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Actualizado el 24/10/2012
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Aporte de los debates a los procesos electorales

La experiencia de EEUU demuestra la importancia de que los candidatos expongan sus postulados y muestren su carácter ante los electores.

EL DEBATE realizado el lunes en Florida -considerado uno de los estados clave en las elecciones presidenciales de Estados Unidos- entre el candidato demócrata a la reelección, Barack Obama, y el desafiante republicano, Mitt Romney, fue el último de tres que se efectuaron durante la actual campaña para llegar a la Casa Blanca, proceso que culmina el 6 de noviembre, con la celebración de los comicios donde se elegirá al nuevo primer mandatario para el próximo período de cuatro años.

Hasta antes de que se iniciaran estas instancias decisivas, las principales encuestas de opinión de ese país le otorgaban una supremacía clara al presidente en ejercicio. Sin embargo, el buen desempeño del aspirante republicano en el primer encuentro, registrado en Denver, le permitió a éste cobrar nuevos bríos y llegar virtualmente empatado con su rival al tercer debate que, de acuerdo a distintos sondeos, favoreció a Obama.

Así, se puede advertir con nitidez la importancia que pueden llegar a tener este tipo de eventos en el curso y desenlace de una campaña electoral. Hace algunas semanas, la mayoría de los análisis desplegados por especialistas norteamericanos apuntaban a que la ventaja obtenida por el candidato demócrata, especialmente en los estados de mayor influencia electoral, sería muy difícil de remontar para su contendor. Proyecciones que fueron quedando desvirtuadas a la luz de las recientes encuestas, que muestran que el resultado será estrecho, colocando una importante cuota de incertidumbre a las elecciones, justo cuando faltan dos semanas para su realización.

La manera como se organizan en Estados Unidos estos espacios de discusión entre los aspirantes a la primera magistratura permite a los ciudadanos conocer lo que piensan y planean hacer los candidatos a la Casa Blanca acerca de diversos temas relevantes; al mismo tiempo, entrega a los postulantes la posibilidad de exponer sus programas de gobierno, intercambiar puntos de vista y marcar diferencias entre ellos -de contenido y de carácter-, imprimiendo un mayor grado de competencia a los comicios. El formato de establecer tres debates en los que se discuten temas económicos, asuntos internos y política exterior, con la participación directa de potenciales votantes en uno de los encuentros -al que se suma un debate entre los candidatos a vicepresidente-, permite a un público que habitualmente no se interesa en los asuntos políticos obtener y contrastar información de manera clara y concisa, constituyendo un aporte que puede resultar clave a la hora de decidir de manera fundada por quién votar. 

En tiempos donde el énfasis de las campañas se centra más en la figura de los candidatos que en las ideas y propuestas que estos puedan tener, sería provechoso rescatar lecciones del esquema de debates que se implementa en Estados Unidos. A nivel local, debiésemos aspirar a organizar instancias de ese tipo, más abiertas y participativas que las que se desarrollan en Chile durante los procesos eleccionarios. La actual campaña municipal -marcada en su mayoría por eslóganes sin contenido- deja en evidencia la falta de esos espacios y la necesidad de perfeccionar los mecanismos que actualmente existen para que los electores puedan conocer a los postulantes a cargos públicos y se informen de su oferta programática. Adaptar a Chile la fórmula norteamericana contribuiría, sin duda, a fortalecer nuestro sistema democrático.

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