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Educación
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Actualizado el 11/11/2010
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Aprender a leer modificaría el funcionamiento del cerebro

Autor: La Tercera

Según un estudio francés, dicho aprendizaje provoca en el cerebro una redistribución de una parte de sus recursos, pudiendo quedar de lado el reconocimiento visual de los objetos y rostros.

P más A, PA. Más PA, papá. Que un niño aprenda a leer puede ser uno de los acontecimientos más importantes en la vida académica del escolar. Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia, este aprendizaje podría modificar la manera en que funciona el cerebro.

Según Laurent Cohen, uno de los investigadores, “no hay un sistema cerebral innato especializado en la lectura, tenemos que hacer bricolaje, utilizar sistemas que ya existen”, explicó a una agencia citada por El Espectador.

El estudio, que fue publicado en la revista estadounidense Science, analizó por medio de una resonancia magnética la actividad cerebral de 63 adultos. Entre ellos, 10 analfabetos, 22 personas que aprendieron a leer cuando adultos y 31 escolarizadas desde la infancia. Todos provenientes de Portugal y Brasil.

Mientras le hacían el examen, los investigadores los sometían a estímulos como leerles frases o mostrarles textos escritos, palabras y rostros.

Tras esto, los expertos se dieron cuenta que el impacto de aprender a leer en el cerebro era mayor de lo que se pensaba y que, incluso, contemplaba el uso de recursos visuales como las áreas que se utilizan para hablar. 

“El aprendizaje de la lectura activa el sistema visual en las regiones especializadas en la forma escrita de las letras, lo que es normal, pero también en las regiones visuales primarias, aquellas adonde llega toda la información visual”, precisó Cohen a El Espectador.

Es decir, cuando un niño o un adulto aprenden a leer el cerebro también activa las regiones primitivas, provocando una redistribución de una parte de sus recursos. De esta manera, el reconocimiento visual de los objetos y las caras cede parcialmente terreno a medida que aprendemos a leer y se desplaza “parcialmente hacia el hemisferio derecho”, citó el medio.

Sin embargo, la investigación señaló que aún no se comprueba que dicho aprendizaje retroceda la habilidad de reconocer rostros, por ejemplo.

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