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Actualizado el 11/08/2017
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Columna de Leonardo Véliz: El Tanque y Pinigol

Autor: Leonardo Véliz, entrenador y ex futbolista

¿Desde cuándo se perdió la filosofía del gol? ¿Cuándo se extravió esa belleza? Cuando el fútbol se transformó en mercancía. Desde que esa moneda llamada gol, embriagó las chequeras del mercantilismo.

Al futbol se le ha explotado y saqueado su naturaleza. El gol se ha convertido en un producto de lujo o de manufactura barata. Da lo mismo hacerlo con la punta del pie o la delicadeza del borde interno, el zapatazo a ojos cerrados o la vista fija en el ángulo más lejano. El gol es ecuménico, silencioso o estridente, sale del alma o las vísceras, del estudio o el azar.

Se ha transformado en una necesidad por la máquina mediática-económica. Existen goleadores para todos los gustos. Y aquí surgen los de proa delicada como un velero o los de un rompehielos. Los que dominan ambas piernas y a los que apenas les alcanza la diestra o siniestra. O sólo la testa.

Sin embargo, hay confusión en el paladar de los hinchas. Les da igual un vulgar puntete que una pelota curva anidándose donde no llegan los temblores.
Con mucha pompa arriban a Chile dos goleadores, uno llamado Tanque Silva y otro apodado Pinigol. El primero en los estertores de su carrera con pólvora mojada y el segundo que nunca ha levantado en un club una copa de campeón.

Ambos dominan el juego aéreo pero olvidan que al balón le apetece el olor a hierba. Los dos son fuertes, pero no dañan con habilidad. Fintas y amagues son su debilidad. Les acomoda la lucha cuerpo a cuerpo como en Dunkerque y amenazan sólo por los cielos como lo hace Kim Jong- un.

En afán de generar más ganancias, nos hemos atiborrado de futbolistas antagonistas a la diversión. Si ésta es la mayor entretención del mundo, no la convirtamos en una siesta. No hay nada más dañino para la salud del fútbol que jugadores desprovistos de calidad.

No nos saturemos de troncos que perturban la belleza del balompié. Que vuelva su majestad la técnica y las caricias al balón. Allí también hay intensidad.
¿Es mucho pedir o soñar? Sí, es un sueño aspiracional. Y si es por dormir, que sea por la calidad del sueño.

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