Eduardo Aninat: “El Presidente Piñera no debe escuchar demasiado a los empresarios”

El ex ministro de Hacienda habla tras su renuncia a la DC luego de primera vuelta. Se declara dispuesto a “contribuir en las ideas y señales de visibilidad” con el nuevo gobierno, pero sin participar de él. Advierte que el empresariado debe trabajar, invertir, “callarse la boca y no tratar de cogobernar como a veces intenta”.


Haciendo el duelo de su renuncia a la Democracia Cristiana después de 32 años de militancia, se encuentra el ex ministro de Hacienda Eduardo Aninat. Desde el 22 de noviembre ya no pertenece a ella, siendo el primero del grupo Progresismo con Progreso (PCP) en abandonar la tienda. Pese a lo anterior, se declara contento en lo personal y moderadamente optimista respecto al país. Acaba de nacer su nieto número 12 -Samuel Lobo Aninat Smart- y espera publicar entre marzo y abril el libro “Un sol que no tiene ocaso”, el resumen de lo que, dice, puede aportar en ciencias sociales, y que es una mezcla de tres temas “que me fascinan: la era civilizatoria en que estamos, el driver tecnológico y filosofía”.

Sobre las elecciones no revela su voto en segunda vuelta, pero señala que el que tiene “el sartén caliente” es el gobierno nuevo. Advierte que “si se dispersan y de nuevo nos prometen que vamos a ir a la Luna y no tienen los cohetes, o empiezan las peleas UDI-RN, o a oír demasiado a los empresarios, va a terminar como en el primer gobierno: no malo, pero sin dejar sucesor”.

¿Votó en segunda vuelta? ¿Por quién?

Voté en primera y segunda vuelta. En primera por Carolina Goic y en segunda es privado y no cuento.

Como renunció a la DC antes de segunda vuelta, ¿se puede deducir que Guillier no era candidato de su gusto?

Yo me fui de la DC por algo mucho más de largo plazo que esta elección. Hice un balance y concluí que por mucha buena intención que uno le ponga esto no daba para más, y fui el primero del grupo Progresismo con Progreso en renunciar. Algunos me dijeron ‘sé solidario, espéranos’, pero no quise mezclarlo con la elección, porque es algo que tenía que ver con la relación con mi partido y las fuerzas de centro.

Usted acusó torpezas y deslealtades al irse de la DC. ¿De parte de quién?

Con la candidatura de Goic de parte de diputados, varios de los cuales andaban con los otros candidatos y no participaban en nada. Muchos de ellos se estaban posicionando para un posible triunfo de Guillier. No me gustó, porque no se puede estar en política haciendo cálculos finos para mantener una posición que por legítima que sea, no sea comprometida. Me dicen: por qué no se queda a luchar desde adentro. Pero si en eso estuve los últimos 3 a 4 años y me fue re’ mal.

Por lo tanto, ¿esperaba la salida de los 31 militantes que encabezó Mariana Aylwin hace unos días?

La veía inevitable y trataba de contribuir cada semana, con cuidado, haciéndoles ver que se fueran antes y no después. Primero, porque en la medida que uno dilata las muertes son malas, y segundo, porque el país necesitaba ver un símbolo de que hay gente que no compartía las políticas de, al menos, el último año de la DC y de esta coyuntura electoral, y que quiere pensar en cosas futuras.

¿Está de acuerdo con la analogía que hizo Mariana Aylwin entre una mujer golpeada y su último tiempo en la DC?

Soy un admirador casi total de Mariana, pero creo que su frase fue desafortunada. Podría haber buscado otra analogía más fina.

Hay personeros de izquierda que señalan que fue bueno que quienes renunciaron a la DC sinceraran su situación, porque siempre atornillaron al revés del gobierno.

Pero cómo podría ser ese atornillado al revés si incluso algunos muy cercanos a nosotros, como Jorge Burgos, se sacrificaron en el gobierno, él siendo ministro del Interior. Esa es una manera fácil, sin hechos ni evidencia, para sacarse el pillo. Para no enfrentar la realidad que es decir: nos gusta la Nueva Mayoría (NM), creemos que tiene futuro, este gobierno lo ha hecho extraordinario, queremos seguir en eso, pero asumiendo los costos de una derrota electoral feroz.

¿Qué harán quienes se fueron de la DC: formar un referente propio o unirse a otra tienda política?

Le corresponde más a Mariana Aylwin responder esa pregunta, pero a modo personal creo que, primero, no somos tan pocos. Desde que empezó la sangría se han ido como 147 militantes -muchos de ellos con distintos grados de colaboración en los gobiernos de la Concertación- y sabemos que vienen más por irse. Entonces, este choclo que se desgrana es mucho más cuantioso de lo que se ha visto hasta ahora. No me alegra y me duele que le pase solo a la DC. Debería haber también otros mea culpas y revisiones internas en el PPD, en el PS y otros.

Estamos recibiendo ya muchas tentaciones, pero queremos un tiempo de decantación para formar una identidad propia, orgánica y bien delimitada. No creo que en política uno pueda andar sin perímetro: ahora soy libre, puedo ser parte de cualquier gobierno y colaborar con quien quiera. Eso ha sido un desastre siempre y hay ejemplos de ello, como en el gobierno pasado de Piñera. Por lo tanto, ahora entramos en 3 a 5 meses de formación de un movimiento y decantación. Después decidiremos qué hacer. Estamos en el período de duelo.

¿Usted estaría disponible para colaborar con el gobierno de Piñera?

Me lo preguntó un senador cercano al nuevo gobierno y le voy a repetir lo que le dije a él. Como persona de alguna experiencia puedo contribuir en las ideas y en las señales de visibilidad. Si Piñera hace una buena corrección a ciertas leyes que están erradas, por ejemplo, simplificación tributaria -no rebaja de la carga- y dejar de abusar con las pymes, yo estoy dispuesto a escribir una columna, apoyado o no por nuestro grupo, probablemente sí, para decir: ‘nos gusta esa idea, intelectualmente es razonable y le va a hacer bien al país’. Pero también criticaré las que me parezcan malas. Por lo tanto en ese plano, que digan un ex DC o un PCP con su grupo de amigos dice que esta idea es buena, yo creo que algo ayuda y que a veces es más útil que estar metido en una navegación con tripulantes que no son los de uno. Yo soy ubicado.

¿Eso quiere decir que no estará a priori en la oposición?

No, me defino siempre en el centro humanista. Ni siquiera partidista, me defino como humanista cristiano. Me importa el humanismo cristiano como solución -parcial y gradual- para sacar al país del subdesarrollo. Ya no estoy ni para cargos ni para honores. No tengo la ansiedad de los jóvenes.

Desde esa perspectiva, ¿qué lo separa de un partido como Evópoli por ejemplo, o de lo que representa Andrés Velasco?

Para el primer aniversario del partido Evópoli fui invitado y, en general, escuché discursos muy positivos. En el caso de Andrés Velasco, fue uno de mis principales asesores para la reprogramación de deuda externa de Aylwin y en su departamento en Harvard -muy generoso él- era donde paraban mis hijas cuando iban a EEUU. O sea, somos casi familia. Pero yo no soy tan liberal, soy un poquito más tradicional en el tema valórico. Para mí la solidaridad, la fraternidad y una cosa más espiritual son muy importantes. Pondero menos que ellos -Evópoli y Velasco- la libertad a todo trance. Aunque soy muy pecador, soy muy religioso y hay cuestiones que no comparto, como la ley de aborto, particularmente la causal tres. Mal hecha, manipuladora y siempre se cerraron a soluciones alternativas que eran posibles. En eso estuve muy cercano a la posición de Soledad Alvear. Eso me aparta, en síntesis. En lo económico, casi nada.

Prioridades y riesgos

¿El gobierno de Piñera asegura, por lo menos, salir de la mediocridad a la que usted dice nos llevó esta administración?

Absolutamente. Piñera tiene muchos vicios, pero a su vez es ultra valiente para jugarse por lo que decanta, le conviene o cree, a fondo. Ahora, es tan valiente que también se equivoca harto, porque la valentía a veces lleva al arrojo y al arrojo mal calculado.

¿Cuáles deben ser sus prioridades?

Primera, el crecimiento. Y crecimiento en el sentido de desarrollo integral. Debe haber un mínimo común denominador y una orquesta que esté afinada para tocar y no el esquema parchado de la Nueva Mayoría. Segunda, para los primeros dos años: Sename. Es decir, niños en situación vulnerable. Y el otro extremo, los viejos sobre 70 años con pensiones misérrimas de $ 130 mil.

Y la tercera, más de largo aliento, un Estado distinto. La modernización del Estado se tiene que realizar sí o sí, porque venimos hablando de esto hace más de 10 años. Y curiosamente, los que más adoran el Estado, el PC y la NM, no lo revitalizaron.

En lo económico, ¿qué acciones esperaría?

De partida, cambiar el lenguaje y abrir espacio para que se recupere la inversión privada que ha sido el gran desastre macro de este gobierno. El crecimiento potencial promedio de Chile en 2014-2017 se puede estimar en casi 3% anual. Y este gobierno va a terminar con un crecimiento efectivo promedio anual en torno a 1,8%. Por lo tanto, sólo realizó 60% del potencial objetivo que había en la economía. Lo que sí, le envié un mensaje al presidente electo Piñera, pero no creo que se lo hayan dado. Le mandé a decir: ‘No les dedique demasiado tiempo a los empresarios’. Cuando se reúna con ellos -como esta semana-, lo cual no critico, que les ponga una foto del Frente Amplio, de Podemos de España, y tal vez de Cataluña, y ahí los recibe.

El presidente Piñera no debe escuchar demasiado a los empresarios, porque aquí no tienen opción. En esta vuelta se deben portar bien, cooperar, tirar para arriba en un ambiente positivo, sin reclamar porque casi todos votaron por él. Entonces a trabajar, invertir y a callarse la boca y no tratar de cogobernar como a veces intentan. Me cargan los empresarios metidos en política gubernamental, los detesto. En eso soy muy parecido a mi ex socio Juan Carlos Méndez, que en paz descanse. La cantidad de veces que en los años ochenta en nuestra consultora Aninat y Méndez le dijimos a un empresario: ‘No hacemos lobby, así que por favor la puerta está abierta’. No me gusta la mezcla de política con negocios.

Por lo tanto, ¿el Presidente debe rayar la cancha y con eso tiene que ser suficiente para el empresariado?

Y por supuesto está con sus ministros de Hacienda y Economía para que escuchen. Y acogerán lo que está en el programa y va con la línea que han planteado. Pero en el fondo, así como Bachelet se liquidó escuchando todos los días a la calle y el focus group de lo que decía la calle, si Piñera cae en el truco que cayó en la primera mitad de su primer gobierno, de escuchar al empresario equis o al sector equis, terminará cometiendo el mismo error de Bachelet. Él debe escuchar a los ciudadanos, sin categorizar con su función, rol o gremio.

Además de lo anterior, ¿qué errores no debe volver a cometer Piñera?

Tener un programa de gobierno realista, acotado, que parece que lo tiene, y segundo, saber priorizar bien. Tercero, trabajar con el Congreso y con los partidos, mucho más que con los gremios y los empresarios. Y acoger a los sindicatos. Es decir, no puede coaccionarse, hasta de manera involuntaria, por el sector del cual proviene. Y con todo respeto a ese sector porque yo trabajo con empresarios, no tengo nada en contra de ellos. Pero tienden a decir ‘yo sé lo que el país quiere, porque si hace eso el país me va bien a mí’. Si Piñera cae en eso, aunque sea en un 10%, se va a enredar. Ya le pasó una vez, en la mitad de su anterior gobierno, y tuvo que traer a los políticos.

Por las cosas que ya ha enunciado Piñera, ¿ve posible en su período crecer entre 3,5% y 4%?

Tiene la vara más alta, porque es posible que el crecimiento potencial en su período sea de 3,5%-4%, ya que el mundo mejoró y la confianza se está devolviendo. En ese ambiente creo que podemos fácilmente expandirnos sobre 3% y probablemente en algunos períodos a 3,5%. Pero eso no significa que no tiene que arreglar y dedicarles tiempo a las reformas mal hechas, partiendo por darle un marco definitivo y sustentable a la de educación en materia de gratuidad. Decir, hasta esto llegamos.

¿Y en las reformas tributaria y laboral?

En la tributaria simplificar, pero considerando que necesita parte de la tributación alta porque tiene que financiar muchas políticas sociales y ya los empresarios están volviendo solitos. En la laboral hay que hincarle el diente a los servicios mínimos, no porque la filosofía sea errada, pero es burocratizar la relación empleador-trabajador.

Para todo eso, ¿cómo ve la relación con un Congreso más fragmentado? ¿Será más difícil gobernar?

No, porque pocos fueron reelegidos. Tienen otra edad y miran al futuro. Si Chile Vamos logra acercarse, puede hacer un buen trabajo político. Los gestos significan mucho, las amistades se hacen de a poco. ¿Qué mató a Bachelet? Hacer anuncios todas las semanas, con ceremonias tipo rusas, sin generar fiato con los congresistas. Piñera debe tener nervios de acero, mirar al largo plazo, y preocuparse de algo que no hizo en su anterior período: cuál será su sucesor. El Parlamento es más variado, más interesante y tiene que ejercer la política. El primer acto que tiene que hacer es invitar a los díscolos, al Frente Amplio a La Moneda a tomar té.

¿A qué le llama ejercer la política?

A trabajar con ellos todos los días, juntarse en la casa del Presidente no con la prensa afuera, tener siempre disponibilidad para hablar con políticos después del trabajo, y no decir yo me aíslo. Este es un país tan chico que si no construyes alianzas no puedes sacar las cosas.

¿Cuál es el mayor riesgo que enfrenta el gobierno de Piñera?

La soberbia. No de él, sino de su gabinete. Si la soberbia se reinstala de nuevo la derecha está perdida, pero creo que aprendieron y soy optimista.

¿Cómo se declara ahora sobre el futuro de Chile en el mediano plazo?

-Estuve pesimista el 2016, muy pesimista el 2017 y ahora estoy transitando hacia un optimismo moderado, porque tiene muchos “if”. Pero con todo, este gobierno al final respetó la institucionalidad y no hizo cosas irreversibles.

“Este gobierno les pegó un golpe salvaje a las confianzas”

¿Cuál es su evaluación final del gobierno de Bachelet?

Este gobierno por jugar a muchos proyectos muy voluntaristas, sin base de sustento ni en las necesidades objetivas de grupos grandes de la población y menos en su estructura de ingeniería de detalles de cómo los construyeron, les pegó un golpe salvaje a las confianzas. Partió por las confianzas empresariales, que son los que invierten el 80% del total. Les pegó un palo con la reforma tributaria de Arenas: mal diseñada, mal ejecutada y mal comunicada. Las inversiones se pararon y se fueron para afuera. Segundo, exacerbó, por razones políticas y el temor a la calle, las expectativas de las familias y de los estudiantes respecto de la gratuidad universitaria. Y tercero, se olvidó y desatendió la clase media, aquella más vinculada al pequeño emprendimiento, al trabajador independiente, a la pyme y a la micropyme. Por lo tanto, ahí está el costo político que terminaron pagando. Esa clase media no votó por Guillier. Además, a lo mejor sin quererlo, este gobierno casi aniquiló el centro político, por torpeza y sectarismo. Esa es una herencia muy mala y tal vez Bachelet ni siquiera se da cuenta.

¿Cómo va a quedar inscrito en la historia?

Como un gobierno no catastrófico, ni tipo Venezuela, Ecuador o Argentina, que por necesidad implementó leyes de probidad que necesitábamos, pero que desaprovechó completamente las oportunidades que teníamos y que leyó mal las necesidades más de largo plazo: salud, educación, clase media. Se dedicó a satisfacer a los grupos de presión más vocales o más enquistados en el Estado. Ejemplo, reforma laboral, que fue más pro CUT que pro país. Por lo tanto, terminó en una mediocridad. De nuevo nos atrasamos cuatro años por jugar juegos de progresismo sin realismo y sin racionalidad.

Sin embargo, hay gente, de lado y lado, que igual da como ganadora a Bachelet por haber corrido el límite en varios temas. De hecho, Piñera se abrió a la gratuidad en educación técnica hasta el 80% en la segunda vuelta.

Ese de nuevo es un juego de palabras de los postulantes del legado de Bachelet y de la frontera corrida. El comentario que uno puede hacer es cuidado, porque el juicio definitivo sobre Bachelet de los efectos reales de lo que pase en educación, salud y crecimiento todavía no se conoce. La generación de estudiantes que percibe gratuidad no lleva más de un año y medio, y está por verse qué sale de ahí después de los cuatro o cinco años de estudio. A lo mejor son inútiles académicos o inútiles productivos.

¿Y este gobierno logró avanzar en menor desigualdad que fue su leit motiv?

Está por verse, porque hay dos correcciones de desigualdad. La desigualdad más visible, más facilista y más política es la de los bonos y de los impuestos. En eso, evidentemente, el gobierno creó nuevos bonos, aumentó algunos que había y puso más impuestos al capital. Entonces la marcha hacia la equidad nominal, en el papel, aumentó. Pero la real se juega en lo que los economistas llamamos -perdón la tecnocracia- la distribución primaria del ingreso. Es decir, antes que venga el señor del SII y el de los bonos, qué pasó en la distribución de salarios, nuevos empleos, productividad, retorno al capital y utilidades. En esa sospecho que por el parón que le provocó al país no se avanzó nada, se congeló. Y es la que perdura.

¿Qué pasará ahora con la Nueva Mayoría?

No le veo ningún futuro a la Nueva Mayoría. Le veo más futuro relativo al Frente Amplio.

¿Y cuál cree que será el rol de la DC?

Si la DC no logra rearmarse bien y termina parchada, no va a desaparecer, pero va a tener un peso muy bajo. Aquí se reabre la posibilidad de conversar desde viudos de Lagos, ex DC como nosotros y también gente progresista de Evópoli u otros, pero a eso hay que darle su tiempo. No lo veo a corto plazo.

Esta semana el ministro Nicolás Eyzaguirre volvió a desestimar la responsabilidad del gobierno en la desaceleración económica.

Desde que entró a este gobierno, él está dedicado 100% a ser un político puro, pero lamentablemente para su inteligencia y para su formación académica, que es alta, hipotecó una buena parte de sus neuronas. En el fondo, es como un defensor publicista del gobierno, lo que no le corresponde en su calidad de ministro de Hacienda.

Usted siempre dijo que veía muy solo al ex ministro Rodrigo Valdés y al final terminó renunciando.

Estaba acorralado. Recibió una herencia desequilibrada y muy mal manejada. La de Arenas. Hizo un esfuerzo serio por rebalancearla e incluso se peleó con varios colegas. Pero creo que se equivocó en dos cosas. En no usar su capital político a fondo cuando lo tenía alto. Cuando no había nadie que lo reemplazara él debía haberse posicionado mucho más fuerte, como Foxley, como Eyzaguirre, golpeando la mesa, diciendo les gusta o me voy. En cambio, fue moderado y cauto, y ahí perdió gran parte de su capital político. Y segundo, se quedó sin sustento en La Moneda, y no hay ningún ministro de Hacienda que pueda sobrevivir sin sustento en La Moneda. Total y completo.

¿La Presidenta abandonó a Valdés?

Al final sí. No fue Dominga lo que lo hizo salir, esa fue la excusa de conveniencia para él y la Presidenta, pero iba a salir de todas maneras. Era una incomodidad creciente para la Nueva Mayoría y era un distanciamiento creciente de La Moneda con él.

¿Qué le parece que hasta hoy el gobierno siga mandando indicaciones y tratando de avanzar en proyectos de alta discusión?

Me parece que el único objetivo que tiene eso en proyectos medulares como previsión y Constitución es la idea de las memorias del legado. El historiador que está escribiendo cuál es el legado de este gobierno de la Nueva Mayoría guiado por Michelle Bachelet, la heroína. Entonces ella puede decir, bueno, yo cumplí, yo mandé los proyectos y me retrasaron. Esa es una obsesión siempre de la izquierda, pasar bien a la historia. Pero no le veo futuro a buena parte de esta ansiedad legislativa.

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