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Actualizado el 16/08/2017
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Columna de sismología: El ronroneo del Tupungatito

Autor: Cristian Farías, geofísico

Columna de sismología: El ronroneo del Tupungatito

En la última semana el volcán Tupungatito ha hecho noticia a nivel nacional, gracias a un aumento en su sismicidad con más de 160 pequeños eventos registrados desde el viernes 11 de agosto hasta hoy. El volcán, situado a unos 80 kilómetros de la capital, ha llamado la atención no sólo por su cercanía, sino por la ternura de su nombre (algo de lo que se festinó en las redes sociales) y el hecho que extrañamente, se trataba de un volcán desconocido para muchos.

Sin embargo, el factor más importante tiene que ver con lo que ocurriría si es que el volcán llega a entrar en erupción. Dado este escenario, debemos entender cómo es la dinámica de un volcán activo.

Primero, el Tupungatito es un volcán activo del cual hay evidencia de 19 erupciones históricas en los últimos 200 años, ocurriendo la última el año 1987. Incluso este volcán entró en fase eruptiva en el año que siguió a los terremotos del sur de Chile de 1960 y de San Antonio en 1985, lo que lo plantea como un sistema potencialmente sensible a perturbaciones externas, pero que además debe tener fluido atrapado a alta presión en sus inmediaciones. De hecho, quien ha podido ir al volcán habrá podido notar sus fumarolas, lo que es un signo irrefutable de su calidad de volcán activo. Entonces, ¿cómo es que no nos enteramos antes que hay un volcán activo cerca de Santiago? Eso seguramente se debe al hecho de que ninguna de sus erupciones históricas ha sido particularmente explosiva. Y ya que el volcán no es visible desde la ciudad, entonces difícilmente uno se podría enterar de que está haciendo erupción a simple vista. ¿Cuál es el riesgo, entonces? El mismo de la gran mayoría de los volcanes en nuestro país: los lahares.

Los lahares son una especie de “aluvión volcánico”, que se produce por el contacto del material que sale a la atmósfera durante una erupción con las capas de nieve y hielo que típicamente cubren a nuestros volcanes. Este material proviene de la corteza terrestre -se llama magma- y no es nada más ni nada menos que roca fundida, que también contiene gases y cristales en su interior. Así que imaginen la temperatura y la presión interna de este magma. Por lo mismo, cuando sale a la superficie donde la temperatura ambiente es mucho menor, tiende a romperse en trozos de distintos tamaños. Desde grandes bombas volcánicas (rocas de más de un metro de diámetro) a tefra, que es lo que erróneamente llamamos “ceniza”. Sí, la “ceniza volcánica” en realidad es el resultado de una molienda muy fina de la roca fundida cuando esta se enfría. Cuando la presión interna del magma es poca, el resultado es la obtención de flujos de lava, que en el caso de nuestros volcanes chilenos se mueven muy lento montaña abajo (por poner un ejemplo, los del Llaima en su erupción del 2008 recorrían 10 metros en un día, así que hasta un caracol podría ganarles). Una erupción típica del Tupungatito genera una columna de tefra más bien pequeña (no mayor a 2 km de altura), y algún flujo de lava menor, sumado a la eyección de algunas rocas a alta temperatura. Como ya mencioné, este material incandescente derrite rápidamente la nieve y el hielo en el cono del volcán, lo que genera un flujo importante de agua que baja arrastrando todo a su paso, incluyendo rocas y otros sedimentos. Estos lahares bajan por ríos que terminan siendo afluentes del río Maipo, y además pasan por zonas más delicadas como la central hidroeléctrica El Alfalfal. Y si bien el mapa de riesgo volcánico muestra que estos aluviones volcánicos no son particularmente violentos, sí pueden llegar a poner a prueba los mecanismos de mitigación de las hidroeléctricas de la zona.

Volviendo a lo actual en el Tupungatito, lo que se ha visto es una alta ocurrencia de sismos en una zona de falla cercana al volcán, pero no debajo de su cráter. Es importante mencionar que todos los sistemas volcánicos activos tienen sistemas de fallas bastante complejos, que cada cierto tiempo producen pequeños sismos. Estos sismos pueden ser producidos por el movimiento de fluidos atrapados a alta presión, o por la dinámica propia de ellas. Por lo mismo, lo que ha estado ocurriendo en el Tupungatito es bastante interesante. El tamaño de los sismos ha sido bastante importante en un contexto volcánico, y se han producido a profundidades entre 5 y 10 km, que es donde el magma suele almacenarse en muchos volcanes. Eso implicaría que seguramente su origen está en el movimiento del magma debajo del volcán.

Entonces, ¿va a ser erupción el Tupungatito? Es poco probable ahora mismo. Lo que estos sismos muestran es que el volcán está activo y que las estructuras cercanas a el se mueven producto de esta actividad. Sin embargo, para que existiese una erupción, la sismicidad debería comenzar a migrar rumbo hacia el cráter, evidenciando que el magma se quiere abrir paso hacia la superficie. Como siempre, hay que seguir atentos, a ver cómo sigue la actividad en este volcán. Y por supuesto, entender de mejor forma cada uno de los procesos del volcán. Este centro no es el más peligroso de Chile (de hecho, está en el lugar número 54 en el ranking de peligrosidad), pero sí nos puede enseñar mucho acerca de cómo un volcán activo se manifiesta.

 Cristian Farías Vega (@cfariasvega)es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica. 

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