La Tercera

La pasión

A horas de su aterrizaje en el país, La Tercera radiografía al Sumo Pontífice a través de una de sus principales filias, el balompié, desvelando además sus vínculos con el deporte rey en Chile. Esta es la historia íntima del hombre que bendecía el camarín de los Cuervos, del socio 88235 de San Lorenzo, de Jorge Mario Bergoglio, el Papa del fútbol.

A horas de su aterrizaje en el país, La Tercera radiografía al Sumo Pontífice a través de una de sus principales filias, el balompié, desvelando además sus vínculos con el deporte rey en Chile. Esta es la historia íntima del hombre que bendecía el camarín de los Cuervos, del socio 88235 de San Lorenzo, de Jorge Mario Bergoglio, el Papa del fútbol.

Es miércoles 22 de mayo de 2013 en Roma y un hombre se abre paso entre la multitud ataviado con una camiseta azul y grana. Camina a trompicones en dirección a un jeep descapotable que circula lentamente entre las hordas de turistas. Cuando al fin se encuentra a sólo algunos metros de distancia, levanta los brazos gesticulando airadamente hasta que el hombre de túnica blanca que viaja a bordo del vehículo se percata de su agitada presencia. Y lo mira fijamente a los ojos antes de describir con los dedos de la mano derecha dos números en el aire. El primero es un tres. El segundo, un cero. Y el mensaje cifrado, un resultado de fútbol. Un guiño celestial a una de las pasiones humanas más terrenas coronado con una expresiva carcajada final. Una espontánea muestra de complicidad entre dos personas que podría resultar trivial si no fuera porque el hombre que viaja en el jeep es desde hace menos de dos meses la máxima autoridad de la Iglesia Católica; porque la camiseta azulgrana en cuestión es la de San Lorenzo de Almagro, y porque hace apenas 10 días que los Cuervos de Boedo se impusieron a Boca Juniors en el torneo argentino por tres goles a cero.

Aquella insólita y divertida imagen, cuyos pormenores acabaría desclasificando, días más tarde, el propio Pontífice en una audiencia privada con los jugadores de otro equipo campeón, la Juventus, no tardó en viralizarse, humanizando la figura del nuevo Papa y acercándolo aún más a sus fieles. Sobre todo a los de San Lorenzo, que vieron en aquel gesto la prueba de fe definitiva que necesitaban, la confirmación de que Francisco era, en efecto, un hincha devoto del Ciclón. Pero hacía ya muchos años que su pasión había adquirido esa forma esférica.

Nacido el 17 de diciembre de 1936 en el barrio bonaerense de Flores, el fanatismo de Jorge Mario Bergoglio (81) por San Lorenzo -club fundado, por cierto, por el jesuita Lorenzo Massa- comenzó a gestarse a la edad de 10 años, acompañando a su padre, basquetbolista, al gimnasio de la institución y asistiendo a los partidos del equipo en el Viejo Gasómetro.

Pero no fue hasta fines de los años 90 que su declarada afición por el club empezó a adquirir mediática notoriedad. Sucedió en 1998, cuando el técnico entrante del equipo -el ex seleccionador argentino Alfio Basile- decidió expulsar a un cura del camarín de los jugadores en la previa de un encuentro de San Lorenzo. “Sácalo de acá, no quiero ver ni un cura”, le espetó aquel día el bueno del ‘Coco’ al entonces presidente de la entidad Fernando Miele, sin imaginarse, claro, que aquel clérigo que regularmente acudía a saludar a los futbolistas antes de los partidos y a bendecir aquellas dependencias, terminaría convirtiéndose, algunos años más tarde, en la máxima autoridad eclesiástica del planeta. Exactamente un decenio más tarde, el 1 de abril de 2008, sería el propio Francisco (entonces todavía Jorge, pero ungido ya arzobispo de la ciudad de Buenos Aires) el encargado de oficiar la misa del centenario del club en el Nuevo Gasómetro.

El verdadero punto de inflexión en la relación entre Jorge Bergoglio y el club de sus amores tuvo lugar, sin embargo, el 13 de marzo de 2013, cuando tras la renuncia al pontificado de Benedicto XVI, el argentino pasó a convertirse en el nuevo Papa de la Iglesia Católica. Fue entonces cuando San Lorenzo decidió honrar por fin a su hincha más mediático otorgándole un carné vitalicio de socio, el número 88235N-0, y diseñando una camiseta especial con su imagen grabada en el pecho. Y la resurrección deportiva del club -convicciones confesionales al margen- no se hizo esperar. El Ciclón comenzó a hacer honor a su sobrenombre aquel mismo año, logrando adjudicarse, apenas nueve meses después del nombramiento de Francisco como Sumo Pontífice, el torneo argentino tras una sequía de seis años. El técnico de aquel equipo era, curiosamente, un viejo conocido de la hinchada chilena y un católico devoto, el actual seleccionador de Arabia Saudita Juan Antonio Pizzi. “En diciembre de ese año fuimos una comitiva de unas 10 personas: Marcelo Tinelli, el presidente Lammens, el vicepresidente, algunos jugadores y yo como mánager, a entregarle el torneo de Argentina. Nos recibió en Santa Marta e hicimos una rueda todos alrededor de él contando historias, porque es un señor que está muy metido en el fútbol, que le gusta, que su pasión por San Lorenzo nunca la pierde. Y fue ese día cuando nos dijo que a ver si podíamos ganar la Copa Libertadores”, revela, en conversación con La Tercera, Bernardo Romeo, leyenda viva del cuadro azulgrana y hoy mánager del equipo.

Y el 13 de agosto de 2014 se produjo el milagro. San Lorenzo venció en Buenos Aires a Nacional de Paraguay por la cuenta mínima en el segundo partido de la final de la Copa Libertadores, convirtiéndose en monarca de América por primera vez en su historia. Y claro, tocó volver al Vaticano: “Evidentemente que fuimos nuevamente a ofrecerle la Copa Libertadores. Y están las dos en la vitrina. Tanto el torneo de 2013 como la Libertadores de 2014 están allá en el Vaticano”, explica Romeo, antes de condensar en una sola frase la importancia que el Papa Francisco ha tenido -a su juicio- en la resurrección deportiva del club, y de invitar a los equipos chilenos a sacar ‘divino’ provecho de su visita: “Para nosotros es un orgullo enorme. Para San Lorenzo, Francisco es algo mágico, extraordinario, y creo que los clubes chilenos se deberían acercar a él estos días, porque es energía positiva permanente”.

Una energía de la que actualmente disfruta el seleccionado Paulo Díaz, el único chileno que milita -con éxito, por cierto evidente- en las filas de los Cuervos, y a la que no podrán tener acceso ya, en consecuencia, ni Pizzi (DT del equipo entre 2012 y 2013) ni tampoco Pablo Guede (técnico del club en 2016); los dos ‘impíos’ ex entrenadores de San Lorenzo excomulgados ya, probablemente y en clave balompédica, por el Papa del fútbol.

Una tibia acogida

La expectación generada en diferentes esferas de la sociedad chilena por la visita al país del Papa Francisco no ha encontrado, sin embargo, la misma respuesta en el ámbito futbolístico. Y es que más allá de las individuales -y publicitadas- manifestaciones de fe realizadas, a título personal, por algunos importantes futbolistas del medio -como Jaime Valdés, que visitó esta misma semana la Santa Sede con una camiseta de Colo Colo en las manos-, ninguno de los clubes profesionales chilenos contempla sumarse a ninguna de las actividades encabezadas en el país por el Pontífice ni dispensarle recibimiento especial alguno.

Llama poderosamente la atención, en este sentido, la distancia adoptada por el Club Deportivo Universidad Católica, cuyo lema oficial: “Por la patria, Dios y la universidad” parece haber extraviado alguno de sus referentes por el camino. La Católica menos católica de los últimos tiempos -a pesar del apellido de santo de su flamante DT- ha preferido desmarcarse, en términos de protocolo, de la mediática visita, limitándose a firmar, a través de Cruzados, su rama futbolística, una serie de “Compromisos por la paz” alejados, en todo caso, de una dimensión estrictamente confesional. Será su casa de estudios la encargada de promover todas las actividades relacionadas con la visita papal.

Tampoco se estrechará el vínculo entre fútbol y religión en las otras dos ciudades en las que hará escala el Papa durante su recorrido, Iquique y Temuco. “La verdad es que no teníamos nada contemplado. Como club no habíamos pensado nada. Los tiempos del Santo Padre acá son bastante acotados y sabíamos que conseguir una audiencia sería prácticamente imposible”, manifiesta al respecto Cesare Rossi, presidente del cuadro nortino.

El club donde la fe católica, en cambio, parece haber vuelto a aflorar, es -cosas del fútbol- Universidad de Chile, una institución de conocida raigambre laica. Pero no porque los azules hayan preparado un recibimiento especial al Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, sino, más bien, por la conocida devoción de su beato DT, quien reflexionaba así -en diálogo con Radio ADN desde La Serena, el lugar de concentración de su equipo- sobre la visita del Papa: “Me motiva la visita del Papa, ¿cómo no me va a motivar? Uno vive con esa fe y lo que pide siempre es paz, salud y crecimiento para todas las personas. Yo he investigado un poquito por ahí para tratar de llegar a alguna de sus actividades, pero sabemos los compromisos y es todo muy difícil. Lo importante es que esté aquí para bendecir la tierra de Chile”, declaraba Ángel Guillermo Hoyos, quien peregrina cada año al Santuario de la Virgen de Lourdes, localizado en Francia.

Pero a pesar de la tibia acogida que, salvo sorpresa de última hora, vivirá el Santo Pontífice en Chile de parte de la familia del balompié -conformada, por cierto, en su mayoría y dentro del núcleo de los creyentes, por futbolistas de confesión evangélica-, el vínculo entre el fútbol criollo y la comunidad papal siempre ha estado presente. Sin ir más lejos, el 1 de septiembre de 2014, al denominado Partido por la Paz, promovido precisamente por el Papa Francisco, fueron invitados cuatro jugadores chilenos: Iván Zamorano (quien ya había participado en otro evento similar organizado por Juan Pablo II en el año 2000), Gary Medel y Arturo Vidal (ausentes ambos por su nominación a la Roja) y Roberto Kettlun (quien viajó a Roma, pero se negó a jugar el encuentro en una muestra de solidaridad con el palestino Saed Jendeya, futbolista oriundo de Gaza a quien vetaron la salida del país para tomar parte en el compromiso).

El 21 de abril de 2015, el entonces timonel de la ANFP Sergio Jadue, hoy procesado por corrupción, se convirtió en el primer presidente chileno en visitar en audiencia privada al Papa en el Vaticano, un escenario en el que también estuvieron presentes, en su momento, el consignado Jaime Valdés, el futbolista de la U Matías Rodríguez o el propio Arturo Vidal, quien bautizó allí a su hijo Emiliano el pasado 11 de noviembre. Jugadores que quisieron manifestar en persona su devoción al Papa del fútbol.

Porque aunque Francisco no sea, en rigor, el primer Papa ‘futbolizado’ del tercer milenio, sí que ha demostrado ser el más fervoroso de todos. Juan Pablo II (arquero amateur en su juventud, hincha del KS Cracovia, el encargado de bendecir el balón con el que se disputó el Mundial de Italia 90 y el socio honorífico número 108.000 del FC Barcelona), y Benedicto XVI (el responsable de la creación de la Copa Clericus y la Copa Celestial en el Vaticano, el clérigo que escribía artículos de fútbol durante el Mundial de Alemania 74 y el socio número 100.000 del Bayern Munich); también se acercaron al deporte rey, pero sin conseguir elevarlo, como el Papa Francisco, a la categoría de pasión terrena.