Alberto Fuguet: "Mi cinta Invierno nace porque me cansé de cierto cine mudo tercermundista"

El autor se refiere a su nueva película, Invierno, que se estrena hoy en el Festival Bafici de Buenos Aires. El filme con Matías Oviedo y Katherine Salosny dura más de cuatro horas y narra la vida de un escritor y sus amigos.




A Alberto Fuguet le gustaría que las imágenes de sus películas fluyeran como las páginas de sus libros y que los espectadores fueran tan voraces como los lectores.

Tratando de torcerle la mano a las convenciones es que se propuso hacer literatura para la pantalla y olvidó por un tiempo aquel régimen espartano de los 90 minutos de duración, la norma para los largometrajes comerciales. Después de las económicas Velódromo (2010) y Música campesina (2011), entró al territorio de las filmaciones extendidas, las historias que se cruzan y la multitud de los personajes. Decidió que era hora de darle aire, dejarlos hablar, respirar, toser, aproblemarse en pantalla y mostrar pedazos de vida. Tal vez en tiempo real. Quizás como en Boyhood, una de las películas que le ha dado vueltas en la cabeza últimamente. Al experimento le puso como nombre Invierno, aunque todo parte en un cálido y largo verano santiaguino.

El nuevo filme de Alberto Fuguet dura cuatro horas y 15 minutos y se estrena hoy en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), donde se presenta en la sección oficial, pero fuera de competencia. Es el mismo festival al que vuelve siempre, desde los tiempos de Velódromo, en el 2010. "Es como volver a casa. Darán El día de la marmota. Hay cine y rock. Me parece que yo hago cine latinoamericano y esa es la gente que deseo que me vea", argumenta un par de días antes de partir a Buenos Aires.

La película se divide en tres partes, de las que la primera se estrenará comercialmente en Chile el 18 de junio en la cadena de multicines Cineplanet. El quinto largometraje de Fuguet es tal vez el más cercano a sus propias pulsiones y, por lo menos, su protagonista comparte su profesión: es escritor.

En esta oportunidad, el autor de Las películas de mi vida le da el rol protagónico a Matías Oviedo, quien interpreta a Alejo, autor que atraviesa febrilmente el verano desarrollando una novela que seá lanzada en el invierno. Su título es Caída libre y una vez que se publique, todo cambiará en la vida de Alejo y en las de sus conocidos. Entre ellos está su gran amigo José Quijandría, músico y autor de jingles, encarnado por Pablo Cerda. También vemos acá a Eleonora Cortés (Katherine Salosny), hermana mayor de Alejo y ejecutiva de una multinacional que mantiene un romance con Nazareno Briones (Tomás Verdejo), un publicista 20 años menor, definido por Fuguet como "un creativo sin creatividad pero con onda".

-¿La película se propone ser una suerte de historia de escritores o de cómo se crea una novela?

Quise intrusear y mirar ese mundo que conozco. Y sí: quería filmar cómo se escribe. Filmar las escenas de escritura como si fueran escenas eróticas. Quise rodar cosas que conozco bien: sesiones de fotos, lanzamientos, entrevistas con la prensa, charlas. Pero no es un filme para escritores. No es una cinta de ghetto. Quiero que sea para todos. Creo que trata de la amistad, por un lado, de esas amistades masculinas intensas y cerradas a las que nadie puede ingresar. Por otro lado, quería hacer una película acerca de como vive un grupo de personas, entre 20 y 45, en un Santiago ligado a las artes y que es parte del siglo 21.

-¿Por qué la opción radical de los 240 minutos?

De hecho era más larga. El desafío era como contar tantas hitorias y respetar a los personajes y sus tiempos. Al ser sobre, por un lado, novelas y, por otro, el paso del tiempo, era clave hacerse cargo del tiempo y de las posibilidades novelísticas. Claramente ayudó ser fan de las últimas series. Como dice mi editor, Mad men o Breaking bad serían un asco y quizás patéticas si duraran 100 minutos. Cuando uno entrega una novela, que sea larga no es tema, para nada. Quizás si tiene 800. Al revés: son los libros muy cortos los que entran a un terreno raro. Creo que las películas por lo general tienden a contar cuentos (las buenas) o anécdotas (las malas y los blockbusters). Los orientales son capaces de filmar poemas (Wong Kar Wai que filma, digamos, el deseo o la espera). Yo he filmado cuentos. Creo que lo más cercano a una novela fue Se arrienda y siento que me faltó tiempo de metraje.

-¿Puede un libro influirle para hacer una película y viceversa?

Espero que sí. Me gustaría pensar que esa es la historia de mi vida creativa. Invierno sale de las novelas grandes, corales. Se toma su tiempo: tal como una novela.Y lo hace para que tenga contexto, para que pueda ser coral. Si no, tendría que ser la historia de un solo tipo: quizás hubiera sido acerca de Alejo (Matías Oviedo) o José (Pablo Cerda). Es una novela fílmica, antes que todo. Es épica,pero a otro nivel, pues no es acerca de una guerra ni es una saga, sino que enfrenta a un grupo de amigos como si esa fuera la historia más importante del mundo.

-¿Invierno es el capítulo final de su inmersión en las películas?

Yo lo veo como el inicio de la sinfonía de la despedida.Creo firmemente en el cine garage, pero claramente es algo para jóvenes. Como el boxeo o el tenis. No me atrevo a decir que es la última, pero deseo un buen descanso y probar cosas menos intenas: un corto, un clip, encargos. Mi sueño es que me llamen a que escriba un guión o adapte una novela de alguien. Se está filmado mucho pero se escribe poco. Invierno es mi deseo de dejar claro que el guión es clave. Invierno nace de cansarme con ciertas cintas casi mudas tercermundistas que terminaron agotándome.

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