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Actualizado el 17/04/2017
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Amor eterno

Autor: Fernando Solabarrieta

Existe. Escaso y en extinción. Distante y profundo. Misterioso y extraño. Este fin de semana apareció una nueva evidencia de que este tipo de amor, casi místico, es real. Sucedió en San Antonio, donde el local se enfrentó a un viejo y querido club de barrio llamado Rodelindo Román. Sí, el mismo que quiere con las entrañas el rey Arturo. Sin embargo, esa manifestación que bien pudo servir de ejemplo, no es el caso en cuestión.

La evidencia de un nuevo hallazgo de este sentimiento inquebrantable la dio otro ilustre, goleador de raza y talentoso por definición. Con camiseta de líneas verdes y naranjas comandaba el ataque del San Antonio Unido un tal Humberto Suazo, si, el mismísimo Chupete. Aquel que lideró a la selección chilena rumbo al Campeonato Mundial de Sudáfrica en 2010, el mismo que fue campeón y goleador en el Colo Colo de Borghi. Ese inmenso crack que se convirtió en el máximo artillero de la historia del Monterrey y enamoró a los mexicanos con sus genialidades.

Ayer, a los 35 años, volvió a a ese origen que no se olvida cuando se es bien nacido como él. Muchos podrán preguntarse por qué alguien que llegó tan lejos y disfrutó de los mejores estadios hoy se mueve en una cancha de barrio. Está entre los suyos, seguro que es más feliz que en el Azteca o el Monumental.

Ya no es por dinero, es por la dicha y el juego. Por las mismas razones que Justo Villar a los 40 años sigue peleando contra una lesión para volver. Hizo todo lo que un deportista podría desear, pero sigue enamorado de este deporte y por eso lucha para el regreso. Como el uruguayo Robert Carmona, que a los 55 años acaba de firmar por el Inter Ibiza de la Tercera División española, prolongando la carrera más longeva de un jugador en el mundo. Todos ejemplos de ese amor eterno que contrasta con tantos otros que se acercan sólo para aprovecharse y sacar dividendos personales.

Cortoplacistas de visión pequeña que intentan servirse de la actividad, en algunos casos con intereses económicos legítimos, pero miserables al lado de Suazo, Villar y Carmona. Son ellos los que mantienen vivo el fuego sagrado. Ese que de niño nos enamoró para siempre. Por eso, en tiempos donde la individualidad y el egoísmo imperan, es maravilloso constatar que existen jugadores que nos enseñan lo contrario. Aquellos que profesan ese amor honesto y sincero, que va más allá de transferencias, auspicios, dólares, euros y autos deportivos. ¡Gracias por eso!

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