¿Cómo lograr una educación no sexista?

Desde que surgió el movimiento feminista, en universidades y colegios se ha hablado de cambiar la manera en que se educa a los niños para terminar con las discriminaciones entre hombres y mujeres. Esto, según las expertas, se logra desde el hogar y en los colegios.


Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de 2013, reflejó que los textos escolares del Ministerio de Educación en Chile muestran a las mujeres en roles domésticos y a los varones en profesiones y papeles protagónicos. Otro análisis, de 2014, efectuado por Daniela Lillo, sostuvo que el 80% de las lecturas obligatorias son libros escritos por hombres. El sitio mifuturo.cl muestra que el 53,7% de la matrícula de educación superior de 2018 corresponde a mujeres y ellas se concentran en carreras que implican cuidados de otras personas y con menor sueldo, como Pedagogía Básica (85%) o Enfermería (82%), mientras ellos lideran áreas mejor remuneradas, como Ingeniería Mecánica (93%) o Electrónica (92%). Todo lo anterior forma parte de las demandas que ha levantado el movimiento feminista y que se resume en un eslogan que ya suena familiar: “Por una educación no sexista”.

Académicas, líderes feministas, dirigentas universitarias y escolares explican cómo una serie de conductas, situaciones y contenidos han generado diferencias de género tan fuertes que parecieran ya no haber espacio a la indiferencia.

Guillermina Guzmán, pedagoga y especialista en comportamiento humano, dice que una muestra de esta problemática es la existencia “de colegios solamente de varones y solamente de mujeres. Esto es un síntoma que ya tiene varios siglos en Chile”. Agrega: “la vida es en comunidad, no tenemos segregación de veredas para hombres y veredas para mujeres, buses para hombres y buses para mujeres. Estamos en un continuo desarrollo y desempeño mezclados; entonces, es necesario, por un lado, desde el origen familiar empezar a modificar algunas cuestiones que hemos ido heredando desde dos o tres siglos atrás”.

Ana Luisa Muñoz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, indica que “la educación sexista es el sello discriminador que tiene la educación formal, y nos referimos a todos aquellos aspectos, tanto de violencia que se ejercen desde el currículum formal e informal, hasta otros aspectos de invisibilización de las mujeres que ocurren en el sistema educacional en general”.

Ejemplos concretos hay muchos, dicen las expertas en la materia: por ejemplo, cómo las mujeres son representadas en los textos, cuentos o en los juegos. “Usualmente, las mujeres somos representadas como débiles, donde el hombre nos tiene que salvar, nos muestran como brujas, en un aspecto negativo que es muy medieval. Somos relegadas a los espacios privados, siempre se nos muestra en la casa, siendo superamorosas, sirviendo la comida, y los hombres siempre están dominando el espacio público y liderando las batallas”, opina Ana María Muñoz.

Loreto Jara, investigadora de política educativa, de Educación 2020, indica que una acción muy relevante es eliminar el sesgo de género de los textos escolares. Y también plantea que tiene que existir gestión en los colegios para contar con equipos encargados de convivencia “que pongan ojo en las relaciones de género al interior de las escuelas. Por ejemplo, cambiar la realidad actual de los patios de los establecimientos, donde estos espacios son tomados en los recreos por las pichangas de los niños y se transforman en espacios muy masculinizados. Para ello se debe trabajar en que esos lugares sean usados por niños y niñas por igual”.

Un aspecto transversal al conversar con personas entendidas en la materia es el rol relevante que tienen los profesores para lograr cambios que permitan terminar con la educación sexista.

Dónde parte todo

Un estudio de la Unesco publicado en 2016 bajo el título “¿Qué hay tras la inequidad de género en los logros de aprendizajes?”, comparó los logros de aprendizaje en matemáticas de estudiantes en tercer y sexto año. En tercero, las niñas obtienen puntajes superiores que los niños en la mitad de los países evaluados. Sin embargo, el análisis en sexto grado muestra mejores resultados entre los niños. “Que las ventajas de género sean mayores entre estudiantes de sexto grado sugiere que las brechas pueden estar vinculadas con la progresión en el sistema educativo”, señala el documento.

Camila Maturana, abogada de la Corporación Humanas, resalta que se han hecho esfuerzos en primera infancia que han permitido evitar las discriminaciones entre niños y niñas. “En los jardines es donde más se han hecho avances para lograr una educación para la igualdad y no violencia, pero no se logra mantener en la educación básica”, destaca.

Es en los colegios donde los niños comienzan a aprender y a internalizar las diferencias entre hombres y mujeres que se pueden observar en la forma de tratar a ambos géneros. Aquí surgen diferencias en la enseñanza y que se reflejan en frases como que las niñas deben “portarse como señoritas” y a los niños se les enseña “a no llorar”.

Estos patrones diferenciados de comportamiento se van adquiriendo durante toda la educación escolar, “y es en la universidad donde lo que pueden hacer hombres y mujeres es mucho más rígido. Es cuando se refleja de manera más profunda lo que han sido 12 años de educación sexista”, añade Camila Maturana.

El rol de los maestros

Las expertas en materia de educación resaltan la necesidad de que haya un cambio en la formación de los docentes en las universidades. “Sabemos que hay un tema curricular y de contenidos que se debe revisar y el Mineduc ha ido haciendo este trabajo en los últimos años. Precisamente, porque es un proceso lento y paulatino, las universidades tenemos que ser capaces de lograr en la formación inicial docente que los profesores puedan cuestionar el currículum y contextualizarlo en la sala de clases”, plantea la académica de la UC Ana Luisa Muñoz.

Para Mario Aguilar, presidente del Colegio de Profesores, “nosotros jugamos un papel muy relevante en la construcción de una educación no sexista. En la sala de clases hay que poner mucha atención y dar un tratamiento igualitario, sin ningún atisbo de diferencias entre hombres y mujeres. En enero, en nuestra escuela de verano de capacitación docente, varios cursos tenían que ver con género y educación no sexista. El 73% de los profesores son mujeres. Sin embargo, esa proporción no se repite en los cargos directivos. Tenemos que abogar porque en las clases de historia aparezcan más mujeres”.

Primeros cambios

La fuerza del movimiento feminista ha logrado instalar sus demandas de manera efectiva en la opinión pública. Frente a este fenómeno, el gobierno reaccionó con una Agenda Mujer, la que pese a impulsar una serie de medidas en pro de una mayor equidad de género, no incluyó la educación no sexista, lo que fue criticado por las dirigentas.

Una demanda que el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, dice haber escuchado e impulsado mediante un programa de educación no sexista que incluye un cambio en el lenguaje al interior de los 44 establecimientos educacionales de la comuna. “Queremos evitar la discriminación en las comunidades educativas generada por el uso de expresiones como ‘no corra como niñita’ y ‘siéntate como señorita’. Cambios que pueden parecer insignificantes en el lenguaje pueden hacer una gran diferencia en la educación de los niños”.

Luiz Santos, encargado del Programa Comunal de Educación Sexual de Santiago, explica que “el sexismo se refiere a prácticas y actitudes que promueven el trato diferenciado entre personas por su sexo, tenemos una sociedad con un patriarcado muy marcado y estamos buscando generar cambios y fomentar un quiebre, y lo primero es lograr un lenguaje no sexista en nuestros colegios”.

Según indica Santos, “estamos realizando acciones que surgen desde las mismas comunidades educativas, de acuerdo a su propia realidad y necesidades. Y es fundamental realizar capacitaciones a los profesores y generar reflexión sobre esta materia, que ellos estén convencidos de que debemos cambiar la forma de educar y podamos partir por eliminar el lenguaje sexista”.

El debate público ha llegado al extremo de preguntarse si algunos aspectos tan culturales como la galantería podrían estar excluidos de una mirada no sexista. ¿Debe terminar, por ejemplo, que los hombres le abran la puerta de un auto a una mujer para subir o bajar de un auto? ¿Es un gesto bien visto que un hombre pague la cuenta?.

“Pienso que no tiene que darse ese nivel de extremismo: la amabilidad, el piropo o el coqueteo son espacios de los vínculos y las relaciones cotidianas que no tienen por qué dejar de existir. Pero el límite de eso es cuando pasas a llevar la integridad de la otra persona”, indica Loreto Jara, de Educación 2020.

Los estereotipos parten en los cuentos

La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres analizó algunos cuentos y textos escolares de cada asignatura que son distribuidos a los jardines infantiles y escuelas, y constataron que los cuentos infantiles, por ejemplo, muestran marcadas diferencias en las capacidades y roles entre hombres y mujeres.

“A través de la trama, lenguaje e ilustraciones de los cuentos se transmiten estereotipos que marcan a las personas desde su formación inicial (…). A las mujeres, en general, se les asignan roles pasivos, son brujas, madrastras, débiles, expectantes a la llegada de un varón que las rescate o las ponga fuera de peligro; se les ve mirando por la ventana, en el trabajo doméstico, y se las circunscribe al espacio de lo privado de manera natural. Los hombres, en cambio, toman posiciones de poder: son príncipes, reyes, emperadores, aventureros, exploradores, patrones”, dice la experta.

También señala que si bien se ha tendido a visibilizar más a algunas mujeres, se “mantiene la visión de un mundo predominantemente masculino, al cual lo femenino se debe ir trepando”.

Las “heroínas” son mostradas como mujeres excepcionales, en muchas ocasiones asociadas a sus compañeros, padres o hermanos -como sucede en algunos textos escolares con Marie Curie, Simone de Beauvoir, Frida Kahlo, Anna Freud, Virginia Woolf, entre otras.

Aunque se haya ido modelando el lenguaje no sexista en los textos escolares durante las últimas dos décadas, y se haya incorporado a las mujeres a través de las “heroínas”, persiste en el discurso oficial de los textos “la desigualdad de los géneros como mecanismo de reproducción de violencia simbólica”, plantea.

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