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Actualizado el 18/09/2014
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Aborto y recomendación de la ONU


Señor director:

El informe del grupo de trabajo de la ONU referente al embarazo adolescente ha creado una irritación jaspeada de conceptos poco claros. Se habla de la protección del por nacer (nasciturus), término no aplicable al cigoto (conceptus), que tiene altas probabilidades de involucionar espontáneamente. El que está por nacer es el feto viable o el de término que, unánimemente, no es motivo de aborto, sino como mucho de parto prematuro por indicación médica.

También hay confusión entre legalizar el aborto, que significa permitir y aun procurarlo desde la mano pública (Italia) y despenalizarlo,  que no va más allá de no punir a quienes lo practican, siempre dentro de límites determinados y tiempo muy precisos.

Tampoco conduce a un debate ponderado insistir que el informe de la ONU tiene un “sesgo  ideológico”. Este siempre está presente en temas críticos, cualquiera sea la perspectiva que se adopte, no pudiendo ser de otro modo en materia de convicciones, sean de fe o de razón. Lo grave es imponer una postura como la única legalmente válida, dejando en la ilegalidad a quienes tienen otro modo de entender los problemas. Por ello, no es buen argumento recurrir al “derecho a la vida del que está por nacer”, porque se le contraponen otros derechos: de la mujer, derechos reproductivos y el derecho al propio cuerpo. El debate se estanca en tanto cada postura presenta como prioritarios sus derechos y relativiza los contrarios.

La prohibición al aborto adolescente sería más creíble, no por ello suficientemente justificada, si al menos existiese una robusta institucionalidad social de asistencia, donde no cabe la floja propuesta de dar en adopción al niño no deseado. Si la adolescente ha de llevar el embarazo a buen término, debe tener asegurada la mantención de sus opciones de educación, así como la efectiva y accesible asesoría y protección  para criar al recién nacido de tal manera que no vea cercenado su proyecto de inserción cabal en la sociedad.

Es preciso aclarar estos conceptos antes de iniciar un debate ponderado sobre el aborto procurado.

Miguel Kottow

Académico Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile

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