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Actualizado el 29/11/2017
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Columna de sismología: El violento despertar del “Agung”

Autor: Cristian Farías Vega, Geofísico

Columna de sismología: El violento despertar del “Agung”

Hay algunos lugares del mundo que simplemente tienen demasiados volcanes. Chile es uno de ellos. Japón también. Y el país que hoy está haciendo noticia por uno de los suyos es Indonesia. En la isla de Bali (ya saben, sudeste asiático, destino millennial) “vive” el volcán Agung, un gigante cuyas últimas dos erupciones han sido particularmente explosivas. Estas ocurrieron en los años 1843 y 1963, y cada una de ellas llegó a tener un Índice de Explosividad Volcánica IEV=5, lo que es parecido a la última erupción del Cordón Caulle, en nuestro país. El problema es que hay muchas personas viviendo en los alrededores de este volcán, por lo que explosiones de ese tamaño pueden llegar a tener un gran impacto en la vida de los indonesios. En efecto, las estimaciones de la cantidad de muertos producto por la erupción de 1963 están entre 1.100 y 1.500 personas, lo que es muchísimo. ¿Qué fenómenos particularmente indujeron tal cantidad de muertes? Flujos piroclásticos y lahares. Un flujo piroclástico se produce cuando la gran nube de tefra (mal llamada “ceniza”) colapsa bajo su propio peso, y cae ladera abajo, arrasando todo a su paso. Contiene gases tóxicos a altas temperaturas, y baja arrastrando grandes rocas y todo lo que encuentre. Hay grandes registros de ellos, pero quizás la siguiente foto explique lo que ocurre con uno producido por una mega-erupción (en este caso, la del Pinatubo, en 1991).

Aterrador, ¿verdad? Bueno, eso puede ocurrir con erupciones muy grandes. De hecho, si lo recuerdan, el miedo después de la erupción del Chaitén el 2008 era que un gran flujo piroclástico podría arrasar con el pueblo de Chaitén, borrándolo del mapa. Sin embargo, el tamaño de estos flujos es variable (depende mucho del tamaño de la erupción misma), pero si es que hay personas viviendo en los faldeos del volcán, todos se encuentran en un riesgo tremendo.

Los lahares, por otra parte, son una especie de “aluvión volcánico”, producido cuando grandes masas de agua ruedan ladera abajo, arrastrando también pequeñas y grandes rocas, así como muchos sedimentos. La consistencia de estos lahares es muy variable, y a veces pueden llegar a parecer cemento cuando se secan. En el caso de nuestro país, la mayoría de nuestros volcanes activos tienen el potencial de producir lahares, debido a la cantidad de hielo y nieve presente en sus edificios. Sin embargo, como sociedad nos cuesta entender de qué se trata. Quizás este video, filmado en la isla de Java el 2007, ayude.

También aterrador, ¿no? Bueno, el peor escenario para los habitantes de las zonas alrededor del Agung es que se repita lo que pasó en 1963. No es sólo la cantidad de muertos, sino que también todo el daño colateral que se produce en la vida de las personas, que es enorme. Por lo tanto, lo mejor que podría haber pasado para los habitantes de la zona es que el Agung se tomase su tiempo antes de volver a despertar.

Pero en septiembre de este año la sismicidad en el volcán comenzó a aumentar, encendiendo las alarmas de todos. ¿Por qué? Esto es lo que ocurre: para que un volcán entre en una erupción explosiva, debe tener magma debajo de él, que luego debe subir a la superficie. Los componentes fundamentales del magma son roca (!) fundida, gases, y cristales sólidos. Por lo mismo, esta mezcla es tremendamente viscosa, y se mueve lentamente. Con la ayuda de sismógrafos, los científicos podemos entender qué le está pasando al volcán. Cuando el magma se mueve, el suelo vibra levemente, de forma que se capturan sismos volcánicos. Además, cuando logra ascender, rompe parte de la roca que lo rodea en el proceso. Cada vez que se genera una ruptura, todo el suelo vibra debido a un sismo volcano-tectónico. Otro fenómeno que puede ocurrir es que fallas cercanas al volcán se muevan debido a la presión que genera el movimiento del magma sobre ellas, generando también sismos volcano-tectónicos. Y cuando ya el magma está cerca de llegar a la superficie, se puede observar un evento llamado “tremor volcánico” en los sismógrafos instalados alrededor de uno de ellos. Esta señal es muy larga, y si es de una gran amplitud, dice que hay un gran cuerpo de magma listo para ser eruptado. Por lo tanto, si es que la sismicidad alrededor de un volcán aumenta sostenidamente en el tiempo, hay que tener cuidado. El siguiente gráfico muestra cómo fue subiendo la cantidad de sismos en el Agung durante septiembre y octubre, lo que forzó a la evacuación de miles de personas. El conteo era simplemente demasiado elevado, y muchos volcanes han entrado en erupción por menos. Sin embargo, ya hacia mediados de octubre, se puede ver cómo la cantidad de sismos comenzó a bajar. Esto llevó a un período de relativa calma, y las autoridades indonesias decidieron bajar el nivel de alerta. En ese momento se manejaban dos escenarios: o bien la actividad aumentaba, llevando a una erupción, o bien esta disminuía, de modo que no habría erupción.

Noviembre definió el escenario. La cantidad de sismos aumentó considerablemente, y el nivel de alerta volvió a subir inmediatamente. El 21 de ese mes se pudo apreciar una leve columna eruptiva, que estaba más bien ligada a una gran cantidad de vapor de agua expulsado a la atmósfera, debido que el agua presente a altas presiones dentro del volcán entró en contacto con un cuerpo de magma a poca profundidad. La actividad aumentó aún más el 25 de noviembre, cuando una columna de tefra de más de 2 kilómetros de altura llevó a la evacuación masiva de alrededor de 100 mil personas. Debido a que la tefra es básicamente roca molida muy fina, entonces esta puede producir grandes daños en los aviones que pasen por la zona. Por lo mismo, se cerró el aeropuerto local. La actividad cambió tanto que hoy ya hay poco sismos volcano-tectónicos, que indican rompimiento de roca. El magma ya se abrió paso a la superficie, por lo que tiene poco más que romper en este momento. Pero sí de ve un gran tremor. La siguiente figura muestra 24 horas de sismicidad de un día de octubre, y 24 horas de sismicidad del 28 de noviembre: en la parte de octubre, ¿ven todos esos peaks? son sismos volcánicos y volcano-tectónicos. Muchísimos, ¿cierto?. ¿Ven cómo no hay tantos en noviembre? ¿y esa enorme vibración? Eso es un tremor de tremenda amplitud, que ocurrió justo antes de una importante explosión. Al ver eso último, uno se asusta. Es simplemente muy grande.

¿Qué va a ocurrir ahora? Por desgracia, se puede decir poco. Ya que la última erupción del Agung ocurrió en 1963 y no había instrumentos monitoreándolo en esa época, se sabe poco acerca de su dinámica durante en una erupción. Es decir, desconocemos el detalle fino de la “personalidad” del volcán. Hoy, la erupción está ocurriendo, y ya ha afectado la vida de muchas personas que viven cerca de él. Ojalá y el proceso no sea tan explosivo, pero con un volcán como este es muy difícil predecir. Lo bueno es que el monitoreo constante permite anticipar situaciones, tal como se hace acá en Chile y en muchos lugares que tienen una gran cantidad de volcanes activos. Ojalá y esta vez el daño sea el mínimo posible.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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