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Opinión
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Actualizado el 12/11/2017
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De agujas, hilos y dedales…

Autor: Ricardo Hepp

El artículo titulado “La U ficha un sastre”, publicado en Deportes de La Tercera, sugiere una situación de género. La bajada informativa dice: “En Azul Azul se miran en Europa para ganar imagen. Su delegación vestirá de traje oficial en viajes y llegadas a los estadios. El encargo se lo ha hecho el club al modista Raúl Mujica (…)”. El lector Samuel Barros -un corresponsal frecuente- envió una nota breve, pero tajante: “Mala redacción, por decir lo menos. ¿Un sastre es un modista?”

Si, así es. Se denomina “modista” a la persona que tiene por oficio el diseño y confección de prendas de vestir de acuerdo a las medidas de la persona, y es común para hombres y mujeres.

También ocurre con la palabra “sastre”. Por su terminación es normal que se use como sustantivo común en cuanto al género: el o la sastre. El diccionario Panhispánico de Dudas señala que el único femenino documentado para la voz “sastre” es la antigua palabra “sastra”, que figura en el diccionario de Nebrija, de 1495… Por ejemplo: “me he quedado sin sastra, porque se ha casado”. Claramente se trata de una palabra en agonía. Nadie la emplea.

Rodolfo Balenciaga, Valentino, Óscar de la Renta y Paco Rabanne, entre otros notables de la alta confección, preferían el término “modistos”. Insistieron hasta que el diccionario de la Real Academia Española, DRAE, acogió la voz, referida a un hombre que desempeña ese oficio.

Alguien, con un atisbo de humor, consigna en la red que ningún jugador varón de golf -que se sepa- ha pedido que se le llame golfisto… Tampoco decimos que Luis Ayala fue un notable tenisto chileno.

Muro de La Legua

En el diario del 27 de octubre se publicó una crónica sobre la demolición de un muro en la población La Legua, lo que motivó un enérgico rechazo de los vecinos. En el sector ocurren tiroteos, con proyectiles que han impactado en varias casas. En el texto, para referirse a este muro -cuya demolición se dejó, finalmente, sin efecto- la autora señala que “(…) la historiada pared separa las casas de la calle Mataveri con (…)”.

El lector Paulo Adriazola indica que el término “historiada” está mal utilizado, ya que significa “recargado de adornos o de colores mal combinados”, y agrega: “en la foto que acompaña al artículo se aprecia un muro muy distinto a la descripción anterior, ya que es una pared, de dos metros de altura, construida con ladrillo, ligeramente blanqueada, que no muestra adornos ni colores”. El lector pregunta: “¿no habrá querido decir ‘la histórica’ pared, en lugar de ‘historiada’?”.

Es posible, pero también parece un exceso: ¿ese muro es acaso digno de figurar en la historia? El lector Adriazola tiene razón: Los adjetivos “historiado” e “historiada” indican que algo está muy recargado de adornos o colores, a veces mal combinados. Un ejemplo de uso: “subió por una escalera historiada, de pasamanos con crípticas simbologías (…)”. También se emplea “historiada” para designar a las letras iniciales (capitales) con adornos, figuras o símbolos en textos incunables (anteriores a 1501), o en libros antiguos, impresos con mayor esmero.

El muro de la población La Legua no es historiado ni histórico, pero muy importante para la seguridad de los residentes.

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