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Actualizado el 19/06/2017
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Camisetas verdes en Santiago

Autor: Matías Alarcón

La nueva realidad hace que Camerún también juegue en Chile como en casa. Al menos algunos de sus ciudadanos, como los que se juntaron ayer en un pub de Providencia, en minoría respecto a los locales, para ver el partido. Aquí, sus historias de sacrificio, esfuerzo y fracaso, de probar suerte en el fútbol criollo, compatibles con el oficio de hinchas.

Camisetas verdes en Santiago
Zambo, Kamga y Baptiste, de pie durante el partido del domingo. Fotos: Luis Sevilla.

Es mediodía en Santiago y el partido entre Chile y Camerún marca la rutina de la capital. Pero a las afueras del metro Tobalaba se vive una fiesta. Una música intensa y con mucho ritmo se deja escuchar en pleno Providencia. Unos 15 africanos tocan tambores ante la atenta mirada de los transeúntes. La transpiración recorre su frente, pero no cesan. Palma a palma golpean el instrumento. Dentro del grupo, tres destacan por su vestimenta. Uno lleva la camiseta de la selección de Camerún, y los otros dos, chaquetas que en su pecho tienen grabada la insignia de los Leones Indomables.

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Bailan y mueven sus pies al ritmo del tambor con gran naturalidad, como si estuviesen en casa. Pero esa alegría esconde grandes sacrificios, sudores y fracasos.

Jean Baptiste Matega (31) se presenta a El Deportivo como un ex futbolista. Llegó a Chile hace ocho años y apenas aterrizó un conflicto racista lo hizo repensar su decisión. “Vivía en Peñalolén y un chileno me dijo: ‘negro conchetumadre’. Nos peleamos a combos porque allá en Camerún la mamá es sagrada. No podía creer que estuvieran insultando a mi mamá. Fue difícil la situación. No pensé en irme pero sentí que las cosas serían muy difíciles’’, narra, mientras camina por las calles de Providencia.

Se declara fanático del fútbol y motivado por esa locura fue que cruzó continentes. En Camerún defendió los colores de la Unión de Douala, pero en 2008 partió a España para integrarse a las filas del filial del Granada, de la cuarta división. Allí comenzó a forjar su lazo con Chile. “Tuve unos amigos chilenos que me ayudaron cuando estaba solo en España. Me dijeron que acá había más posibilidades de ser futbolista por mi contextura física”, recuerda.

Siguiendo aquellos consejos, al poco de su llegada probó suerte en Universidad Católica. Pero fracasó. “Como dicen ustedes, acá hay mucho pituto. Siento que por no tener a nadie conocido acá, no quedé”, asegura. Tras la negativa del club de la franja, no dejó de luchar y a fines de 2009 viajó a Quillota para intentarlo en San Luis.

Cuando la directiva le dijo que su fichaje estaba cerca de concretarse, la estabilidad y el fin del calvario comenzaron a asomar en el horizonte. Pero su vida sufrió otro duro golpe. A comienzos de 2010, con la llegada del técnico argentino Roberto Mariani, la opción se esfumó. “Abiertamente, el técnico me dijo que no me quería en el equipo porque no quedaban cupos de extranjeros. Él llegó con un ayudante y cinco jugadores argentinos”, relata, gesticulando cada una de las palabras.

En la actualidad, Jean dedica su vida a la medicina alternativa. “Trabajo en Isla de Pascua, donde tengo mi consulta. Me vine a Santiago unos días y aproveché a ver el partido con mi gente”, explica con una sonrisa. “He tenido una vida sacrificada. Me han cerrado muchas puertas, pero hoy estoy feliz en Chile”, concluye.

El camerunés no camina solo. A su lado aparece su compatriota Luc Joel Zang Zambo (32), primo del volante André-Frank Zambo, que ayer enfrentó a Chile. “Ahí está mi primo. Es el que tiene la camiseta número 3”, indica al borde del grito, cada vez que las cámaras de televisión se detienen en su figura.

Tal como Jean Baptiste, Zambo llegó a Chile a fines de 2006 buscando su opción en el fútbol. Con ese objetivo en mente, llegó al sur de Chile, específicamente a Concepción. Pero el destino no quiso que jugara. Un corte de ligamento cruzado le segó la esperanza. “La lesión fue un momento muy difícil para mí. Después de eso no sabía qué hacer y terminé siendo cocinero en Santiago porque era lo único que hacía bien”, comenta.

Dejó atrás la pelota y la cocina se transformó en su casa. Tras pasar por varios restarauntes, hoy es chef del local California en Providencia, donde la comunidad africana se reunió para ver el duelo.

Cuando Néstor Pitana hace sonar su silbato, Zambo se olvida de todo lo malo por un rato, aunque tras la caída de su país, retoma la conversación. “Mi vida en Chile es normal, como lo era en Camerún. Hay días donde te dicen palabras racistas en la calle o te miran diferente pero no hay que considerarlas porque somos todos iguales. El mundo será mejor si las culturas se unen y se dejan de discriminar unas a otras”, sentencia.

Dentro de la comunidad africana residente en el país, hay uno que siente a Chile más que el resto. Y es que el chef Simo Kamg Claude (30) creció viendo jugar a la Roja. Fue un partido en la década de los 80´ que nunca olvidó. “Vi jugar a Chile contra Brasil cuando le ganaron en la Copa América de 1987 y dije: ‘Tengo que conocer ese país’”, recuerda.

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Hace tres meses cumplió ese inocente deseo y las expectativas han sido mejores de las que pensaba: “Te digo la verdad. He viajado mucho por todas las partes del mundo pero Chile es el país menos racista de Sudamérica. Estuve dos años en Ecuador y apenas me bajé del avión, sentí que no estaba en mi tierra. Me miraban diferente”.

Las anécdotas tristes salen a flote de inmediato: “Intenté comunicarme con algunos ecuatorianos para preguntar una dirección y no me quisieron decir. Unos pasaban al lado como no escuchándome y otros no decían nada. Esas situaciones son las más difíciles porque te hacen sentir que eres alguien distinto. Pero acá, el chileno es diferente. Yo ahora estoy hablando contigo y no pasa nada”, señala.

Ayer, durante el partido, los tres africanos disfrutaron, sonrieron y bailaron a pesar de la derrota ante Chile. Por 90 minutos, el fracaso, racismo y magros momentos quedaron en un segundo plano. Fue un día de fiesta para tres de los 60 cameruneses que, según Zambo, residen hoy en Santiago.

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