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Actualizado el 18/07/2009
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Autocontrol: la clave para el éxito futuro

Autor: Sebastián Urbina

Esta habilidad que comienza en la infancia se ha revelado como un buen predictor del éxito futuro.

Autocontrol: la clave para el éxito futuro

A fines de los años 60, el sicólogo de la Universidad de Stanford, Walter Mischel, realizó un sencillo experimento con niños de cuatro años. Les dejaba una golosina sobre la mesa y les decía que se la podían comer de inmediato o esperar su regreso en 20 minutos para obtener un segundo dulce de premio.

Las filmaciones de esta prueba son descorazonadoras, con niños luchando por postergar lo más posible el delicioso momento. Algunos cubren sus ojos con las manos o dan vuelta la cabeza. Otros comienzan a dar patadas en su escritorio, algunas niñas se tiran las trenzas. Un niño muy bien peinado mira cuidadosamente la sala, para asegurarse que nadie lo observa: toma una galleta, se come el relleno, junta ambas tapas y la devuelve a la bandeja, con cara de satisfacción.

Algunos se comen de inmediato su golosina. Pero cerca del 30% de los niños logró resistir hasta el regreso de Mischel. Tras estos resultados, el experimento se archivó. Casi 40 años después, la prueba se reactivó y sorprende por su habilidad de predecir a quien le irá mejor en la vida.

BRECHA EDUCACIONAL
A través de sus hijas, que también participaron, Mischel se enteró de que a los niños capaces de esperar su segunda golosina les iba mejor en los estudios. A partir de 1981 envió cuestionarios a los padres, profesores y orientadores de la mayoría de los 653 niños del experimento. Y constató que quienes habían comido de inmediato el caramelo tenían problemas para poner atención en clases, para hacer amigos y caían más fácilmente en el matonaje. Sus profesores y padres los evaluaron peor y, además, era más probable que tuvieran sobrepeso y conflictos con las drogas a los 30 años.

Los capaces de esperar y controlarse, por el contrario, tuvieron mejor rendimiento académico y en la prueba SAT -algo así como la PSU chilena- obtenían, en promedio, 210 puntos más. Mischel, hoy profesor de la U. de Columbia, comenzó el año pasado a invitar a los participantes -ahora adultos- a la U. de Stanford para someterlos a chequeos de resonancia magnética funcional. Busca determinar con exactitud las áreas cerebrales que permiten a algunas personas postergar una gratificación y controlar su temperamento.

Y aunque faltan estudios para un mapa definitivo, hasta ahora aparecen involucradas la corteza prefrontal, la cíngula anterior y el giro frontal anterior. Zonas asociadas al autocontrol, la memoria de trabajo y la dirección de la atención.

AUTOCONTROL VS. INTELIGENCIA
Durante mucho tiempo los sicólogos han creído que la inteligencia por sí sola es el factor más importante para predecir el éxito. Mischel advierte que si bien es importante, ahora sabemos que está a merced del autocontrol: incluso los niños más brillantes deben hacer sus tareas, dice.

Entre los factores que determinan el autocontrol está el cómo estos menores dirigen su atención. En lugar de obsesionarse con la golosina, que actúa como un potente estímulo, el niño paciente se distrae desviando sus ojos o entonando canciones infantiles. Los niños que se mantienen mirando fijamente el dulce son los primeros en ceder a la tentación. “Si puedes manejar bien las emociones fuertes, entonces eres capaz de estudiar para la prueba SAT en lugar de dedicarte a ver televisión. O en lugar de dilapidar tu dinero, puedes ahorrar más para tu jubilación”, dice Mischel.

Estudios posteriores han demostrado que la capacidad de manejar la atención surge ya al año de vida. Basta ver cómo reaccionan los menores cuando se separan de la madre: algunos empiezan a llorar, otros se aferran a la puerta por donde salió ella, mientras que otros se distraen y empiezan a jugar con sus juguetes.

Pero lo que más llama la atención hoy y donde se están enfocando las investigaciones, es un grupo pequeño de los voluntarios de Stanford: niños que no pudieron controlarse cuando pequeños pero que terminaron siendo adultos exitosos, con una alta capacidad de postergar las gratificaciones.

Mientras, Mischel y la investigadora Angela Lee Duckworth, sicóloga de la U. de Pensilvania, aplican un programa en 66 escuelas públicas de EE.UU. Más allá de reformas en planes de estudio, colocan el acento en desarrollar el carácter de los niños y les enseñan algunas formas de autocontrol.

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