Alejandro Goic Karmelic, obispo de Rancagua: "He presentado mi renuncia indeclinable al Consejo de Prevención de Abusos"

AlejandroGoicWEB
El obispo de Rancagua, Alejandro Goic.

El prelado analiza y proyecta la compleja situación en su diócesis. Subraya que hasta ahora solo un sacerdote está investigado por eventuales abusos. Y cuenta que dejará el órgano de prevención de la Conferencia Episcopal para dedicarse por completo a su comunidad.


"Hoy, más que nunca, necesitamos fortalecernos como comunidad eclesial, en la oración, en la eucaristía, en la caridad y en la verdad". Así comienza planteándose el obispo de Rancagua, Alejandro Goic Karmelic, respecto de lo que ocurre en esta diócesis. Sus cercanos aseguran que se ve cansado. Abrumado. Que llega temprano y se va tarde de la sede obispal. Que luce afectado. Pero también con dedicación absoluta.

Hace poco más de una semana, el viernes 18 de mayo, un reportaje de T13 dio a conocer que un grupo de sacerdotes de esta zona supuestamente incurría en conductas "cuestionables". Se habló de posibles ilícitos. El tema cayó como una bomba, al destaparse justo cuando todos los obispos venían llegando del Vaticano, de una reunión donde el Papa Francisco les enrostró su lejanía con los feligreses y su mal manejo en el tratamiento de denuncias de abuso.

En los días siguientes, Goic analizó el tema y suspendió a 14 sacerdotes, mientras se aclaran las eventuales responsabilidades. Solo uno de ellos por eventual abuso. Frente a lo sucedido, el prelado, quien también se desempeña como presidente del Consejo Nacional de Prevención de Abusos Sexuales a Menores de Edad y Acompañamiento a Víctimas, de la Conferencia Episcopal, analiza las proyecciones de este capítulo.

Se han dicho muchas cosas en relación a lo que se vive en la Iglesia en la zona. Que había una supuesta "cofradía" con conductas impropias, que hubo posibles abusos, que había también irregularidades monetarias. A su juicio, ¿esto refleja la verdadera situación que se vive en la diócesis de Rancagua?

La situación es que tenemos a un sacerdote restringido en su ministerio y que tiene denuncia formal por eventual abuso a menores. Los otros 13 sacerdotes, que hasta ahora aparecen mencionados, se están investigando por uso de dinero parroquial en gastos personales o por conductas impropias en relación al celibato, que no corresponden con su misión sacerdotal.

A la luz de lo que ahora se conoce, ¿pudo usted haber detectado antes esta trama o fue engañado por sus sacerdotes?

Estas actividades no eran conocidas y yo no fui capaz de darme cuenta, si es que hubo signos visibles. Hoy tengo que reconocer que en eso fui poco cuidadoso. Pero hay que decir con toda claridad: esto ocurre en algunos sacerdotes. Hay una gran mayoría que sigue cumpliendo su ministerio con fidelidad al Señor, con amor a la gente a la que sirven y con dedicación a su misión.

¿En qué situación están los sacerdotes que están siendo investigados eclesialmente?

De ellos, solo uno, Luis Rubio Contreras, está denunciado por abuso de menores, y sus antecedentes han sido entregados a la justicia civil y enviados a la Santa Sede. Para otros, se ha abierto la correspondiente investigación previa para esclarecer si los hechos y sus circunstancias son constitutivas de delitos, y así discernir el procedimiento canónico correspondiente de acuerdo a la gravedad de los mismos. Habrá que ver si son delitos más graves, que ameritan la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, o si me corresponde a mí sancionar en los demás casos.

De lo que ha visto y escuchado, ¿cuál es el sentir de la comunidad?

La denuncia pública, hecha por el canal de televisión, ha dejado la impresión de que todos los sacerdotes hubieran cometido el mismo delito. Eso no es así y ha provocado mucho dolor. Esta situación por cierto que es grave. He decidido acompañar a la comunidad parroquial de Paredones, para lo cual me trasladaré este domingo 27 (mañana) hasta allá y espero tener la posibilidad de reunirme con ellos, y ojalá también con integrantes de algunas capillas de la zona.

¿Ha pensado renunciar al Consejo de Prevención de Abusos del Episcopado?

He presentado mi renuncia indeclinable al Consejo. Necesito concentrar todas mis energías en la diócesis para esclarecer todos estos lamentables hechos, con mis hermanos sacerdotes, apoyando a todas las comunidades, en especial a las que más han sufrido y han quedado sin su párroco. Me duele mucho, y muy sinceramente, abandonar el Consejo, pero creo que ellos comprenderán esta decisión y me ayudarán, para hacerme cargo de lo que me corresponde en este momento. Por lo demás, se ha constituido un equipo sólido, muy profesional y competente, que sin duda continuará aportando su idoneidad para acoger y acompañar a las víctimas de este horrible mal. Con ellas y ellos hemos llegado a formar un equipo de trabajo en el que tenemos una hermosa amistad y confianza.

¿Esto podría acelerar la aceptación de su renuncia como obispo diocesano por parte del Papa?

Hace tres años que el Papa Francisco tiene en sus manos mi renuncia, y poco tiempo después me pidió continuar. Solo puedo decirle que eso depende de él, sobre todo ahora, que todos los obispos pusimos nuestros cargos a su disposición.

¿Cuál es su sentimiento en este momento, ya más cerca del retiro?

Creo que esta durísima situación que he debido vivir traerá efectos positivos para la Iglesia. Yo le he entregado mi vida a ella. Pongo todo mi empeño, mi cariño y mi dedicación en hacer de esta experiencia algo que ayude a la construcción del Reino de Dios entre nosotros. Quiero dar mi apoyo, cercanía y cariño a todos los sacerdotes de mi diócesis; acompañarlos en la medida de mis limitadas posibilidades. Muchos de ellos están sufriendo injustamente. Mientras esté en esta responsabilidad, gastaré toda mi energía en buscar la verdad, priorizando a las víctimas. El seguimiento de Jesús implica muchas veces la cruz, el sufrimiento, la incomprensión, que para los creyentes son el camino a la resurrección y a la vida.

¿Se ha sentido acompañado?

La labor del obispo está muy cargada de soledad, pero he tenido el privilegio de compartir con obispos, sacerdotes, laicos y religiosas, cuya dedicación, compañía, colaboración y apoyo han sido muy valiosos para hacer de esta grave y dura situación un momento de crecimiento. He recibido expresiones de adhesión desde todo el país, en especial desde los lugares en que he trabajado: Magallanes, Concepción, Talca, Osorno, Santiago y Rancagua. También he recibido mensajes electrónicos muy duros, que espero responder oportunamente, porque comprendo la rabia que ellos expresan. Pido a todos los católicos que recen por las víctimas, por los sacerdotes acusados y por los que sin acusación están sufriendo injustamente. Todos necesitamos más que nunca la fortaleza de la oración y renovar la confianza en Dios. Les pido también que recen por mí, para que no desfallezca en la búsqueda de la verdad, por muy dolorosa que sea.

¿Tiene certeza de que haya habido abuso?

En primer lugar, quiero expresar con claridad mi determinación a esclarecer toda situación que deba ser investigada. Es necesario actuar con máximo rigor y hacerse cargo de todas las denuncias que se han presentado. En Rancagua, hasta ahora, solo sabemos de un caso en que los antecedentes fueron enviados a la Santa Sede y ya han sido presentados a la justicia civil. Otros casos, que incluyen faltas a la vida sacerdotal, que no son de los delitos más graves, una vez concluida su investigación y verificado que así ocurrió, serán sancionados según las normas de la Iglesia. En este caso corresponde hacerlo al obispo.

El Papa cuestionó la destrucción de documentos relevantes. ¿Sabe dónde ocurrió eso?

No tengo ninguna constancia de que eso haya ocurrido aquí en mi diócesis. En verdad, no tengo información más concreta, salvo lo que nos hizo saber el Papa Francisco en el documento que nos entregó en Roma, y que es de conocimiento público.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.