Viaje a Santa Clara, la cuna política de Miguel Díaz-Canel

Miguel Díaz-Canel y su esposa, Lis Cuesta, durante la elección de candidatos para las asambleas nacionales y provinciales, en Santa Clara, el 11 de marzo. Foto: Reuters

En la ciudad recuerdan al nuevo Presidente de Cuba como un dirigente de “pelo largo” y abierto al diálogo.


Santa Clara confirmó este jueves una noticia esperada durante meses. Miguel Díaz – Canel, oriundo de la ciudad del Ché Guevara, se convirtió en el nuevo Presidente. Una sensación de orgullo indisimulado recorrió la ciudad, tanto para quienes defienden la Revolución a capa y espada, como para quienes piden cambio.

El nuevo líder cubano vio despegar su carrera política como secretario del partido en Villa Clara durante los años 90, los más duros que se recuerdan en Cuba, cuando la desaparición de la Unión Soviética provocó un gran desabastecimiento.

Díaz – Canel eligió la cercanía con los ciudadanos como método para superar la adversidad: “Él iba al parque y comía las mismas hamburguesas que comíamos nosotros y bebía los mismos refrescos instantáneos que bebíamos nosotros”, apunta Joel Yu, jubilado y ex trabajador de una fábrica de cigarros.

Yu cree que la elección de alguien nacido tras el triunfo de la Revolución puede ser un viento de aire fresco, pero aboga por mantener la política cubana de los últimos años: “Los cubanos de a pie, los cubanos humildes, trabajadores… no apostamos por un cambio de sistema. Apostamos por un cambio, pero no de sistema”.

A pocos metros de la plaza central de Santa Clara está el que probablemente sea el centro cultural más famoso de Cuba. ‘El Mejunje’ abrió en los años 80 con una propuesta difícil de entender en la época: no discriminar según la orientación sexual ni gustos musicales. Pronto se convirtió en un incómodo refugio para gays, rockeros y hippies.

Díaz – Canel apoyó decididamente el lugar, llevando a sus hijos a los espectáculos musicales: “En ese momento los padres que vinieron aquí contribuyeron mucho a que realmente la gente entendiera la grandeza del mejunje y de la inclusión”. Cree que el nuevo Presidente se gana a la gente por su cercanía: “Era un hombre que andaba en bicicleta en las calles. Tenía un diálogo muy abierto. Era el dirigente de pelo largo. De dirigir en la calle, de hacer visitas sorpresivas a los centros de producción a ver cómo iban funcionando”, rememora.

El nuevo Presidente cubano fue poco a poco ascendiendo, de manera discreta, en las filas comunistas. No es muy amigo de las entrevistas. Trabajó como primer secretario del Partido en Holguín, antes de ser llamado a La Habana por Raúl Castro, a finales de la década pasada, para convertirse en ministro de Educación Superior. De ahí pasó a la Vicepresidencia, el último escalón antes de convertirse en el jefe del máximo órgano de gobierno.

“Hoy Cuba no tiene mejor representante que Díaz Canel. Es un hombre grande de tamaño, que inspira respeto. Pero tiene buen carácter. Es además muy culto, hasta el punto de que se le respeta por ello”, señala el ingeniero José Luis Sarisibia. “Es una cosa muy buena que el poder socialista comience a renovarse y que no nos suceda lo que nos sucedió a los soviéticos, que envejecieron los líderes en el poder y no fueron capaces de introducir nuevas figuras”, añade.

No todos están de acuerdo. Manuel Molina pide “votar como se vota en todo el mundo”, es decir, una persona, un voto. “Mi futuro y el de mi familia es continuar luchando. No para que haya un cambio, eso no va a ocurrir. Somos un país que estamos prácticamente sometidos a un régimen que no sale de ahí. Y eso no cambia”, lamenta. “Yo si pudiera votar votaría por Díaz Canel, claro, porque me gusta. Pero no puedo”, añade.

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