El Movimiento 5 Estrellas enfrenta un momento crucial en Italia

El candidato del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) Luigi Di Maio cerca de Nápoles, la semana pasada.

El partido populista sería, según los sondeos, el más votado en los comicios del 4 de marzo, pero en las últimas semanas ha debido sortear acusaciones de corrupción.


En 2013, un arrasador Movimiento 5 estrellas (M5S) consiguió captar el voto de más de 8 millones de italianos, ilusionados con un futuro mejor. En este momento, este partido de corte populista no tenía ni candidato y sus propuestas no iban más allá de la protesta y la crítica contra la Unión Europea. Pero ganaron y durante estos cinco años conquistaron 45 alcaldías- entre ellas Roma y Turín-, 15 parlamentarios europeos, 92 diputados, 36 senadores y 1.700 concejales.

Ahora, a dos semanas de las elecciones generales, la formación mantiene su popularidad, pero atraviesa una de las peores crisis de su historia.

Con la muerte de uno de los fundadores – Roberto Casaleggio- en 2016, la ausencia del líder Beppe Grillo durante esta campaña y la revelación sobre el fraude de 1,4 millones de euros cometido por algunos parlamentarios, el M5S afronta unas de las elecciones más inciertas de los últimos años. Por el momento, solo la coalición de derecha formada por el partido de Silvio Berlusconi, Forza Italia, así como los xenófobos de la Liga Norte y los neofascistas de Hermanos Italia, parece ser capaz de hacerle frente.

El viernes fue el último día en el que se podían difundir previsiones sobre intención de voto en Italia y según los sondeos, pese a que el M5S sacaría un 28,7%, la alianza de partidos de centroderecha liderada por Berlusconi lograría ganar las elecciones del 4 de marzo sumando un 35%. Sin embargo, es un porcentaje insuficiente para gobernar, ya que la ley establece que es necesario superar el umbral del 40%.

El Movimiento 5 Estrellas, fundado sobre la idea de honestidad y combate de la corrupción sistemática de los partidos políticos, sigue siendo, sin embargo, la colectividad favorita de casi un tercio de los italianos.

Pero el escándalo del fraude masivo dentro del partido los ha puesto en una encrucijada. Diez de sus políticos habrían realizado una serie de maniobras para devolver parte del dinero de su retribución pública, tal y como exige su normativa interna, pero se lo habrían quedado. Al respecto, el joven candidato a primer ministro, Luigi Di Maio, de 32 años, prometió deshacerse de “las manzanas podridas” y “limpiar” la formación.

Sea como sea, los principales partidos de la oposición no dudaron en utilizar el escándalo para hacer campaña e intentar desacreditar al M5S. El martes, el ex primer ministro y candidato del Partido Democrático, Matteo Renzi, le recordó a Di Maio que aunque “decían que solo ellos son honestos, se demostró que son como cualquier otro partido: tienen personas honestas y ladrones”.

Así, las elecciones legislativas se presentan con un electorado dividido de forma prácticamente equivalente entre los tres bloques políticos – centro izquierda, derecha y Movimiento 5 Estrellas- y una sensación de incertidumbre. Sin una mayoría parlamentaria homogénea, los analistas advierten que será difícil gobernar el país de forma estable. Ello quedó demostrado durante esta legislatura, que empezó de forma incierta tras la abrupta salida de Renzi y la permanente inestabilidad del sistema político italiano. Como una suerte de déjà vu, Berlusconi podría retomar el poder y el populista M5S hacer una revisión de sus propuestas y estructura.

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