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Actualizado el 17/08/2010
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Chile, país de clase media

Autor: Rodrigo Castro

A diferencia de los más pobres, la clase media no está protegida por redes sociales, pues éstas se enfocan en los grupos de menores ingresos.

 

NO EXISTE definición precisa de clase media y, en general, la mayoría de la población tiende a percibirse en esa clasificación (incluso profesionales que pertenecen al 20% más rico). En la jerga del marketing, se considera a los grupos C2 y C3 representivos del segmento. La clase media se puede entender por una combinación de variables de consumo, patrimonio y educación. Tomando esto en consideración, se puede decir que un 20% de la población chilena es clase media.

Según la Casen 2009, este porcentaje son jefes de hogar con estudios superiores (completos e incompletos) y que poseen ingresos entre $ 400 mil y $ 500 mil. Ahora bien, la clase media debiese ser el grupo que tiene ingresos cercanos a la mediana nacional (quintil 3), es decir, $ 450 mil. Sin embargo, esto difiere del concepto que define el estrato medio como aquellos hogares que perciben ingresos en torno al promedio, donde la cifra asciende a los $ 752 mil.

Los ingresos de la clase media crecen menos en términos reales que el ingreso promedio de todos los chilenos. Entre 2006 y 2009, los ingresos autónomos del hogar (obtenidos mediante el trabajo) de ese grupo aumentaron entre 3% y 5%, mientras que para el promedio del país subieron 7,8% en el mismo período. La situación económica de la familia de clase media, así como la del 40% más pobre, sufrió los efectos del menor crecimiento de los últimos años. La variación promedio anual per cápita de los ingresos del tercer quintil revela que existe una gran diferencia entre lo ocurrido entre 1990 y 1998, cuando el PIB aumentó a un promedio anual de 7,6%, y lo sucedido entre 1999 y 2009, cuando Chile apenas creció a 3,3% anualmente. En el primer período, los ingresos promedio país se incrementaron a una tasa del 5,8% anual, mientras que en el segundo, sólo lo hicieron a 0,6%.

Este comportamiento se traduce en que muchas personas que habían visto aumentar sostenidamente sus ingresos también aumentaron sus expectativas socioeconómicas, adquirieron bienes y propiedades, y se endeudaron para ello. Con la baja de la actividad económica, sufrieron por la merma de sus ingresos o por la pérdida del empleo y sus expectativas se vieron afectadas. El problema es que ellos, a diferencia de los más pobres, no están protegidos por redes sociales, pues los programas de ayuda -habiendo recursos escasos- se deben enfocar a los grupos de menores ingresos. Así, el crecimiento económico es muy relevante para la clase media, porque para quienes la integran resulta más fácil reinsertarse cuando aumentan la actividad y el empleo.

Cuando el mercado del trabajo está tan restringido como ahora, generar mayores oportunidades de empleo también pasa por la necesidad de dar mayor flexibilidad laboral, de modo que las mujeres y los jóvenes de este estrato puedan ocuparse, aportando al ingreso del hogar o contribuyendo al pago de sus estudios.

Políticas como el seguro de desempleo o ante contingencias de salud son claves para la clase media. También la ampliación del crédito universitario con aval del Estado a todas las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica puede ayudar a la clase media, dado que su principal aspiración es que sus hijos puedan terminar la educación superior.

 

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