La Tercera

Columna de sismología: Volcanes festivos

En Chile celebramos el cambio de año a lo grande. Quizás porque estamos en verano, quizás por la cumbia, pero la noche del 31 de diciembre hace rato que es sinónimo de fiesta, y la mañana del 1 de enero representa una lucha por sobrevivir a la noche anterior. Y más de una vez en nuestro país hemos tenido algún signo de “post celebración” por parte de la naturaleza.

Aunque no lo crean, muchas veces hemos recibido el año nuevo con un volcán en plena erupción. Y este año también ocurrió: el Nevados de Chillán sigue en su ciclo eruptivo que comenzó en enero del 2016, con explosiones cada cierto tiempo, aunque pequeñas, pero que cuentan como una erupción al fin y al cabo. Esta observación, que quizás es un poco sorpresiva, marca un tema muy importante: una erupción generalmente no es un proceso que dure horas o días, ya que muchas veces los volcanes pasan por fases eruptivas, donde por semanas, meses, e incluso años están lanzando material a la superficie.

Un caso emblemático de esto es la erupción más explosiva del siglo XX en nuestro país, ocurrida hace 100 años. En la cordillera de la séptima región, el volcán Quizapú inició una fase eruptiva desde 1917 hasta 1932, y tuvo su momento de mayor violencia cuando en su último año una gigantesca serie de explosiones derivó en una nube de tefra que cruzó el mundo, generando una penumbra poco antes vista en Curicó y Talca, e incluso alcanzando a Valparaíso. Y si bien este volcán no tuvo sus mayores explosiones en año nuevo, si recibió con “fuegos artificiales” (aunque pequeños, a veces sólo fumarolas) el año unas 15 veces durante esa fase.

Un volcán que sí tuvo una explosión importante el día de año nuevo fue el Villarrica, que el 1° de enero de 1949 decidió que sería una buena idea tener una erupción que incluyera una nube de tefra de varios kilómetros de altura para recibir el año. Sin embargo, el Villarrica venía “lanzado”: su fase comenzó el 9 de octubre de 1948, y concluyó en febrero de 1949. Tal erupción fue una de las últimas más importantes del volcán, y según el registro histórico que llevan en el proyecto P.O.V.I., los lahares fueron tan grandes que llegaron a los lagos Villarrica y Calafquén, arrastrando árboles, rocas, y todo lo que encontraron en su camino. Afortunadamente, la zona no estaba tan poblada como lo está hoy. Si una erupción con esas características ocurriera hoy, las consecuencias podrían ser terribles.

Sigamos con una pregunta. Entendiendo que los volcanes tienen fases eruptivas, muchas de ellas de larga duración, ¿cuantas de las erupciones de los últimos 150 años en Chile han ocurrido en diciembre o enero? El siguiente gráfico muestra justamente esa estadística:

No es fácil ver un patrón marcado, aunque pareciera ser que en los meses de verano comenzaron más erupciones que en los meses de invierno. Hay que considerar, sin embargo, que en invierno no es fácil ver los volcanes todos los días, y eso puede afectar la estimación de la fecha de inicio de una erupción. Pese a ello, el mes donde comenzó la mayor cantidad de erupciones en los últimos 150 años fue julio. Nada de predecibles, ¿no?

Ahora, si vamos al detalle de qué volcanes han iniciado una fase eruptiva un primero de enero, tenemos a sólo un sujeto: el Llaima, en 2008. Si bien este macizo ya había tenido una leve erupción a mediados del 2007 – que generó la alerta entre quienes lo monitoreaban – la erupción en sí fue sorpresiva: sólo fue precedida por dos sismos importantes que indicaban que había fluido moviéndose, y entonces comenzó la erupción. Nada de enjambres de sismos antes de la primera explosión. La nube de tefra llegó a más de 8 kilómetros de altura sobre el cráter principal, para después dar paso a una secuencia de explosiones intermitentes, que arrojaban material incandescente a varios cientos de metros por encima del cráter. Y si bien se generaron lahares, éstos no fueron tan potentes, por lo que afortunadamente nadie perdió la vida (aunque sí hubo dos torpes que pusieron en riesgo su vida y subieron a la cima del volcán mientras ocurrían las explosiones). Hubo un río de lava importante que fue muy fotografiado, y que se movió lentamente. También durante la fase eruptiva, que duró alrededor de un año y medio con intermitencias, el volcán hizo erupción a través de sus flancos, lo que sí preocupó bastante a los científicos, ya que una gran explosión lateral puede llegar a ser devastadora. Después de esa fase, el Llaima comenzó a disminuir su actividad. Tuvo un aumento de su sismicidad después del terremoto del Maule, y durante algunos meses en el año 2012. Luego, se “apagó” hasta el año pasado, cuando tuvo un leve disparo sísmico que no llevó a nada, por lo que este volcán sigue en su letargo. Volviendo al tema inicial, hay que mencionar que el Llaima también tuvo una fase eruptiva breve -pero violenta- que comenzó el 31 de diciembre de 1932. La fase concluyó el 5 de enero de 1933, apenas seis días después de haber empezado.

Los volcanes tienen dinámicas internas muy complejas, y muchas veces hacen erupción sin tomarse las primeras planas de los medios de comunicación. Sin embargo, allí están, liberando energía, sin preocuparse mucho de qué día es. Seguramente el futuro nos traerá alguna otra erupción que se inicie un primero de enero, y quizá estemos allí para verla.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.