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Actualizado el 18/06/2017
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Copa Confederaciones: Vidal tiene la llave

Autor: Cristian Caamaño

El volante abrió el camino del triunfo de Chile con un cabezazo digno de Zamorano. En un partido marcado por sendas decisiones del VAR. La Roja supo resolver que le complicó en el segundo tiempo. Vargas cerró la cuenta.

Copa Confederaciones: Vidal tiene la llave
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A falta de 9, Vidal. Qué importa que Pizzi se haya equivocado en la conformación de la lista para esta Copa Confederaciones, prescindiendo de un centrodelantero natural, llenando la nómina de extremos y circunstanciales mediocampistas reconvertidos en arietes. Si cuando todos parecen nublarse en los metros finales, el hombre del Bayern Múnich siempre está más lúcido para conectar el único balón que recibió con ventaja en el área para abrir el camino del triunfo de Chile sobre Camerún. En el momento justo, cuando peor jugaba la Roja.

Era una dura prueba para Chile el estreno de la Copa Confederaciones. No por el nivel futbolístico del rival, un inocente y tosco Camerún, sino porque debía afrontar el debut sin su capitán y sin su goleador. Y a ratos supo disimular tan trascendentales ausencias, mostrando un juego fluido en ataque y sin pasar mayores zozobras en el fondo, más allá de algunas esporádicos ataques del combinado africano.

Chile tuvo 45 minutos iniciales a puro toque y presión alta, ahogando en todo momento a su rival, que sólo aparecía en ataque más por distracciones defensivas de los hombres del fondo de la Roja que por ideas. El triángulo Vidal-Aránguiz-Díaz dominaba todos los aspectos del juego. Desde esa zona, el equipo de Pizzi gobernaba el partido, decidiendo cuándo, cómo y por dónde hacer daño. Las posibilidades de gol se multiplicaban a medida que transcurría ese primer lapso. Era cuestión de tiempo la apertura de la cuenta.

Y ésta llegó en el último suspiro del lapso inicial. O al menos eso creyó Chile. Porque Vidal inventó una habilitación milimétrica para Vargas, quien mano a mano definió por sobre el arquero Ondoa. Golazo. Celebración. Y de pronto, todo se apaga. Entra en escena el temido VAR para anular la jugada por fuera de juego del delantero. La polémica se instaló de inmediato en el estadio.

Desgraciadamente, Chile se atrapó con esa decisión del VAR. Le costó sacarse de encima esa jugada. Volvió al segundo tiempo pensando todavía en esa situación más que en repetir el libreto del primer tiempo. Entonces, el partido comenzó a equipararse. La Roja sólo se generaba chances de gol a través de balones detenidos y Camerún, con más espacios de maniobra, tomaba respiro con el balón.

Ni siquiera el ingreso de Sánchez le devolvió el fútbol. Chile parecía amarrado, además de cansado. Tantas ocasiones desperdiciadas en el primer tiempo parecían a esa altura una tortura. Tanto buscar, para seguir entrampado en un empate sin goles.

En esos pasajes de oscuridad, sólo un iluminado podía torcer el destino al que irremediablemente se conducía el partido. Entonces, cuando todos parecían agachar la cabeza, Vidal se empinó sobre todos en el área africana para aprovechar un centro del tocopillano desde la izquierda y clavar un cabezazo bajo. Ahora sí, golazo. Ni el VAR se podía entrometer en la legítima celebración chilena.
Vargas, sobre el final, decretaría el dos a cero, esta vez sí con la aprobación del VAR, luego de una falla clamorosa de Sánchez ante el arquero camerunés. Una victoria merecida, pero llena de tintes polémicos. Pero ni el VAR parece detener a un equipo que tiene a Vidal como la luz para conquistar Rusia.

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