Columna de Ascanio Cavallo: "La mundanidad y la DC"

Carolina Goic

La Democracia Cristiana se prepara para uno de los fines de semana más dramáticos de su historia. Más largos también: podría haber unas 72 horas entre los resultados de la junta nacional del sábado 29 y el fin de la jornada del 2 de mayo, último plazo para inscribir candidaturas a las elecciones primarias nacionales.




La Democracia Cristiana se prepara para uno de los fines de semana más dramáticos de su historia. Más largos también: podría haber unas 72 horas entre los resultados de la junta nacional del sábado 29 y el fin de la jornada del 2 de mayo, último plazo para inscribir candidaturas a las elecciones primarias nacionales, es decir, el acto final que confirma quiénes participarán en primarias y quiénes no.

Pero, por cierto, el momento decisivo es la junta nacional. Todos los insiders coinciden en que será un encuentro difícil. No repetirá ese instante mágico y tumultuoso del 11 de marzo, cuando la junta decidió por unanimidad la candidatura presidencial de Carolina Goic y las lentejuelas de la fraternidad democratacristiana volvieron a iluminar, como en los viejos tiempos, la ilusión de la unidad perfecta. Aquel día, es cierto, todas las pandillas enfundaron los puñales. Esta vez no.

Pero aquella jornada convirtió a Goic en la voz más fuerte de su partido. Sin haber sido una de las figuras mayores de la DC, la senadora quedó en una de esas raras encrucijadas donde se exhibe, de manera ostentosa y desafiante, la mundanidad del mundo. Esa mundanidad se llama primarias, y los mundanos socios la han convertido en la puerta de Babilonia: sin primarias no hay pacto parlamentario.

La junta nacional de la DC tiene una ventaja conceptual sobre el comité central del PS: hay en ella pocos parlamentarios en ejercicio, lo que hace menos probable que repita esa danza de intereses electorales que tanto contribuyó a abatir a Ricardo Lagos. Tampoco está la directiva distante (o en contra) de la candidatura, el otro factor crucial en la secreta coalición antilaguista del PS, que se cuidó de eliminar primero a otros aspirantes, para que no fuese a parecer lo que al final pareció. En este caso la mundanidad se vistió con las encuestas.

Quedan los funcionarios públicos. Muchos de ellos creen, como los trabajadores con empleos precarios, que un cambio en la estructura de mando les quitaría sus trabajos, lo que ha de ser cierto en la mayoría de los casos. Pero es algo mezquino reducir este problema a la defensa del sueldo: a veces, algunas veces, hay también proyectos, ideas, sueños de un país mejor al que se puede contribuir desde un pequeño escritorio público. Distintos cálculos cifran la integración de la junta en unos dos tercios de empleados fiscales, con sueños o sin ellos.

El caso es que hace justo una semana, en este diario, Goic desechó las primarias y en buena medida condicionó -como se quejaron algunos de sus contradictores internos- el resultado de la junta. Porque ¿qué puede hacer ahora la junta? Una de tres cosas: a) apoyarla; b) adoptar una decisión ambigua o condicionada, con menos de 72 horas de vigencia; o c) desautorizarla y quedarse sin candidata, ni primarias, ni pacto.

La centroizquierda vive una fase depresiva con propensión al suicidio, por lo que ningún resultado está asegurado. Sin embargo, la lucha más dura se libra entre la izquierda de la Nueva Mayoría y su retador, el Frente Amplio. No parece que la DC pueda tener mucha voz en ello, ni menos en una elección sin binominal, con sistema proporcional, donde nada valen los acuerdos de omisión ni los intercambios de distritos.

Estas serán las parlamentarias peor aspectadas para todos los partidos que hoy integran la Nueva Mayoría, que han basado sus buenos resultados en la generosidad y la solidaridad. La proporcionalidad liquida, por definición, tales valores, precisamente porque reivindica la primacía de la pluralidad.

Este solo hecho, mecánico, automático, ya ha disuelto una parte de las bases de la Nueva Mayoría. Sobrevivirá otra parte, la lealtad al gobierno, pero con una fecha de término de 10 meses. De modo que la persistencia o la desaparición de la Nueva Mayoría carece de relevancia. Las dos cuestiones de real importancia están en otro lado: ¿Son las primarias consustanciales a la existencia de una coalición de centroizquierda? Y ¿son las primarias consustanciales a una lista parlamentaria común?

La respuesta a ambas preguntas es no, pero a condición de que las partes actúen con prudencia, con calma y sin generar dichos o hechos que puedan tornarse irreversibles. A fin de cuentas, después del 19 de noviembre puede haber segunda vuelta presidencial.

El voto político de la junta anterior, que es el que está vigente, declaró el propósito de la DC de participar en las parlamentarias en una de dos listas "de centroizquierda". La cuestión de las dos listas (o pactos) no es ideológica, sino instrumental: las condiciones y los candidatos son tantos, que es muy difícil integrarlos en una sola lista. Dado que dentro de una lista se produce chorreo desde los candidatos fuertes hacia los débiles, muchos aspirantes se sienten mejor amparados dentro de un pacto que si van en solitario. Sin embargo, esto tiene su reverso: los candidatos fuertes de la DC ofrecen buena protección a sus socios, cualesquiera que ellos sean.

Pero este análisis no considera la importancia de la debilidad subjetiva: a la siga del máximo de seguridades, los candidatos invocan también la protección de la candidatura suprema, la presidencial. Aquí reaparecen las encuestas. El retorno de la mundanidad.

En una cosa hay acuerdo: nadie espera que estas puedan ser elecciones exitosas para la DC. Se trata, en el mejor de los casos, de salvar los muebles: algo cercano a los 21 diputados y seis senadores que están en juego. Competir en conjunto o en solitario plantea riesgos muy parecidos, excepto que un desempeño desastroso de Goic desde ahora hasta noviembre pudiera producir severos daños colaterales. Si es al revés, la DC hasta podría mejorar su performance parlamentaria.

Pero esto es difícil. Todo es difícil. Es difícil la mantención de la Nueva Mayoría con una niñez enfermiza de cuatro años y es difícil su extinción sin una muy abrupta sensación de fracaso. No hay salida fácil, ni para la DC ni para sus aliados.

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