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Actualizado el 19/03/2016
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Antofagasta: la peligrosa expansión de los campamentos hacia los cerros

Autor: Pablo Danton

Ciudadanos extranjeros cuentan que chilenos les ofrecen "aplanar" los faldeos con retroexcavadoras y les cobran $ 30 mil la hora. Residentes explican que alto costo de la vida los obliga a emigrar del plano de la ciudad y construir en estas laderas.

Antofagasta: la peligrosa expansión de los campamentos hacia los cerros

“Aquí llega una persona con una retroexcavadora y nos ofrece cortar el cerro para construir casas, por $ 30 mil la hora”. De esta manera nacen algunas recientes tomas de terreno en los cerros de Antofagasta, II Región, según cuenta la dirigenta del campamento “América Unida”, Jacqueline Fey. Y la causa de este fenómeno, según ella, es claro: “El alto costo de vida en la ciudad obliga a miles de familias a trasladarse al alto”, sin considerar los peligros que esto significa.

Jaqueline (42) es casada y madre de tres hijos. Llegó a Chile hace siete años desde Ecuador, su país natal, y convive desde hace 12 meses con ciudadanos peruanos, colombianos, venezolanos, argentinos, dominicanos y chilenos. De allí el nombre del campamento que lidera.

El fenómeno es complejo y salta a simple vista. Laderas aplanadas y con verdaderos “sacados”, en los cuales se edifican casas improvisadas de material muy ligero. 

Allí es donde Jacqueline Fey hace su vida. “Da mucho miedo vivir acá, sabiendo que en cualquier momento nuestra casa se nos puede ir cerro abajo por culpa de un terremoto o un aluvión. Aún así, la gente se coordina para construir, porque la necesidad y las ganas de salir adelante son más grandes”, cuenta.

La alcaldesa de Antofagasta, Karen Rojo, reconoce el problema: “Desde el año pasado que hemos anunciado a la comunidad y a las autoridades, nuestra disposición de poder trabajar en esto”.

Otro residente de la zona que encara esta situación es el sacerdote jesuita Felipe Berríos, quien, desde hace más de un año, vive en “La Chimba”. Se trata de uno de los 35 asentamientos de Antofagasta, los cuales, según cifras de la autoridad regional, albergan a alrededor de 3 mil familias y 9 mil personas en los cerros de la ciudad. “Ellos no tienen otra parte donde ir. Los arriendos acá son carísimos y peor si eres extranjero”, dice el presbítero. 

Loteos fantasma

Según denuncian los propios residentes de los faldeos, desconocidos “lotean” los terrenos, de propiedad fiscal, y los ofrecen a personas de escasos recursos. La Tercera contactó a varias empresas contratistas de la zona, pero ninguna entregó su versión respecto de quién sube maquinaria pesada a los cerros.

Víctor Flores, encargado del Plan de Superación de Campamentos, explica que el precio del cobre y las características económicas de la región son algunas de las causas que produjeron migraciones de carácter interno y externo: “Esto habría impulsado a un alto número de familias a intervenir los cerros con maquinaria pesada, para emplazar allí sus hogares”.

Para la alcaldesa Rojo, la seguridad de los campamentos es preocupante y  fundamental. Por ello, cuenta que ha exigido mejores regularizaciones a las autoridades regionales. “El borde cerro de Antofagasta no se puede transformar en un territorio sin ley, porque las condiciones en que se encuentran las personas son indignas. Viven en vías fluviales prohibidas, que son muy peligrosas en caso de aluviones y terremotos, y además están cerca de los tendidos eléctricos. Nos sentimos muy preocupados, porque viene el invierno”, expresa.

Subraya que “no es posible que hasta la fecha no se cumpla el compromiso de  la intendencia de colocar a los campamentos en lugares seguros”.

Estos mismos cerros también fueron el escenario de una de las tragedias más recordadas en el norte: el aluvión de la madrugada del 18 de junio de 1991. Y 40 víctimas fatales vivían en cerro La Cadena y sobre la población Villa El Salto, donde ahora también hay asentamientos irregulares.

Desalojos

La pregunta que surge ante este escenario es obvia. ¿Porqué siguen apareciendo estas edificaciones? La gobernadora de la provincia de Antofagasta, Fabiola Rivero, se refirió al desalojo efectuado el martes reciente, donde particulares habían loteado 77 sitios pertenecientes a Bienes Nacionales, para crear un nuevo campamento.

“No se permitirán más ocupaciones ilegales de terrenos. Estas personas hicieron llamados desde Santiago, asegurando un sitio para construir casas en una zona altamente peligrosa”, detalla.

Rivero sostiene que al final de este primer semestre se construirá la primera población de viviendas sociales en la comuna: “Para combatir el déficit habitacional y  la creación de campamentos”.

La autoridad también reconoce que es muy costoso  construir en la ciudad, especialmente por el precio del suelo y de la mano de obra: “Buscamos terrenos para solucionar el asunto, a diferencia de antes, cuando Bienes Nacionales vendía los terrenos a precio comercial al Serviu”, cuenta.

Aumento constante

Según el Catastro Nacional de Campamentos de 2011, en esa época existían 28 campamentos habitados por 1.061 familias. En 2012, se vinculó al 70% con proyectos habitacionales, lo que trajo consigo la erradicación de 10 campamentos. Sin embargo, en los años siguientes se produjo un nuevo brote de construcciones no autorizadas.

El intendente de Antofagasta, Valentín Volta, explica que “este Gobierno se ha hecho cargo de una deuda histórica con la ciudad, donde el déficit habitacional es de 22 mil viviendas”.

Sostiene que “se está trabajando para erradicar el problema junto al Ministerio de Vivienda y Urbanismo, con la construcción  de 160 casas. También hay 1.790 planificadas para edificar en distintos sectores de la ciudad mucho más seguros”.

El presidente de la bancada regionalista del Senado, el senador  Alejandro Guillier, critica que “las riquezas extraídas y producidas en la región no se reflejen en beneficios a la ciudadanía, porque las mineras siguen tributando en Santiago, a lo que se suman los  despidos masivos por  la contracción de la economía”.

Para el parlamentario, la proliferación de los campamentos en los cerros es el síntoma de un Estado centralizado en gestión de los recursos: “Efectivamente, aquí estamos viviendo en campamentos  que no son ni rucas, son cuatro palos parados. Nos decían que los antofagastinos éramos los millonarios de Chile, pero yo le digo a la gente de Santiago que vean lo que quedó. Es una crisis”.

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