder”. “Ahora más que nunca es tiempo de una política unitaria que nos permita definir un solo líder que encabece a todos los sectores en la lucha por condiciones electorales, y que a su vez pueda ser la expresión electoral en el momento adecuado para sustituir a la dictadura”, señaló a través de una carta el diputado de ese partido, Luis Florido.

En ese sentido, la oposición no tiene el camino muy despejado. Leopoldo López, está con arresto domiciliario y el ex candidato presidencial Henrique Capriles está inhabilitado para ejercer cargos públicos.

Antes de que se revelara la fecha de los comicios, los nombres que ya se perfilaban como aspirantes eran el del ex gobernador de Lara, Henri Falcón, el líder de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, el académico Claudio Fermín y el líder del partido opositor La Causa R, Andrés Velásquez. Desde los círculos de Primero Justicia también se estuvo considerando una candidatura de Julio Borges y el de Juan Pablo Guanipa. Pero el nombre que parece entusiasmar más a los venezolanos es el de Lorenzo Mendoza, el presidente de la compañía más grande del país, Empresas Polar, quien no ha entregado ningún indicio de querer involucrarse en la política.

“Cable de salvación”

Por otro lado, y a pesar de tener las cartas a su favor, el gobierno de Maduro también deberá sortear una serie de desafíos en momentos en que la economía se deteriora con rapidez. Según explicó Seijas, su mayor desafío será realizar una elección que sea reconocida para “bajar las sanciones y poder crear algún tipo de cable de salvación”. “Lanzarse a una elección que puede no ser reconocida por la comunidad internacional, le generaría un problemón porque no solo la Asamblea Nacional Constituyente no sería reconocida sino que el propio Ejecutivo. Prefieren enfrentar eso ahora que a finales de año en medio de una situación económica terrible, que es lo que viene”, aseguró el analista.

Maduro intentó entregar muestras de contención, asegurando que su país está abierto “a todas las garantías necesarias” y a “recibir a todos los observadores internacionales que quieran venir”, según dijo en Twitter, donde agregó: “Más que a inspeccionar, podrán aprender del impecable sistema electoral que hemos construido”. Asimismo, manifestó estar dispuesto a continuar el diálogo si la oposición suscribe el texto que surgió de las tratativas en República Dominicana. “Hago una invitación a los partidos de la MUD a que firmen el acuerdo. Si hay nuevos temas, los seguimos conversando”, señaló.

En tanto, el resto del mundo no le da tregua al gobierno de Venezuela y son varias las instancias que buscan imponerle sanciones diplomáticas y económicas, las que aumentarían la presión financiera sobre el país. El secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, anunció el miércoles un acuerdo con Canadá y México para formar un grupo de estudio que analice cómo mitigar el impacto en la región ante una eventual imposición de sanciones petroleras a Venezuela. El domingo en Argentina, Tillerson informó que estaba estudiando la prohibición de que Venezuela exporte petróleo a EE.UU., o que este último país le deje de vender crudo o productos refinados a Venezuela. Aquello generaría un gran impacto económico no solo en Venezuela, sino que también golpearía a los países caribeños miembros de Petrocaribe, acuerdo creado en 2005 por Hugo Chávez con el fin de facilitar el acceso de los países miembros al mercado de hidrocarburos. Con ello, los miembros de Petrocaribe pueden financiar la compra de petróleo con bajas tasas de interés. El miércoles, Tillerson visitó Jamaica, país miembro de Petrocaribe, para discutir las posibles consecuencias. México, por su parte, se mostró preocupado por unas eventuales sanciones. Su secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, señaló que “México no va a imponer sanciones petroleras a ningún país”, y que el grupo técnico era “para evaluar”.

Perú, asimismo, convocó para el martes al Grupo de Lima, con miras a evaluar medidas ante la decisión de Venezuela de llamar a elecciones anticipadas.

Europa también busca extender las sanciones ya impuestas al “número dos” del chavismo, Diosdado Cabello, y a otros dirigentes chavistas. Esta vez, el Parlamento Europeo pide sanciones a Maduro y al vicepresidente, entre otros, además de la estatal Petróleos de Venezuela.

Por otra parte, la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, abrió una investigación preliminar sobre Venezuela por la “fuerza excesiva” de la policía para “dispersar y reprimir manifestaciones”.