Dormir bajo cero en las calles y plazas de Santiago

Un grupo de personas en situación de calle, en el acceso sur de la Autopista del Maipo. Foto: Mario Téllez

Hay más de 12 mil personas que viven en la calle en Chile según cifras oficiales. Una de ellas, Luis Saavedra Silva, murió en la comuna de San Miguel, presumiblemente por el frío que se vivió en la madrugada de este martes. Hace cinco años había abandonado su casa.


Luis Saavedra Silva apareció muerto este martes en el sector Ciudad del Niño, comuna de San Miguel, presuntamente producto de una hipotermia. Pese a los intentos que hizo el Samu por reanimarlo, en la práctica estaba congelado y no tenía lesiones atribuibles a terceros, según el parte policial. Como muchos otros que pasaron la fría madrugada del martes, que llegó a los -1,5 grados bajo cero en Santiago Centro, Luis no llegó a alguno de los albergues dispuestos por los municipios y el gobierno. El hombre de 58 años había abandonado su casa de la población San Adriana, comuna de Lo Espejo, hacía más de cinco años, según recuerdan sus exvecinos.

“El Chocolo”, como lo apodaban de manera cariñosa, era una persona aparentemente tranquila, pero que dejó su hogar tras ser denunciado por violencia intrafamiliar y amenazas.

Si bien la muerte de Luis Saavedra es un caso particular, el Ministerio de Desarrollo Social, según su catastro, contabiliza, a junio de este año, a 12.416 personas en situación de calle a nivel nacional.

Sobrevivir bajo cero

La vida en la calle es habitual los 365 días del año, excepto cuando las causas climáticas provocan hechos lamentables como el caso que ocurrió con Luis Saavedra.

En el sector de Plaza Italia, Jorge Gutiérrez Palma, de 44 años, y su pareja, de 30, aprovechan de secar sus ropas y mantas al sol, que este martes despuntó sobre Santiago.

La carpa en la que pernoctan todas las noches, hace siete meses, aún tiene hielo a su alrededor producto de la granizada del lunes. Admiten que llegaron ahí porque ella no tenía ayuda de su familia, que la rechazó porque Jorge cuenta con un pasado delictual, que pagó con cárcel por un robo con intimidación en la comuna de Pudahuel.

“Vivía con mi mamá y mis cinco hermanos, porque mi papá la dejó por otra cuando yo tenía un año. Ya no pude contar más con él. Años después conocí a mi pareja y todos nos dieron la espalda”, relata ella, que optó por omitir su nombre. Como no tuvieron dónde vivir, decidieron hacerlo en la calle, donde sufren hambre y frío.

Jorge y su pareja cuentan que, generalmente los domingos, pasan “hermanos evangélicos que vienen a darnos té y pan”. Aunque saben que es difícil, debido a sus antecedentes y a su precaria condición económica, sueñan con una casa propia para dejarles a sus cuatro hijos, que están en custodia en la casa de la abuela materna, en Pudahuel.

“Aquí no hay futuro para los niños. Ojalá podamos tener algo para estar con ellos y dejárselos para cuando partamos, porque no es la idea darles una carpa y un plástico”, comentan.

Antes de llegar al sector de Plaza Italia, en Providencia, donde “machetean” (piden dinero) para sobrevivir y viven junto a una pileta donde lavan sus ropas, estuvieron en otras comunas, como Renca y Pudahuel, donde ella vivía con su familia.

Jorge seca su ropa y mantas tras la granizada del lunes. Foto: Andrés Pérez

Junto a la pareja se encuentra un tercer habitante del sector Plaza Italia. Daniel Avendaño Acevedo (52), como asegura que se llama, pese a no mostrar su carné de identidad, cuenta que le gusta vivir en la calle. “Es un sueño mío, una locura, porque me siento libre, nadie me manda y siento que soy yo mismo”, explica.

Daniel dice que el sueño más grande es que “la U salga campeón de la Copa Libertadores de América”.

Luego de unos minutos, se despide rumbo al comedor social Madre Emilia Gamelin de las Hermanas de la Providencia, que desde fines de los años 80 entrega almuerzo a personas que viven en situación de calle.

La sede, que se ubica en Condell 50, frente a la embajada de Francia, atiende de lunes a viernes a un promedio diario de 80 personas, las que en invierno aumentan hasta 90. En ese lugar les brindan comida caliente y té o café, además de ropa y frazadas, facilitando, además, la entrega de documentos y vacunas junto a diferentes entidades públicas y privadas.

Daniel está contento, porque las monjitas lo esperan con un rico menú, que es su favorito: un rico plato de lentejas calientes. A diferencia de Luis Saavedra, Daniel pasará esta noche en la Plaza Italia, donde habitualmente se celebran los triunfos de Chile.

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