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Actualizado el 10/08/2017
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Columna de Solabarrieta

Amateurismo, ja ja ja

Autor: Fernando Solabarrieta

Da risa. La sola expresión, disfrazada de arenga y grito, genera gracia. Pero al tiempo, origina cierta ternura y compasión para quienes creen en ese discurso tan falso como mañoso. Admiro la candidez de quienes lo compran y siguen adquiriendo entradas y camisetas exigiendo que sus ídolos la mojen y la quieran tanto como ellos.

Los tiempos han cambiado en el planeta y en el fútbol, que no es ni será nunca una isla. La sociedad que nos convoca, y estamos dejando en herencia a nuestros hijos, tiene como base la ultracompetencia, el individualismo, y al dinero como herramienta para lograr la felicidad. Por lo mismo, lo que vemos no puede extrañarnos.

Que el presidente de un club no quiera cumplir con las reglas y evite pagar lo que debe, intentando hacerse el vivo, sin honor, dignidad o vergüenza, es propio de la modernidad. Total, la palabra empeñada y el cumplimiento de lo debido no generan ninguna moneda en el bolsillo. Triste, patético pero real. Armando Cordero y su administración en Barnechea son un reflejo de la actualidad. Lo que importa es el bien personal, lo que te favorezca, aunque sea de forma mezquina, perjudicando al resto.

Así se comporta la mayoría, porque no hay que olvidarse que el incumplimiento grosero y malintencionado de Cordero se origina en una norma que perseguía algo parecido en su origen. El pago de una garantía de 50 mil UF, y por el que votaron los 32 presidentes de clubes de ese momento, tenía como objetivo seguir repartiéndose la torta entre ellos. Que los dineros del Canal del Fútbol no llegaran a nadie más. Por eso quisieron asegurarse que ninguna otra institución fuera parte de esta repartición, poniendo como norma una plata impagable. Es penoso, pero real.

Tanto como la actitud de Octavio Riveros, quien molesto porque no lo vendieron y además en las condiciones económicas que él quería, decidió hacer una pataleta y no jugar, justo el día que era más necesario. Ni se le pasó por la cabeza que perjudicaba a compañeros, a la historia de una institución llena de grandeza que en su mediocridad jamás podrá entender, y menos que estaba incumpliendo un contrato. Lo único que le preocupó fue su egoísta interés personal. La plata sobre la camiseta, el individualismo expresado al máximo. Total lo que importa es lo que reporte felicidad disfrazada de billetes. El amauterismo es para los giles. Esos que admiro porque siguen comprando una entrada y abonándose al CDF. Amando a una camiseta, sin que les paguen un peso.

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