Rosa María Payá, activista cubana: “Lo que necesitamos no es un candidato dinástico”

La disidente sostiene que “no hay nada que esperar” tras la sucesión presidencial en Cuba. “Lo que se necesita es un proceso de transición real”, plantea.


Hija del fallecido activista político cubano Oswaldo Payá, Rosa María Payá, es una de las voces más escuchadas entre la disidencia cubana. Payá, que viajará a Santiago en mayo para participar en el encuentro Solidaridad Democrática que organiza el Forum 2000 y la Fundación para el Progreso -para analizar la situación de la democracia en América Latina- respondió las preguntas de La Tercera tras los cambios anunciados en Cuba. Esta defensora de los derechos humanos considera que no habrá ningún cambio sustantivo en la isla tras el arribo de Miguel Díaz-Canel.

¿Qué espera la disidencia cubana del sucesor de Raúl Castro?

No hay nada que esperar, al menos no en la dirección de la democracia. Díaz-Canel fue designado por Raúl Castro como parte del llamado cambio fraude de la dictadura. Una estrategia de limpieza de imagen para mantener el poder real y los recursos en las manos de la familia Castro y el grupo de generales dueños del conglomerado de empresas militares, las únicas en Cuba. Por otro lado, hay muchas reformas que los usurpadores del poder pueden hacer para lavarle la cara al castrismo mientras continúan excluyendo a la ciudadanía e impidiendo el proceso de transición democrática, este solo comienza cuando el pueblo puede participar de manera efectiva, como pretendemos con la campaña de Cuba Decide.

¿Qué referencias tiene de Díaz-Canel?

Díaz-Canel es un “hombre de Raúl” sin poder real sobre el Ejército ni el aparato de inteligencia, entidades que permanecen bajo el control de la familia Castro, al igual que el Partido Comunista de Cuba. Raúl Castro continuará dirigiendo este partido único que, según la constitución impuesta en Cuba, “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Es decir que el nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros es, en el mejor de los casos, un administrador con pocos grados de libertad.

¿Usted esperaría un cambio en la política que ha tenido el gobierno cubano respecto de la disidencia?

No hay razones para esperar una actitud de reconocimiento o respeto de la diferencias o de la diversidad de la sociedad cubana, ni de los derechos humanos de los ciudadanos. El poder del Estado castrista es por naturaleza represivo porque es a través del ejercicio de la violencia y la implantación del miedo que puede sostenerse. El “nuevo gobierno” no ha sido escogido por los ciudadanos, no emana de la voluntad popular, es la continuidad de la dictadura y solo puede sobrevivir como tal a través de la represión. Evidencia de lo anterior es el show de odio protagonizado por delegación castrista en Lima, que estaba en su mayoría integrada por delegados de la “nueva Asamblea Nacional”. Como quedo captado por todas las cámaras presentes, intentaron impedir a golpe de gritos y ofensas la cumbre de Sociedad Civil para que no se escuchara nuestro mensaje como cubanos libres.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta el nuevo Presidente cubano?

La dictadura se encuentra muy débil, es un momento de gran vulnerabilidad porque es evidente que no posee ninguna legitimidad democrática y a nivel internacional se le hace cada vez más difícil a sus cómplices continuar defendiéndolo. Sin embargo, el mayor desafío lo tenemos como pueblo cubano porque lo que queremos y lo que necesitamos no es un candidato dinástico, sino cambiar el sistema para que se reconozcan todos los derechos, comience un proceso de transición real y comience a celebrarse por primera vez en Cuba de manera periódica, elecciones libres, justas y plurales. Para ello es necesario invalidar esa constitución anti derecho a través de la realización de un plebiscito vinculante como propone la iniciativa ciudadana Cuba Decide.

¿Qué posición espera que adopten los países de América Latina respecto del cambio de mando?

Las democracias de Las Américas en solidaridad con el pueblo cubano, deberían desconocer el proceso de votaciones de candidaturas únicas realizado por la dictadura, no reconocer como legítimos y supuestamente electos a los nuevos delegados de las Asamblea Nacional, al nuevo Consejo de Estado ni a su Presidente por no representar ellos la voluntad popular y no ser la expresión de una manifestación libre y democrática. Y apoyar al pueblo cubano en su derecho a cambiar el sistema.

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